La dinámica de los ríos de la región atraviesa un proceso de transformación cada vez más evidente. En el marco de un escenario marcado por la variabilidad climática y el cambio climático, especialistas advierten que las cuencas del nordeste argentino, especialmente la del río Uruguay, muestran señales de una mayor frecuencia de niveles extremos, tanto de aguas bajas como de aguas altas, reduciendo cada vez más los períodos de estabilidad.
El ingeniero Juan Borus, especialista del Instituto Nacional del Agua (INA), explicó, en diálogo con Radio Up, que la situación actual del Río Uruguay refleja una tendencia clara hacia niveles bajos, impulsada por un déficit de precipitaciones que afecta principalmente a la cuenca alta y media del sistema hídrico.
Según el especialista, el escenario contrasta con lo ocurrido durante el año pasado, cuando el comportamiento del río fue relativamente favorable y se mantuvo mayormente dentro de valores normales.
El río Uruguay muestra hoy la mayor tendencia a la baja
Borus señaló que la situación actual responde a un cambio en el régimen de lluvias que impacta directamente en la disponibilidad de agua.
“El año pasado fue razonablemente favorable para el río Uruguay porque tuvo una frecuencia de eventos de lluvia bastante cercana a lo normal en toda su cuenca. Eso permitió que el río se mantuviera prácticamente todo el tiempo en niveles medios, tanto en la cuenca alta como en la media y la baja”, explicó.
Sin embargo, el panorama cambió en los primeros meses de este año.
De acuerdo con los monitoreos hidrológicos, actualmente gran parte del río Uruguay se encuentra en niveles bajos, aunque todavía dentro de rangos acotados. La principal causa es la disminución de la actividad de lluvias en la cuenca, especialmente en la región que históricamente registra los mayores acumulados.
Esa zona corresponde al sur de Misiones y la cuenca misionero-brasileña del río Uruguay, considerada estadísticamente como una de las áreas con mayor volumen anual de precipitaciones dentro de la Cuenca del Plata.
“Esa región suele concentrar la mayor cantidad de lluvia a lo largo del año, pero en lo que va de este año está mostrando un comportamiento por debajo de lo normal y por ahora no hay señales claras de mejora”, advirtió Borus.

Impacto en el abastecimiento y en los recursos hídricos
La disminución de lluvias y de caudales tiene efectos directos en distintos usos del agua, desde la navegación hasta el abastecimiento urbano.
El especialista explicó que una de las primeras consecuencias es la reducción de los excedentes hídricos que alimentan los grandes ríos, lo que termina repercutiendo en toda la red fluvial de la región.
Sin embargo, señaló que en materia de abastecimiento de agua potable existe cierto grado de preparación a partir de lo aprendido durante las históricas bajantes registradas entre 2020 y 2021, cuando varios ríos del litoral alcanzaron niveles mínimos.
“Hoy lo veo con un poco más de optimismo porque muchas ciudades aprendieron de esa experiencia y mejoraron sus sistemas de captación o de gestión del recurso”, indicó.
La mayor preocupación: las ciudades del interior
Más allá de las ciudades ubicadas sobre los grandes ríos, Borus subrayó que el principal riesgo aparece en los núcleos urbanos alejados de los cursos fluviales principales.
En provincias como Misiones, muchos municipios del interior dependen en gran medida de fuentes de agua subterránea, especialmente en la zona del cordón central misionero.
Si el déficit de lluvias se intensificara, esas áreas podrían enfrentar situaciones similares a las registradas en 2021, cuando varias localidades del litoral tuvieron serias dificultades de acceso al agua.
Aunque por el momento los modelos climáticos no anticipan un agravamiento extremo en la Mesopotamia argentina, el especialista aclaró que la situación debe monitorearse permanentemente.
Cambio climático y ríos cada vez más variables
El análisis de las últimas décadas muestra una tendencia cada vez más clara hacia una mayor variabilidad climática en la región.
Borus explicó que los cambios comenzaron a evidenciarse con mayor fuerza desde comienzos de los años 2000, cuando la dinámica de lluvias y caudales empezó a mostrar comportamientos más irregulares.
“Las fluctuaciones del clima se volvieron mucho más dinámicas desde alrededor de 2002 o 2003. Eso nos obliga a aceptar que estamos frente a un escenario de cambio climático”, sostuvo.
En ese contexto, recordó que en años recientes se registraron situaciones extremas incluso dentro de un mismo período.
Por ejemplo, durante 2009 y 2019 se observaron episodios en los que los ríos pasaron de niveles muy bajos a crecidas importantes, o viceversa, en cuestión de meses.
Menos días de niveles normales y más extremos
Uno de los indicadores más claros de esta transformación es la disminución de los días en los que los ríos permanecen en niveles medios.
Históricamente, los registros hidrológicos de ciudades ribereñas mostraban una mayor estabilidad en los caudales. Sin embargo, en la actualidad esa situación está cambiando.
Según Borus, si se analizan las estadísticas de ciudades ribereñas como Puerto Iguazú, Posadas o El Soberbio, se observa una tendencia creciente hacia escenarios extremos.
“Cada vez es más probable que en un año tengamos menos días de aguas medias y más días de aguas extremas, ya sea de aguas bajas o de aguas altas”, explicó.
Este fenómeno obliga a replantear la planificación de infraestructura, sistemas de captación de agua y gestión urbana en las ciudades ribereñas.
La importancia de monitorear el clima día a día
Frente a esta nueva realidad, los especialistas recomiendan fortalecer la vigilancia meteorológica y el seguimiento de los sistemas de alerta.
Borus destacó el rol del Servicio Meteorológico Nacional, que cuenta con un sistema de alertas disponible públicamente en su página web para anticipar eventos climáticos intensos.
“Los eventos extremos tienen un desarrollo muy rápido. Por eso es importante que las ciudades consulten el sistema de alerta todos los días, incluso varias veces al día”, explicó.
Actualmente, la provincia de Misiones no presenta previsiones de lluvias significativas para los próximos días, lo que refuerza la tendencia de caudales bajos en varios ríos de la región.

Un nuevo escenario para la región
El diagnóstico de los especialistas es claro: más que acostumbrarse únicamente a bajantes, la región deberá adaptarse a una dinámica de fluctuaciones constantes.
La alternancia entre crecidas intensas y bajantes pronunciadas podría convertirse en un rasgo estructural de los ríos de la Cuenca del Plata, con impactos directos en el ambiente, la economía y la vida cotidiana de las ciudades ribereñas.
Para provincias como Misiones, donde gran parte de la población depende directa o indirectamente de los ríos, la gestión del agua y la adaptación climática aparecen como desafíos centrales para los próximos años.
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