Un estudio de UNICEF, INTERPOL y ECPAT International reveló que el 18% de los adolescentes de entre 12 y 17 años que utilizan Internet en cuatro países de América Latina y el Caribe sufrió alguna forma de explotación o abuso sexual facilitado por la tecnología. La organización alertó sobre los riesgos de las redes sociales, la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento y el uso de inteligencia artificial.
Al menos 20 millones de niños, niñas y adolescentes de entre 12 y 17 años sufrieron alguna forma de explotación o abuso sexual facilitado por la tecnología en un período de un año, según una investigación internacional impulsada por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), en colaboración con INTERPOL y ECPAT International.
El relevamiento abarcó 21 países de distintas regiones del mundo y expuso la magnitud de una problemática que atraviesa tanto los espacios digitales como la vida cotidiana de las víctimas. En los cuatro países de América Latina y el Caribe incluidos en el estudio, el 18% de los adolescentes que utilizan Internet experimentó alguna de estas situaciones, una proporción cercana a uno de cada cinco.
La investigación, titulada Through Children’s Eyes: How Digital Technologies Enable Child Sexual Abuse (A través de los ojos de la infancia: cómo las tecnologías digitales facilitan el abuso sexual infantil), reúne testimonios de niños y adolescentes y datos de encuestas sobre las distintas formas de violencia sexual vinculadas con el uso de herramientas digitales.
Uno de los relatos corresponde a una joven de República Dominicana que sufrió la difusión de imágenes privadas sin su consentimiento cuando tenía 14 años. Al recordar lo ocurrido, expresó: “No sabía cómo reaccionar… Me quedé un poco conmocionada”.
Su testimonio refleja las consecuencias de una práctica que puede vulnerar la intimidad de las víctimas, afectar su bienestar emocional y generar secuelas que persisten a lo largo del tiempo.

Redes sociales, grooming e inteligencia artificial
El informe advierte sobre distintas modalidades de abuso y explotación sexual que afectan a la infancia y la adolescencia. Entre ellas se encuentran la exposición no deseada a imágenes o videos sexuales, las solicitudes de conversaciones de contenido sexual, la presión para compartir fotografías íntimas y la difusión de material privado sin autorización.
También identifica el grooming, que consiste en el acercamiento y la manipulación de menores con fines de abuso sexual; la sextorsión, basada en el chantaje sexual, y la creación de imágenes o videos sexuales falsos mediante inteligencia artificial.
Según Roberto Benes, director regional de UNICEF para América Latina y el Caribe, más de la mitad de los abusos registrados se produce en plataformas de redes sociales, entre ellas Facebook, Instagram, Snapchat, TikTok y WhatsApp.
El funcionario también señaló que los responsables no siempre son desconocidos. En numerosas ocasiones, las situaciones de abuso involucran a personas del entorno de la víctima, incluidos otros menores, parejas o familiares.
En ese sentido, Benes advirtió que las nuevas tecnologías plantean desafíos para las familias, los gobiernos y las empresas responsables de las plataformas digitales.
La inteligencia artificial suma otros riesgos. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) alertó que estas herramientas pueden utilizarse para estudiar el comportamiento, los intereses y el estado emocional de un niño con el objetivo de adaptar estrategias de manipulación.
Las víctimas muchas veces no cuentan lo que les pasó
Uno de los aspectos más preocupantes señalados por UNICEF es la falta de denuncias. Casi la mitad de los menores afectados no le contó a nadie lo sucedido, mientras que, según las cifras citadas por Benes, apenas el 1% llegó a comunicarse con las autoridades.
Este silencio dificulta conocer la dimensión real del problema y limita las posibilidades de que las víctimas reciban asistencia y protección.
El director regional de UNICEF advirtió que las experiencias de explotación y abuso sexual facilitadas por la tecnología pueden deteriorar profundamente la salud emocional de niños y adolescentes, afectar su percepción de seguridad y debilitar la confianza en otras personas.
Además, sostuvo que quienes atraviesan estas situaciones presentan niveles de ansiedad considerablemente más altos que otros niños.
Los testimonios recogidos en la investigación también reflejan el impacto psicológico de estas experiencias. Algunos participantes describieron haberse sentido “utilizados” o “sucios” después de sufrir abusos en entornos digitales.
La problemática también fue abordada en un informe de 2025 del Childlight Global Child Safety Institute, organismo independiente dedicado a recopilar información sobre la explotación y el abuso sexual infantil. De acuerdo con ese documento, los casos de abuso infantil facilitados por la tecnología registrados en Estados Unidos pasaron de 4.700 en 2023 a más de 67.000 en 2024.
Por su parte, Chris Sherwood, director ejecutivo de la Sociedad Nacional para la Prevención de la Crueldad contra los Niños (NSPCC), declaró a la BBC que cientos de niños buscaron ayuda durante el último año por experiencias de abuso sexual en línea relacionadas con aplicaciones y plataformas populares.
El directivo advirtió que estos delitos pueden provocar un profundo sufrimiento en las víctimas y sus familias, con consecuencias que pueden extenderse durante toda la vida.

Qué medidas proponen para proteger a niños y adolescentes
Ante el avance de estos riesgos, UNICEF elaboró la guía ¿Qué hacer ante los nuevos riesgos que presentan las tecnologías digitales para la infancia?, destinada a ayudar a los adultos responsables a reconocer situaciones de peligro y acompañar a los menores en el uso de Internet, los videojuegos y las redes sociales.
Entre las medidas propuestas, la organización plantea que las empresas tecnológicas desarrollen plataformas más seguras, refuercen la protección de los datos personales y establezcan mecanismos eficaces para denunciar situaciones de abuso.
A los gobiernos les corresponde garantizar sistemas confiables de denuncia y asistencia, además de invertir en servicios de protección para las víctimas.
Las familias, las escuelas y las comunidades también cumplen una función central. UNICEF destaca la importancia de escuchar a los niños y adolescentes, tomar en serio sus relatos y evitar culpabilizarlos cuando cuentan que atravesaron una situación de violencia.
Jóvenes reclaman mayor responsabilidad de las plataformas
La investigación también recoge las demandas de adolescentes que participan en el Consejo de Acción Adolescente y Juvenil de la Oficina Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe.
Sofía, una joven chilena que integra ese espacio, pidió un mayor compromiso de las empresas tecnológicas para garantizar la seguridad de los usuarios más jóvenes.
“Garantizar la seguridad de niños, niñas y jóvenes sería algo muy simple: sean conscientes de a quiénes les están dando el poder de las herramientas de la digitalidad”, expresó.
Entre sus propuestas, mencionó la implementación de edades mínimas, la verificación de identidad de los usuarios y la adaptación de las plataformas según las distintas etapas de desarrollo. También planteó la necesidad de que padres y tutores participen en el primer acercamiento de los menores al entorno digital.
Además, reclamó protocolos de emergencia claros y respuestas inmediatas ante situaciones de peligro.
Ismael, un joven panameño que también forma parte del consejo, puso el foco en la privacidad y la protección de los datos personales.
“Me gustaría tener la seguridad de que no están recopilando mi información y de que puedo navegar por redes sociales, puedo hablar con amigos, puedo buscar cosas en Internet sin sentirme acosado o que me están robando toda la información que se supone que es privada”, manifestó.
Frente a este escenario, Benes insistió en la necesidad de una respuesta conjunta para evitar que los niños y adolescentes crezcan expuestos a la ansiedad, la vergüenza y el miedo asociados con estas experiencias.
UNICEF sostiene que la protección de la infancia en Internet requiere el compromiso coordinado de las familias, las instituciones educativas, los gobiernos y las empresas tecnológicas, con entornos digitales más seguros y vías de asistencia accesibles para quienes sufren violencia.
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