La expansión de Vaca Muerta y los proyectos vinculados al petróleo y el gas concentran expectativas de inversión en Argentina, aunque desde el propio sector energético advierten que sus beneficios no se trasladarán automáticamente al conjunto de la economía. Así lo sostuvo Pedro Cascales, presidente de la Cámara de Empresas Argentinas de Gas Licuado (CEGLA), quien destacó el potencial de la actividad para generar demanda en otras industrias, pero señaló que la recuperación requiere el acompañamiento de distintos sectores.
“No creo que un solo sector –sea campo, minería, petróleo o gas– va a ser el que salve a la economía”, afirmó Cascales en diálogo con la Agencia Noticias Argentinas. Según explicó, el crecimiento energético puede impulsar a proveedores y pequeñas y medianas empresas mediante la contratación de bienes, servicios y obras de infraestructura vial, ferroviaria y de comunicaciones. Sin embargo, reconoció que todavía no existen estimaciones precisas sobre el alcance de ese efecto multiplicador.
En el caso del gas licuado de petróleo (GLP), CEGLA indicó que el producto abastece al 40% de la población argentina, lo que representa aproximadamente 20 millones de personas que lo utilizan para cocinar, calefaccionarse y calentar agua a través de garrafas, cilindros y tanques a granel.
El crecimiento energético contrasta con la caída de otros sectores
Los indicadores económicos reflejan una evolución desigual entre las actividades productivas. En agosto, la explotación de minas y canteras, que comprende petróleo y gas, registró un crecimiento interanual del 11,1%, mientras que la economía argentina cayó un 1,7%, de acuerdo con el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del INDEC.
Durante ese mismo período, la industria retrocedió un 3,2%, el comercio cayó un 3,5% y la construcción disminuyó un 2,5%. La tendencia también se observó en septiembre, cuando la producción minera avanzó un 7,1% interanual, frente a una contracción del 1,8% en la industria manufacturera.
Estos resultados muestran que el crecimiento de las actividades extractivas todavía no logra compensar el retroceso de otras ramas de la economía. Por ese motivo, Cascales consideró prematuro determinar cuánto del desarrollo energético podrá trasladarse al resto del entramado productivo.
Las inversiones continuarían pese al escenario electoral de 2027
Otro de los aspectos abordados por el titular de CEGLA fue la continuidad de los proyectos energéticos en los próximos años. Según su evaluación, las inversiones vinculadas al petróleo y al gas tienen plazos de ejecución prolongados y atraviesan distintos períodos de gobierno, por lo que no espera que el calendario electoral de 2027 provoque una paralización de las iniciativas.
“¿Se puede llegar a acelerar? Puede ser, pero dudo que se ralenticen”, sostuvo.
No obstante, advirtió que el desarrollo de grandes proyectos convive con una preocupación más inmediata: la evolución de la economía cotidiana y el impacto de la inflación sobre los ingresos de la población.
“La gran pregunta es cómo evoluciona la microeconomía, cómo evoluciona la economía en el bolsillo de la gente, y cómo lo percibe la gente en el día a día”, señaló.
En septiembre, la inflación fue del 1,9%, según el INDEC, mientras que los participantes del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyectaron un 1,8% para octubre. Para Cascales, la desaceleración inflacionaria enfrenta mayores dificultades después de la primera etapa de bajas más pronunciadas.
El financiamiento y los impuestos, entre las preocupaciones del sector
El costo del financiamiento también representa un condicionante para las inversiones energéticas. El riesgo país aumentó un 30% durante octubre y superó los 900 puntos básicos durante esta semana, un escenario que encarece el acceso al crédito internacional.
Cascales explicó que este indicador influye sobre los intereses adicionales que deben afrontar las empresas respecto de las tasas del Tesoro estadounidense. La situación adquiere mayor relevancia en una actividad que demanda importantes desembolsos y cuyos proyectos necesitan largos períodos para recuperar el capital invertido.
En ese sentido, remarcó que el “recupero se logra en décadas, ni siquiera en años”.
A las dificultades financieras se suman los reclamos por la presión impositiva y la falta de previsibilidad normativa. El empresario pidió medidas coordinadas entre el Gobierno nacional, las provincias y los municipios para evitar que los tributos y las exigencias burocráticas desalienten nuevas inversiones.
“Le pedimos que nos saque una mano de encima más que nos dé una mano”, expresó. Además, reclamó “que no nos cambien las reglas de juego, y que no nos pongan cargas impositivas o burocráticas que desalienten o directamente inviabilicen los negocios”.
La propuesta de crear un fondo anticíclico con los ingresos de Vaca Muerta
Entre las iniciativas planteadas por el representante empresarial aparece la creación de un fondo anticíclico financiado con una parte de los ingresos que genere Vaca Muerta para la Nación y las provincias.
La propuesta apunta a utilizar esos recursos para amortiguar los efectos de las fluctuaciones internacionales sobre los precios de la energía y sostener condiciones más estables para las industrias y los consumidores argentinos.
El objetivo, explicó Cascales, es que “tanto las industrias argentinas como los argentinos puedan mantener un cierto nivel de costo energético estable”.
También propuso destinar parte de esos fondos a reducir los impuestos que gravan los combustibles y la energía, al considerar que esos componentes inciden directamente sobre los costos de producción y el funcionamiento de la economía.
En definitiva, desde CEGLA consideran que el desarrollo de Vaca Muerta puede convertirse en un motor de inversiones y actividad productiva, pero advierten que su impacto dependerá también de las condiciones de financiamiento, la estabilidad normativa y la capacidad de reducir los costos que afectan a las empresas y los consumidores.



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