A tres décadas del plebiscito de Corpus, la discusión sobre las represas volvió a escena con fuerza. En su exposición inicial en el programa La Última Rosca, el abogado y exdiputado Javier Mela planteó una mirada crítica sobre aquella decisión histórica, a la que consideró condicionada por el contexto de la época y por una dirigencia política que, según su visión, no estuvo a la altura del debate.
“El plebiscito se montó sobre una imagen de una geografía que ya no existe más”, afirmó, al referirse a una Yacyretá inconclusa y sin las obras complementarias que hoy —según destacó— cambiaron la fisonomía de ciudades como Posadas, Garupá y Candelaria. En esa línea, sostuvo que “la dirigencia política claudicó en uno de los elementos estratégicos más importantes que tiene la provincia, que es explotar sus recursos hídricos”, y vinculó aquella decisión con problemas actuales como la pobreza, la falta de desarrollo y la migración de jóvenes.
El exlegislador insistió en que la discusión energética es central para el futuro: “La energía es un bien caro y escaso”, remarcó, y advirtió que sin una base sólida es imposible pensar en crecimiento económico. Incluso apeló a la comparación regional: “Brasil tiene 160 emprendimientos hidroeléctricos”, señaló, cuestionando que Misiones no haya avanzado en esa dirección. Con ese marco, defendió la necesidad de reabrir el debate sobre Corpus y otros proyectos hidroeléctricos.

Pero el tono del programa cambió cuando se sumó al intercambio el activista ambiental Rulo Bregagnolo. A partir de ese momento, la conversación dejó de ser una exposición individual para transformarse en un duelo argumentativo directo, donde quedaron expuestas dos miradas profundamente contrapuestas sobre el desarrollo de la provincia.
Bregagnolo arrancó con un gesto de apertura, aunque marcando diferencias de fondo: “Todos queremos una provincia saludable, todos queremos el bienestar. El tema es cómo lo estamos queriendo lograr”. Desde allí, cuestionó el enfoque de las grandes represas como solución estructural y apuntó a una deuda histórica de la dirigencia: “Hace 30 años seguimos hablando de lo mismo”, lanzó, señalando la ausencia de una planificación energética sustentable.
El cruce se tensó rápidamente cuando el activista fue categórico: “No me vengan con el verso de que las represas son energía sustentable, porque no lo son”. Para Bregagnolo, los impactos ambientales y sociales de estos proyectos siguen siendo subestimados, y advirtió que la experiencia internacional y regional debería servir como advertencia más que como modelo.

Mela, lejos de ceder, respondió con una defensa enfática del modelo hidroeléctrico y volvió a interpelar a su contraparte: “¿Cómo nosotros vamos a desarrollar la provincia sin energía abundante y barata?”. En ese sentido, insistió en que la falta de infraestructura energética limita el crecimiento y empuja a los jóvenes a emigrar: “La falta de energía genera la imposibilidad de desarrollo económico que genera la expulsión de los jóvenes”.
Uno de los momentos más intensos del intercambio se dio cuando ambos confrontaron sobre el impacto real de las represas. Bregagnolo advirtió que las consecuencias van más allá de lo visible: “Los impactos de las represas no son solamente hasta donde llega el agua”, sostuvo, mencionando efectos sociales, económicos y ambientales en distintas escalas.
Además, cuestionó el beneficio directo para la provincia: “La represa de Corpus no va a resolver el problema de los misioneros porque la energía no está destinada ni siquiera para Misiones”, planteó, poniendo en duda el argumento del desarrollo local.

Mela, por su parte, contraatacó con una visión opuesta y hasta personalizó su postura: “Hoy estamos quemando gasoil… me siento un poco estafado”, expresó, al considerar que las alternativas propuestas por los sectores ambientalistas no se tradujeron en soluciones concretas en estos 30 años. En esa línea, defendió el potencial de Corpus como obra estratégica: “Es mentira que no le va a cambiar la fisonomía a la provincia”, aseguró.
El abogado también apeló a ejemplos concretos para reforzar su posición, como el impacto de Yacyretá en infraestructura vial: “La autovía salvó miles de vidas”, afirmó, cuestionando que esos beneficios no sean considerados en el análisis ambiental.
El debate escaló aún más cuando se discutió el modelo de desarrollo de fondo. Bregagnolo planteó que el problema no es solo energético, sino estructural: “Las represas no vienen a resolver los problemas si no existe una planificación de los gobiernos”, señaló, y defendió la necesidad de alternativas como energías renovables, eficiencia energética y mejoras en la distribución.
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Incluso fue más allá al cuestionar el paradigma productivo: “No deberíamos permitir que un metro de tierra quede bajo agua”, sostuvo, en defensa del territorio y la soberanía alimentaria.
Mela, en cambio, insistió en que el eje debe estar en el desarrollo económico: “Es imposible pensar en el desarrollo económico sin energía abundante y barata”, reiteró, y planteó que la provincia debe aprovechar sus recursos hídricos como lo hacen otros países de la región.
El intercambio también dejó momentos de fuerte confrontación discursiva. Mientras Mela habló de “terrorismo ecológico” y cuestionó a “pseudo ambientalistas”, Bregagnolo respondió con dureza: “No creo absolutamente nada de lo que me venga a decir alguien que defienda las represas”, evidenciando la profundidad de la grieta en torno al tema.
En el tramo final, ambos coincidieron —aunque desde perspectivas distintas— en la necesidad de abrir el debate a la sociedad. Bregagnolo propuso una discusión amplia y participativa: “Tenemos una gran oportunidad de generar un debate serio”, mientras que Mela reclamó avanzar hacia definiciones concretas: “Yo ya no quiero debatir más el pasado”.
A 30 años del plebiscito de Corpus, el cruce dejó en claro que la discusión está lejos de cerrarse. Por el contrario, la tensión entre desarrollo energético y sustentabilidad ambiental sigue marcando el pulso de una provincia que busca definir su futuro. Y en ese camino, el intercambio entre Mela y Bregagnolo expuso, con crudeza, que no se trata solo de una obra, sino de dos modelos de Misiones en disputa.
Se acabó la casta en Caraguatay: el 65% del combustible municipal se repartía entre el intendente y sus familiareshttps://t.co/jY83alAsgh pic.twitter.com/PTI5aBYbyE
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