Al cumplirse 34 años del atentado contra la Embajada de Israel en Argentina, el Gobierno nacional encabezó este martes un acto conmemorativo en la ciudad de Buenos Aires, en una jornada atravesada por la memoria, el dolor y el persistente reclamo de justicia.
El ataque ocurrió el 17 de marzo de 1992, cuando un coche bomba explotó frente a la sede diplomática, provocando la destrucción total del edificio y dejando un saldo de 29 personas fallecidas y 242 heridas. El hecho marcó un punto de inflexión en la historia del terrorismo en el país.
Acto oficial y memoria colectiva
El acto central se desarrolló en el lugar donde ocurrió la explosión y fue encabezado por el presidente Javier Milei, junto a la secretaria general de la Presidencia Karina Milei y el canciller Pablo Quirno.
La conmemoración tuvo como eje mantener viva la memoria de las víctimas y renovar el reclamo de justicia en una causa que, pese al paso del tiempo, aún no tiene condenas firmes.

Un atentado con impacto internacional
La investigación del ataque determinó que fue perpetrado por la organización Hezbolá, en el marco de una operación con ramificaciones internacionales.
En ese sentido, un fallo judicial de abril de 2024 marcó un avance significativo al responsabilizar al Estado de Irán y a Hezbolá por la planificación y ejecución del atentado, reforzando una hipótesis sostenida durante décadas.
El antecedente de la AMIA
El atentado contra la Embajada de Israel fue además el antecedente directo del ataque a la AMIA, ocurrido el 18 de julio de 1994, también en Buenos Aires, donde murieron 85 personas y más de 300 resultaron heridas.
Ambos hechos consolidaron a la Argentina como escenario de dos de los atentados terroristas más graves fuera de Medio Oriente, con fuerte impacto político, social y judicial.
Una herida abierta

A más de tres décadas del ataque, la causa sigue siendo un símbolo de la lucha contra la impunidad y un recordatorio del alcance del terrorismo internacional.
Cada aniversario renueva el compromiso de las instituciones y de la sociedad con la memoria, la verdad y la justicia, en un caso que continúa siendo una herida abierta en la historia argentina.



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