Tres de los implicados en el brutal asesinato de Uma Aguilera, la niña de 9 años que murió durante un intento de robo en Villa Centenario, fueron condenados a prisión perpetua este miércoles por el Tribunal Oral en lo Criminal N°3 de Lomas de Zamora. Se trata de Ariel Acuña Vega, Axel Emiliano “Pelusa” Rojas y Miguel Pastor “Patoto” Romero Molinas, quienes fueron encontrados culpables de robo calificado con arma de fuego y homicidio agravado, con la participación de un menor.
Perpetua para tres de los cuatro acusados por el asesinato
El cuarto acusado, Nahuel Santiago Coman, fue condenado a 5 años de prisión por ser partícipe secundario del hecho y quedó detenido de inmediato, según ordenó el tribunal.
Durante el juicio, la fiscal Viviana Giorgi había solicitado la pena máxima para tres de los imputados y 14 años de prisión para Coman, por su rol en el robo que terminó en tragedia. Los abogados querellantes coincidieron con ese pedido: “todos los imputados han sido dueños del dolo de matar”, manifestaron.

Por su parte, las defensas intentaron evitar la aplicación del artículo 80 del Código Penal (homicidio intercriminis), pero el tribunal no dio lugar a ese planteo y dictó la condena más severa.
Un juicio aún pendiente
Queda aún pendiente un segundo juicio, que tendrá lugar desde el 12 de agosto en el Juzgado de Responsabilidad Juvenil N°2 de Lomas de Zamora, contra Guillermo “Paraguayo” Romero Molinas, quien al momento del crimen tenía 17 años.

El dolor de una familia y la lucha por justicia
Eduardo Aguilera, padre de Uma y custodio de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, fue asaltado junto a su familia el 22 de enero de 2024 cuando salían de su casa para acudir a un turno médico. Durante el intento de robo, los delincuentes dispararon. Uma recibió un tiro en la cabeza.
La niña fue trasladada al Hospital Churruca, donde murió horas más tarde, a pesar de los esfuerzos médicos. Desde entonces, su familia —ambos padres pertenecientes a la Policía Federal— se volcó a una lucha incansable por obtener justicia.
“Nada nos devuelve a la nena, pero creemos que a partir de ahora los asesinos empiezan a pagar por su vida”, dijo Aguilera tras conocer el veredicto.
INFOBAE Se negaron a declarar dos de los detenidos por el crimen de Uma Aguilera: Axel Emiliano “Pelusa” Rojas (20) y Miguel Pastor “Patoto” Romero Molinas (20), acusados por el asesinato de Uma Aguilera, la hija de 9 años de uno de los custodios de… https://t.co/tgOojE0SBT pic.twitter.com/vtTMx7fxRG
— Diario Villaguay (@DiarioVillaguay) January 26, 2024
Su madre, María Eugenia Rodríguez, también oficial, sostuvo con dolor: “siento que Uma puede empezar a descansar en paz. Esta condena ayuda a que estos individuos no estén libres destruyendo más familias”.
Recordó a su hija como “una niña dulce, cariñosa, super divertida, que amaba jugar al handball, practicar taekwondo, estudiar inglés y esperaba con ilusión a Papá Noel y los Reyes Magos”.

“Como familia peleamos para que tenga Justicia porque es lo último que podíamos regalarle, ya que no habrá más regalos de cumpleaños”, expresó.
Repercusión nacional
La condena también tuvo repercusión en la esfera política. La ministra Patricia Bullrich compartió en su cuenta de X una foto junto a los padres de Uma y celebró la sentencia: “los asesinos de Uma fueron condenados a perpetua. Nunca más van a salir. Nunca más van a dañar a nadie”.
Los asesinos de Uma fueron condenados a perpetua. Nunca más van a salir. Nunca más van a dañar a nadie.
Uma era la hija de Eduardo Aguilera, policía federal de mi custodia, y de María Eugenia, también de las fuerzas. Una chiquita de 9 años con toda la vida por delante.
La… pic.twitter.com/BzvWSYd3Yd
— Patricia Bullrich (@PatoBullrich) June 18, 2025
La historia de Uma conmovió al país entero. Su muerte, injusta y cruel, caló hondo en el corazón de una sociedad que aún se estremece ante crímenes de esta magnitud, especialmente cuando la víctima es una niña de apenas 9 años con toda una vida por delante.
Hoy, su familia, aunque devastada por la pérdida irreparable, comienza a ver la justicia como un acto de reparación simbólica, un pequeño alivio en medio del inmenso vacío.



//



