En un contexto de cambio en los hábitos de consumo, los hogares argentinos están modificando sus preferencias de compra, con un claro desplazamiento hacia canales más convenientes y económicos, como los mayoristas y almacenes. Según un reciente informe del mercado, el 77% de los hogares compra en al menos cuatro canales distintos a lo largo del año, consolidando una tendencia creciente hacia la omni-canalidad.
Esta transformación refleja un consumidor cada vez más estratégico, que prioriza precio, variedad, promociones y medios de pago digitales por encima de la lealtad a los formatos tradicionales. Así, los supermercados e hipermercados pierden participación, mientras que los mayoristas y almacenes avanzan con propuestas de valor más alineadas a las necesidades actuales de las familias.

Uno de los factores clave de este cambio es la diferencia de precios: los mayoristas ofrecen productos hasta un 21% más accesibles que el canal moderno. A esto se suma la posibilidad de encontrar marcas que no están disponibles en los grandes supermercados, lo que fortalece la atracción de nuevos compradores.
Factores que interactuan con el consumidor
En términos de promociones, los mayoristas logran un equilibrio: el 25% del gasto se realiza bajo promoción, con un crecimiento del 8,8% en esos productos. Los almacenes, históricamente menos activos en este aspecto, también se suman a la tendencia con un 11% del gasto bajo promoción, marcando un giro en su propuesta comercial.
La diversificación de hábitos de compra también es notoria: ya no se limita la compra grande al mayorista ni la pequeña al comercio de cercanía. Por ejemplo, el 21% de las compras en almacenes son de gran volumen, al igual que el 63% en mayoristas. Estos canales están captando volumen desde formatos tradicionales como hipermercados (29%), autoservicios (36%) y tiendas de cercanía moderna (31%).

El éxito de estos nuevos formatos radica en factores como conveniencia, variedad, stock asegurado y precio competitivo. El precio sigue siendo el principal motivo de elección, pero se consolida la importancia de la variedad y la disponibilidad inmediata.
Además, se suma otro cambio estructural: la expansión de los medios de pago digitales. Las billeteras virtuales, antes dominadas por el canal moderno, hoy están plenamente adoptadas por mayoristas y almacenes, permitiendo un mayor acceso a promociones bancarias y facilitando la experiencia de compra.
El mercado minorista entra así en una etapa de reconfiguración de roles, donde cada canal debe buscar diferenciarse no solo por precio, sino por una propuesta integral de valor. La competencia en 2025 no será entre productos, sino entre experiencias de compra completas, donde el consumidor prueba, compara y migra con mayor libertad que nunca.
En este escenario, la clave para los distintos canales será adaptarse y evolucionar en función de lo que buscan los hogares argentinos: comodidad, ahorro, variedad y tecnología al servicio del consumo cotidiano.



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