n una entrevista exclusiva brindada en el programa “Arriba la radio”, por Radio Up, desde Jardín América, Pauli Pisak rompió el silencio tras 22 años de lucha judicial y confirmó un nuevo fallo a su favor en una causa por violencia obstétrica que conmocionó a Misiones.
“Justicia lenta no es justicia”, afirmó al inicio de su testimonio, en el que detalló un proceso marcado por irregularidades, pérdida de expedientes y peritajes contradictorios. “Se cumplen ahora en noviembre 22 años, es difícil asimilar”, expresó conmovida, al tiempo que remarcó que el reciente fallo “es un reconocimiento clave tras años de desgaste emocional y burocrático”.
Pisak explicó que la resolución aún no está firme, ya que existe la posibilidad de un recurso extraordinario por parte de las contrapartes. “Tengo esos días para saber si queda firme o si vuelven a apelar”, sostuvo.

Violencia obstétrica, mala praxis y un sistema que naturalizó el daño
La abogada definió su caso como un ejemplo de “violencia obstétrica sumada a mala praxis médica”, al denunciar que sufrió una negligencia anestésica que derivó en la perforación de la médula. “Hablaron con tecnicismos, pero lo que hubo fue una negligencia”, afirmó.
Además, sostuvo que durante años este tipo de situaciones fueron naturalizadas dentro del sistema de salud. “Uno creía que esto era parte del proceso”, señaló, al tiempo que advirtió que aún hoy muchas experiencias similares permanecen invisibilizadas o minimizadas.
Un fallo con impacto histórico
Para Pisak, el fallo representa “un precedente histórico” en el país. Según explicó, por primera vez en una causa civil por daños se incorpora la perspectiva de género y se reconoce la violencia obstétrica dentro del análisis judicial.
“Es la primera vez que se habla de violencia obstétrica en una demanda civil”, destacó, al tiempo que consideró que la sentencia abre camino para que otras mujeres puedan denunciar.

De víctima a abogada: una transformación forzada
“Yo solo quería ser mamá, no activista”, resumió al explicar cómo su vida cambió tras el hecho. A partir de su experiencia, decidió estudiar Derecho con el objetivo de acompañar a otras mujeres.
“No era suficiente acompañar desde lo social, necesitaban respaldo legal”, explicó. Así, transformó su historia en una herramienta de lucha colectiva y reparación personal.
Secuelas físicas irreversibles
El impacto de la mala praxis fue devastador. Pisak relató que despertó en terapia intensiva con paraplejia, parálisis facial, pérdida de audición y afectación visual.
Con el tiempo, logró cierta recuperación motriz, aunque hoy convive con paraparesia espástica y dolor neuropático constante. “Es una lucha diaria desde que me levanto”, afirmó.
La pérdida auditiva, en tanto, es irreversible. “No escucho absolutamente nada”, explicó. A pesar de ello, remarcó: “Estoy viva, creo que algún sentido tiene haber sobrevivido”.

Un sistema de salud con deudas pendientes
Pisak aseguró que hubo avances mínimos en el abordaje de la violencia obstétrica, pero insistió en la necesidad de un cambio de paradigma en los profesionales de salud.
Denunció prácticas frecuentes como la subestimación del dolor y el envío de pacientes a sus casas sin atención adecuada. “Las mujeres llegan y les dicen que vuelvan mañana, y ahí ocurren tragedias”, advirtió.
También señaló la falta de infraestructura y profesionales en el interior, lo que obliga a muchas mujeres a trasladarse largas distancias para acceder a una cesárea.

Empoderamiento y redes de contención
En paralelo, destacó que hoy las mujeres están más informadas y exigen partos respetados, aunque reconoció que la carga sigue recayendo sobre ellas. “Es horrible tener que decir que tienen que pelear por ser atendidas”, sostuvo.
Finalmente, valoró el rol de las redes de apoyo. “Tengo una tribu que me sostuvo 22 años”, afirmó, en referencia al acompañamiento feminista, familiar y social que la sostuvo durante el proceso.



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