Durante el sueño profundo, el cerebro activa un mecanismo clave para su funcionamiento: la eliminación de desechos acumulados durante el día. Este proceso ocurre principalmente en la fase no REM, cuando la actividad neuronal disminuye y permite el ingreso del líquido cefalorraquídeo (LCR) en forma de ondas que recorren el tejido cerebral.
Investigaciones lideradas por la neurocientífica Laura Lewis demostraron que este flujo no es aleatorio, sino que está sincronizado con la actividad eléctrica del cerebro y el movimiento de la sangre. Primero, las neuronas reducen su actividad, luego baja el flujo sanguíneo y finalmente el LCR ingresa, arrastrando toxinas y proteínas residuales.

Este sistema, conocido como sistema glinfático, funciona como una red de depuración que elimina sustancias potencialmente dañinas, entre ellas las asociadas a enfermedades como el Alzheimer.
Los científicos advierten que la calidad del sueño es fundamental para que este proceso sea eficiente. La disminución del sueño profundo frecuente con la edad o por malos hábitos puede afectar la limpieza cerebral y favorecer la acumulación de toxinas.

Aunque aún se necesitan más estudios, la evidencia actual refuerza una idea central: dormir bien no solo mejora el descanso, sino que también cumple una función vital en la protección del cerebro a largo plazo.



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