En una entrevista en “Arriba la radio”, por Radio Up, el empresario Carlos María Beigbeder describió un panorama crítico para la cadena de pagos en Misiones. Según explicó, el deterioro financiero que se profundizó en los últimos meses genera una inquietud creciente respecto de la capacidad de muchas empresas para afrontar sueldos y el aguinaldo.
“Hay muy poca plata en la calle” y el comercio quedó con estructuras “muy grandes” tras el freno de la venta de frontera, señaló. Ese cóctel —ventas bajas, costos fijos elevados y financiamiento caro— hace que muchos comercios transiten el cierre del año con una fragilidad inédita desde la pospandemia.

Cheques rechazados y descubiertos: señales de un sistema al límite
Beigbeder describió lo que ocurre hoy en la cadena de pagos: aumentan los cheques rechazados; crecen los descubiertos bancarios; y se acumulan deudas que antes podían cubrirse con el movimiento fronterizo. “Muchos negocios estaban apalancados en la venta de frontera”, explicó. Al cortarse ese flujo, quedaron expuestos a costos que ya no pueden sostener con las ventas actuales.
Este fenómeno —que comenzó a notarse a mitad de año— se aceleró con la caída del poder adquisitivo y la retracción del consumo. Hoy, para una parte del comercio, cubrir los gastos mensuales implica llegar con lo justo o directamente no llegar. Y en ese escenario, advierten, el pago del aguinaldo podría volverse un desafío mayor.

Tasas por encima de la inflación: el crédito dejó de ser una opción
Uno de los factores que agravó la situación es el costo del financiamiento. Beigbeder señaló que las tasas del sistema financiero, si bien bajaron algo, siguen muchas veces por encima de la inflación, lo que vuelve poco atractivo tomar crédito o sostener un descubierto.
“Es poco atractivo endeudarse”, dijo, porque ningún negocio quiere pagar intereses que luego no puede trasladar a precios. Sin financiamiento accesible, cubrir sueldos, medio aguinaldo o pagos extraordinarios se vuelve un desafío mayor.
Los comercios que deben recurrir al descubierto lo hacen “a costa de tasas muy altas”, que corroen aún más su capacidad operativa.
Comparación con 2001: lejos del abismo, pero no de la preocupación
Ante la consulta sobre si este escenario se parece al colapso de 2001, Beigbeder fue claro:
“Estamos lejos del 2001. Eso no quiere decir que estemos fantásticos. La situación es compleja, sólo que diferente”.
La diferencia radica en que no hay un derrumbe del sistema financiero, pero sí una caída persistente de la rentabilidad, un encarecimiento del crédito y una pérdida de poder de compra que desbalancea toda la cadena.
La tensión no es explosiva, pero sí constante y sostenida. Y ese desgaste, advierten empresarios, puede impedir el pago en tiempo y forma de salarios y aguinaldos entre diciembre y enero.

El costo laboral: el mayor desafío para las empresas
Beigbeder reafirmó que el costo número uno es el personal, y que ese rubro supera en la mayoría de los casos a servicios, alquileres o combustibles.
En un contexto de ventas deprimidas, afrontar el pago del medio aguinaldo implica —para muchas empresas— buscar financiamiento, negociar plazos o diferir pagos de proveedores. Pero, con tasas tan elevadas y líneas de crédito casi inexistentes, esa alternativa se vuelve riesgosa.
El costo laboral mensual ya es un desafío; duplicarlo en diciembre o enero se vuelve, para varios comercios, directamente imposible sin asistencia financiera.
Tarjetas al límite: consumidores endeudados, comercios que venden menos
Beigbeder también describió un fenómeno creciente: el sobreendeudamiento por tarjeta de crédito. “Hay clientes y colegas que pagan solo el mínimo hace meses”, dijo, y advirtió que las tarjetas se convierten en un “cuchillo de doble filo” del que cuesta salir.
Ese endeudamiento masivo tiene dos efectos concretos: el consumidor compra menos, porque ya no tiene límite disponible. Y el comercio cobra más tarde, debido a los plazos y comisiones de las ventas con tarjeta. La ecuación es desfavorable y profundiza la fragilidad de la cadena de pagos.

Compras esenciales en cuotas: un signo inequívoco del deterioro
Para ilustrar la pérdida del poder adquisitivo, Beigbeder relató una imagen que hoy es cotidiana: “La gente va al supermercado y compra el pollo de la cena en tres o seis cuotas”.
Ese comportamiento, dijo, muestra que la estabilidad de ingresos es tan baja que incluso los consumos más básicos se financian. Para los comercios, esto implica que la entrada de dinero es más lenta y menos predecible, complicando aún más el cumplimiento de obligaciones laborales.
Sueldos y aguinaldo: ¿puede quebrarse la cadena?
Con empresas sin margen, consumidores endeudados y financiamiento caro, diciembre y enero aparecen como meses críticos.
El riesgo principal: que la tensión de la cadena de pagos impida el pago puntual de salarios y aguinaldos en una franja del comercio local.
Beigbeder lo sintetizó con crudeza y realismo: la situación es compleja, las obligaciones siguen creciendo y las ventas no acompañan.
Aun así, su mensaje final tuvo un tono de resistencia: “Nos levantamos temprano, venimos a trabajar. No queda otro camino”.



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