La situación de las pymes industriales argentinas volvió a deteriorarse durante el segundo trimestre de 2026. La caída de las ventas, la presión sobre los costos y el retroceso de la producción comenzaron a trasladarse con mayor intensidad a la cadena de pagos, mientras las empresas enfrentan además una pérdida de rentabilidad que condiciona sus posibilidades de inversión.
De acuerdo con los datos de la Fundación Observatorio Pyme (FOP), la producción industrial de las pequeñas y medianas empresas cayó 3,6% frente al primer trimestre y 11% interanual, en términos desestacionalizados. De esta manera, la actividad se ubicó en el nivel más bajo de los últimos siete años.
El deterioro también alcanzó al empleo. La cantidad de ocupados disminuyó 0,8% en términos desestacionalizados durante el trimestre y 4,5% respecto del segundo trimestre de 2025, con lo que acumuló 14 trimestres consecutivos de retroceso.
Pero uno de los datos que más preocupa es la evolución de los pagos: el 24% de las pymes industriales registró al menos un atraso en sus vencimientos entre abril y junio, casi el doble del 12% relevado durante el mismo período del año anterior.
La falta de ventas ya afecta al 81% de las pymes
La principal explicación del deterioro se encuentra en la persistente debilidad de la demanda interna.
La falta de ventas afecta al 81% de las pequeñas y medianas industrias y continúa siendo la principal preocupación de los empresarios. Al mismo tiempo, la tensión sobre la cadena de pagos escaló hasta convertirse en el segundo problema más mencionado por las compañías.
El fenómeno tiene un efecto circular: la menor cantidad de ventas reduce el ingreso de recursos, mientras que los mayores plazos de cobranza retrasan todavía más la llegada de fondos a las empresas.
En este contexto, las dificultades financieras comienzan a trasladarse hacia proveedores, bancos y organismos tributarios.
El 62% de las pymes tuvo que extender los plazos de cobranza
El impacto de la menor demanda quedó reflejado en los tiempos de cobro.
El 62% de las pymes encuestadas debió alargar los plazos de cobranza. Dentro de ese grupo, el 40,9% indicó que los tiempos fueron “levemente más largos”, mientras que el 21,7% señaló que fueron “significativamente más largos”.
En contraste, apenas el 4% de las empresas consiguió cobrar en plazos menores a los habituales.
El dato muestra que el problema no se limita a la cantidad de ventas realizadas, sino también a la velocidad con la que esas operaciones se convierten en liquidez disponible.
Para una pyme, una venta que se cobra más tarde significa mantener recursos inmovilizados durante más tiempo y disponer de menos dinero para afrontar gastos corrientes.

Se duplicaron los atrasos en los pagos
Del otro lado de la cadena, también aumentaron los incumplimientos.
Los atrasos en el pago de impuestos alcanzaron al 17,3% de las empresas, frente al 8,6% registrado en el tercer trimestre de 2025.
En el caso de los proveedores, la proporción pasó del 5,7% al 15,3%, mientras que los incumplimientos con bancos crecieron del 3,4% al 8,6%.
En términos generales, una de cada cuatro pymes industriales tuvo dificultades para cumplir al menos uno de sus vencimientos, cuando menos de un año atrás el problema alcanzaba aproximadamente a una de cada ocho.
La cadena de pagos, de esta manera, comienza a reflejar directamente el impacto de la contracción de la actividad.
Producción pyme: caída del 11% y mínimo en siete años
La tensión financiera se desarrolla en paralelo con una nueva caída de la producción.
Durante el segundo trimestre, la actividad industrial pyme retrocedió 3,6% respecto de los primeros tres meses del año y 11% interanual, siempre en términos desestacionalizados.
El resultado llevó a la producción a su nivel más bajo en siete años.
El impacto fue además más pronunciado entre las empresas pequeñas que entre las medianas, en un escenario en el que la menor demanda y la presión sobre los costos golpean con distinta intensidad según el tamaño de cada compañía.
La contracción productiva también tiene consecuencias sobre el empleo y sobre la capacidad futura de las empresas para sostener sus niveles de inversión.
El empleo pyme acumuló 14 trimestres consecutivos de caída
El mercado laboral industrial también continuó en retroceso.
La cantidad de ocupados cayó 0,8% durante el trimestre en términos desestacionalizados y 4,5% interanual.
Con este resultado, el empleo pyme acumuló 14 trimestres consecutivos de caída, una secuencia que evidencia la persistencia del deterioro.
La combinación entre menor producción y menor empleo configura un escenario complejo para las pequeñas y medianas industrias, que enfrentan una demanda insuficiente al mismo tiempo que deben sostener costos operativos y financieros crecientes.
Costos por encima de los precios y caída de la rentabilidad
La situación también impactó sobre los márgenes empresarios.
El 73% de las pymes encuestadas afirmó que sus costos aumentaron por encima de sus precios de venta, mientras que el 69% aseguró que su rentabilidad empeoró.
La combinación representa una de las principales amenazas para la sustentabilidad de las empresas: si los costos avanzan más rápido que los precios que pueden cobrar, los márgenes se reducen incluso cuando la compañía logra mantener cierto nivel de actividad.
La pérdida de rentabilidad también condiciona la capacidad de las pymes para invertir y renovar su estructura productiva.
Solo el 35% considera que es un buen momento para invertir
El deterioro de los márgenes se reflejó en las expectativas de inversión.
Durante el segundo trimestre, apenas el 35% de las empresas consideró que era un buen momento para invertir en maquinaria y equipos.
El porcentaje representó una caída de un punto frente al primer trimestre y quedó nueve puntos por debajo del 44% registrado dos años atrás.
La diferencia es aún mayor según la evolución de la rentabilidad. Entre las empresas que mejoraron sus márgenes, el 57,7% considera que es un buen momento para invertir, mientras que entre aquellas cuyos márgenes se deterioraron el porcentaje baja al 26,8%.
Además, las inversiones dependen cada vez más de fondos propios y de la reinversión de utilidades. Esto genera un riesgo hacia adelante: si la erosión de los márgenes se prolonga, las empresas pueden perder capacidad para financiar inversiones destinadas a sostener o ampliar su producción.
Mejoraron las expectativas, aunque todavía permanecen en terreno pesimista
A pesar del deterioro de los principales indicadores, las expectativas empresariales mostraron cierta recuperación.
El Índice de Confianza Empresarial PyME (ICE) avanzó hasta los 43 puntos, desde los 40 registrados durante el primer trimestre.
Sin embargo, el indicador todavía se encuentra por debajo de los 50 puntos, nivel que separa una percepción pesimista de una optimista.
También mejoró el PMI, indicador utilizado para anticipar la evolución del ciclo de actividad. El índice pasó de 34 a 44 puntos.
Aunque la mejora fue significativa, el PMI todavía permaneció en terreno contractivo y ligeramente por debajo del nivel registrado un año atrás. Según explicó la Fundación Observatorio Pyme, el resultado estuvo influido por un componente estacional.
Las pymes reclaman alivio tributario
Frente a las dificultades financieras y la presión sobre los márgenes, las empresas volvieron a poner el foco en la carga tributaria.
El 32,8% de las pymes señaló como prioridad reducir las alícuotas de Ingresos Brutos, mientras que el 29,7% reclamó una reducción de las contribuciones patronales.
Ingresos Brutos aparece como el tributo que más afecta la operatoria de las empresas, seguido por las tasas municipales, el impuesto al cheque y las contribuciones patronales.
Para las pymes, una reducción de la presión tributaria permitiría liberar recursos en un momento en el que la liquidez se convirtió en un factor cada vez más determinante para sostener la actividad.
La apertura de importaciones agrega presión sobre la producción local
A la debilidad de la demanda interna se suma otro factor: el aumento de la competencia de productos e insumos provenientes del exterior.
El 47% de las firmas manifestó preocupación por el avance de las importaciones, especialmente por el impacto que pueden generar sobre determinados sectores de la producción nacional.
La apertura comercial también comenzó a modificar las estrategias empresariales. El 25% de las pymes sustituyó insumos nacionales o parte de su propia producción por bienes finales o intermedios importados.
A su vez, otro 15% incorporó productos terminados provenientes del exterior para complementar su oferta.
El fenómeno muestra que las empresas no solamente enfrentan la competencia importada, sino que algunas comenzaron a incorporarla a sus propias estrategias para mantener o ampliar su oferta.

Las pymes reclaman mayor participación en el RIGI
En paralelo con el pedido de alivio tributario, las pequeñas y medianas industrias plantean una mayor participación en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
El reclamo apunta a que las empresas locales puedan aprovechar en mayor medida los proyectos que reciben beneficios fiscales dentro del régimen.
Actualmente, apenas el 1,5% de las pequeñas y medianas empresas participa como proveedor directo en proyectos adheridos al RIGI, mientras que el 3,2% lo hace indirectamente a través de otras compañías.
Para el entramado pyme, una mayor integración a esos proyectos podría representar una oportunidad para ampliar mercados y vincularse con nuevas inversiones, especialmente si se generan cadenas de proveedores locales.
Un escenario de tensión para las pequeñas y medianas industrias
Los datos del segundo trimestre de 2026 muestran una situación compleja para las pymes industriales. La producción cayó 11% interanual y alcanzó su nivel más bajo en siete años, mientras que el empleo retrocedió 4,5% y acumuló 14 trimestres consecutivos de caída.
Al mismo tiempo, la pérdida de ventas ya tiene un efecto directo sobre las finanzas empresariales: el 81% de las pymes señala la falta de ventas como un problema, el 62% tuvo que extender los plazos de cobranza y el 24% registró atrasos en sus pagos.
La presión se completa con el deterioro de los márgenes: el 73% indicó que los costos crecieron por encima de sus precios de venta y el 69% afirmó que su rentabilidad empeoró.
Si bien las expectativas empresarias y los indicadores anticipados mostraron cierta recuperación, todavía permanecen por debajo de los niveles que reflejarían un escenario de expansión.
El panorama deja así una tensión central para el sector: las pymes necesitan recuperar ventas y producción para recomponer su liquidez, pero al mismo tiempo enfrentan mayores costos, presión tributaria, dificultades para cobrar y una competencia importada creciente.
La evolución de la cadena de pagos, la rentabilidad y la inversión será determinante para saber si la mejora de las expectativas puede transformarse en una recuperación efectiva de la actividad industrial durante los próximos trimestres.
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