En uno de los inviernos más fríos de las últimas tres décadas en Argentina, la sensación térmica se convierte en tema de conversación diaria. Pero, ¿es solo una percepción? ¿Por qué algunas personas parecen “no bancarse” el frío y otras lo sobrellevan mejor? La respuesta puede estar en el funcionamiento de la glándula tiroides.
“La tiroides regula muchas funciones del cuerpo y una de las más importantes es la temperatura corporal. Cuando hay una disfunción, la producción de calor puede verse alterada”, explicó la Dra. Verónica Ilera (MN 100104), médica endocrinóloga y miembro de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo (SAEM), durante una entrevista en el programa Arriba la Radio, emitido por Radio Up.
Hipotiroidismo: frío constante, manos heladas
El hipotiroidismo una de las alteraciones más frecuentes de esta glándula se caracteriza por una disminución en la producción de hormonas tiroideas. Estas hormonas regulan el metabolismo basal, es decir, el funcionamiento energético básico del cuerpo. Si ese metabolismo está enlentecido, también lo estará la generación de calor interno.
“Las personas con hipotiroidismo, sobre todo si no están bien medicadas, tienen una mayor percepción del frío porque su cuerpo produce menos calor”, advirtió Ilera. “Es una sensación real, no imaginaria”.

El extremo opuesto: el hipertiroidismo
En contraposición, quienes tienen hipertiroidismo (una tiroides que funciona en exceso) experimentan el efecto contrario. “Aumenta el metabolismo basal, sube la producción de calor y por eso estas personas suelen tener intolerancia al calor, sudan más y se sienten acaloradas”, señaló la especialista.
Más allá de la tiroides, hay otros aspectos fisiológicos y contextuales que pueden condicionar cómo sentimos el frío. Entre ellos:
Composición corporal: “El músculo genera calor y la grasa funciona como aislante. Por eso, quienes tienen más masa muscular suelen tolerar mejor el frío”.
Género: “En general, los hombres sienten menos frío que las mujeres porque tienen mayor masa muscular”.
Edad: “Los bebés y los adultos mayores tienen menos capacidad para regular la temperatura corporal y por eso necesitan mayores cuidados en invierno”.
Hormonas femeninas: “Durante el ciclo menstrual también cambia la percepción térmica. Después de la ovulación, por ejemplo, la progesterona sube la temperatura corporal”.
En palabras de Llera, muchas veces los síntomas tiroideos pueden confundirse con malestares estacionales. “El cansancio, los cambios de ánimo o el frío excesivo en manos y pies pueden ser signos de una disfunción tiroidea. Por eso es importante consultar al médico y realizar análisis de sangre”, recomendó.
Y aunque la medicación con hormona tiroidea suele ser crónica, no siempre es definitiva: “todo depende del tipo de hipotiroidismo y del seguimiento médico. En algunos casos, con controles adecuados, puede ajustarse o incluso suspenderse el tratamiento”, indicó la doctora.

Recomendaciones generales
La especialista aclara que no hay cuidados específicos para las personas con problemas de tiroides si están bien medicadas. Aun así, da algunos consejos útiles para sobrellevar mejor las bajas temperaturas:
Abrigarse adecuadamente.
Realizar actividad física moderada para activar el metabolismo.
Evitar la deshidratación y mantener una alimentación equilibrada.
Buscar ambientes cálidos y consumir infusiones calientes.
Finalmente, Llera insistió en no dejarse llevar por todo lo que circula en redes sociales: “muchas veces se difunden consejos sin base científica, incluso peligrosos. Ante cualquier duda, siempre hay que consultar con un profesional médico”.




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