La Estación Espacial Internacional (EEI) vivió este viernes uno de los momentos más delicados de los últimos años luego de que la NASA ordenara a parte de la tripulación refugiarse en una nave de emergencia ante el agravamiento de una fuga de aire detectada en el segmento ruso de la estación.
La NASA activó un operativo de emergencia tras detectar una fuga de aire en órbita
La alerta se activó tras registrarse un aumento significativo en la pérdida de presión dentro del módulo Zvezda, una de las estructuras más antiguas del complejo orbital. Como medida preventiva, la NASA instruyó a los astronautas estadounidenses y europeos a trasladarse a la cápsula Crew Dragon de SpaceX y prepararse para una eventual evacuación si la situación empeoraba.

El problema se localizó en el túnel de transferencia PrK, un compartimiento que conecta el módulo ruso con los puertos de acoplamiento de naves de carga. Según fuentes de la agencia espacial estadounidense, la pérdida de aire se duplicó en apenas unos días, pasando de una a dos libras por día, lo que encendió las alarmas entre los equipos de control en Tierra.
La decisión fue coordinada entre la NASA y la agencia espacial rusa Roscosmos, que tiene a su cargo el mantenimiento del sector afectado. Aunque las grietas en esta zona son conocidas desde hace varios años y han sido objeto de reparaciones periódicas, el incremento de la fuga obligó a aplicar protocolos de seguridad excepcionales.

Durante varias horas, los astronautas permanecieron en estado de alerta dentro de la nave Crew Dragon, considerada el lugar más seguro de la estación en caso de una evacuación inmediata. Allí aguardaron mientras los especialistas rusos realizaban tareas de sellado y reparación de los puntos de fuga detectados.
Finalmente, Roscosmos informó que uno de los sectores dañados había sido reparado con éxito y que no existía riesgo para la tripulación. Tras evaluar los resultados, la NASA levantó la alerta y autorizó a los astronautas a retomar sus actividades habituales.
Sin embargo, el incidente volvió a poner en evidencia los desafíos que enfrenta la Estación Espacial Internacional después de más de dos décadas de funcionamiento continuo en órbita. La plataforma, considerada uno de los mayores proyectos de cooperación científica internacional de la historia, muestra señales de desgaste que obligan a un monitoreo permanente y a complejas tareas de mantenimiento.

La EEI alberga actualmente investigaciones vinculadas a la medicina, la producción de alimentos en el espacio, la biología y el desarrollo de tecnologías para futuras misiones a la Luna y Marte. Por ese motivo, cualquier incidente relacionado con su infraestructura genera preocupación entre las agencias espaciales que participan del programa.
Aunque la emergencia fue controlada sin consecuencias para los astronautas, el episodio dejó en claro la fragilidad de las operaciones en el espacio y la importancia de contar con sistemas de respuesta rápida ante cualquier anomalía. También reabrió el debate sobre el futuro de la estación y la necesidad de avanzar hacia una nueva generación de laboratorios orbitales capaces de reemplazar una infraestructura que ya supera los veinte años de servicio.



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