Mañana de por medio, Valeria Yeza se levanta, toma sus repasadores, manteles y vestidos bordados y viaja desde Candelaria hasta el centro de Posadas para ofrecer sus productos. A sus 79 años, esta jubilada convirtió la costura en una rutina que combina necesidad, gusto y resistencia. “Hace muchos años que tejo y vendo mis cositos. Ahora estoy en la plaza por la necesidad”, explicó a Radio UP.
La artesana no elige un solo punto de venta. Se instala en la plaza del centro capitalino cuando puede, participa de la feria municipal de Candelaria y alguna vez probó suerte en la costanera. “La venta está floja estos días”, admitió Yeza, mientras ofrece sus productos que van desde los 5 mil hasta los 8 mil pesos, aunque también tiene opciones más económicas para quienes no pueden pagar tanto.
Además de los repasadores y manteles, Valeria borda vestimenta para muñecas y acepta trabajos por encargo. El hilo y la tela se transforman en sus manos en pequeños sustentos que se suman a una jubilación que, según contó, “alcanza para poco”. Por eso mismo, cada viaje a Posadas tiene doble propósito vender y aprovechar para comprar los remedios que tanto pesan en el presupuesto familiar.
En su casa la espera su esposo, un hombre con problemas de salud que aún sale a hacer changas vinculadas al hierro y la metalurgia. No es un lujo ni una elección. “Cuando no vendo, me divierto compartiendo con gente buena que cruza”, confesó Valeria, pero detrás de esa frase se esconde una realidad más dura la de una familia que combina dos jubilaciones precarias con trabajos informales para llegar a fin de mes.
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Valeria Yeza borda repasadores a los 79 años no por hobbie sino por supervivencia. Viaja desde Candelaria, carga sus productos, se instala en la plaza y espera que alguien compre. Detrás de cada mantel tejido a mano hay una historia de esfuerzo silencioso, de una jubilación que no alcanza, de un esposo enfermo que aún trabaja y de medicamentos que no esperan. “Animo a la gente que venga a ver los productos artesanales y también a brindarme una gran ayuda”, pidió al cierre, con la misma dignidad con la que teje cada puntada.



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