En su primera reunión de consejo directivo en lo que va del año, la CGT anunció un nuevo paro general para el jueves 10 de abril y consistiría en un cese total de actividades por 24 horas. Un día antes, la central obrera se movilizaría a la Plaza del Congreso para apoyar el reclamo que todos los miércoles realiza la Mesa Coordinadora de Jubilados, integrada por 15 agrupaciones multipartidarias.
Héctor Daer, uno de los jefes del triunvirato de mando de la CGT, ratificó la decisión de romper la fugaz tregua que habían sellado con el Gobierno a cambio de que no se avance en el Congreso con la reforma del sistema sindical y mantener vigentes el cobro de cuotas solidarias, aportes extraordinarios y reelecciones indefinidas.
El enfrentamiento con la gestión libertaria se aceleró por la represión policial en la marcha de los jubilados de la semana pasada y a partir del endurecimiento oficial para convalidar paritarias por encima de la inflación.
En la cúpula de la CGT hay dirigentes que advierten sobre un “momento de debilidad” del Gobierno. Ya habían tomado nota de la importante convocatoria a la marcha en defensa de la diversidad sexual a la que llamaron los colectivos LGBT en enero, después del discurso presidencial en Davos desde donde Milei acusó a los homosexuales de pedófilos.
“Le entraron a Milei por primera vez las balas”, dijo un dirigente del ala dialoguista después de esa manifestación durante el verano.
Hace unos días, en una reunión de mesa chica, los popes sindicales evaluaron también el supuesto impacto negativo en la imagen presidencial del escándalo de la criptomoneda $LIBRA y de las primeras turbulencias económicas y cambiarias. Además, volvieron a encender alarmas sobre el estancamiento del empleo y de los salarios.



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