En este día tan conmemorativo para los argentinos, cuando se recuerda a los héroes y caídos en la Guerra de Malvinas, las historias personales vuelven a cobrar fuerza. No solo las de quienes estuvieron en combate, sino también las de las familias que vivieron la guerra desde la angustia, la espera y el silencio.
En una entrevista en piso en el programa La Última Rosca, transmitido por Radio Up, Ramona León compartió el testimonio de su hermano, el sargento Martín León, excombatiente de Malvinas y reconstruyó cómo atravesaron aquellos meses marcados por la incertidumbre.
Ramona recordó que su hermano ingresó al servicio militar en 1981 y que, tras el estallido de la guerra en 1982, la familia quedó completamente incomunicada: “No sabíamos nada, ni una noticia. Mamá iba todos los días a ver si alguien le informaba algo, pero nadie le decía nada”.

El contexto no ayudaba la única fuente de información era la radio: “Escuchábamos todo el tiempo la radio. Decían ‘la guerra, la guerra’, pero no sabíamos realmente qué pasaba con él”.
La primera señal llegó recién el 27 de mayo, cuando recibieron una carta que cambió todo: “Leí la carta y decía: ‘mamá, papá, estoy acá en Isla Soledad’, ahí entendí y me desesperé”.
El miedo constante de la guerra Malvinas: escribir sin saber si estaba vivo
La familia recibió apenas cuatro cartas durante todo el conflicto. Cada una traía alivio, pero también un dolor difícil de explicar: “Empezábamos a escribirle y nos largábamos a llorar porque pensábamos: ¿y si ya no está más?”.
La incertidumbre marcó cada día: “No sabíamos si en ese momento estaba vivo o muerto. Eso era lo peor”.

El regreso: silencio, secuelas y una familia que sostuvo
Martín volvió el 9 de julio, de manera sorpresiva. Pero ya no era el mismo: “Se volvió un chico triste, pensativo. No dormía de noche, tenía pesadillas”.
La familia se organizó para cuidarlo: “Dormía de día y nosotros le cuidábamos. Nos turnábamos para estar con él”.
Con el tiempo, comenzaron a aparecer algunos relatos de lo vivido en las islas: “Una vez sintió un golpe y pensó ‘me dieron’. Pero era un compañero herido la herida parecía una rosa, decía”.
El dolor que también quedó en casa
Ramona también puso en palabras algo muchas veces invisibilizado: el sufrimiento de quienes esperaban en el continente: “Yo no podía dormir de noche, tenía pesadillas. Soñaba que lo traían en un camión del ejército” y remarcó: “Nosotros también sufrimos mucho. No es solo el que fue”.

Posguerra: abandono y reconocimiento tardío
Sobre el regreso a la vida cotidiana, fue contundente: “Olvido total. No le daban ningún beneficio, nada. Él siguió trabajando como si nada”. Aunque reconoce avances en los últimos años: “Ahora sí, por lo menos hay reconocimiento. Estamos conformes con eso”.
Memoria, identidad y un pedido claro
A más de cuatro décadas de la guerra, Ramona dejó un mensaje simple pero profundo sobre cómo le gustaría que recuerden a su hermano: “Que no se olviden que él fue y combatió por la patria”. Y reafirmó, con emoción: “Héroe de guerra, sí”.
Malvinas, una herida que sigue abierta, cada 2 de abril reactiva emociones difíciles de explicar: “Me pongo demasiado triste por todo lo que pasamos”.
Historias como la de la familia León reflejan que la Guerra de Malvinas no terminó en 1982. Sus consecuencias siguen vivas en la memoria, en los cuerpos y en las familias que, aún hoy, siguen pidiendo algo esencial: no olvidar.



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