La provincia encabeza las cifras de muertes por siniestros viales en el país. Según el informe de la Agencia Atenas, hay 15,5 fallecidos cada 100.000 habitantes. La especialista Estefanía Casadei advirtió en Radio Up sobre la falta de políticas sostenidas y la urgencia de una educación vial real.
El fin de semana volvió a dejar una marca imborrable en las rutas misioneras: nueve personas murieron en un solo siniestro vial. El impacto del caso sacudió a la opinión pública, pero las cifras ya venían advirtiendo lo que muchos prefieren no mirar: Misiones lidera el ranking nacional de mortalidad vial, con un índice que crece año tras año y que supera ampliamente la media del país.
Según el último informe elaborado por la Agencia Atenas, la provincia registra 15,5 muertes cada 100.000 habitantes por siniestros viales, frente a un promedio nacional de 10. En los primeros seis meses de 2025 se contabilizaron más de 100 víctimas fatales, lo que representa un 43% más que el mismo período del año anterior.
Las cifras son estremecedoras y, sin embargo, parecen no conmover lo suficiente.

“Misiones hoy encabeza el ranking de mortalidad vial en el país. Es muy triste, no solo porque el número sigue alto, sino porque ha empeorado”, señaló en diálogo con Radio Up la Licenciada Estefanía Casadei, politóloga y especialista en políticas públicas de Agencia Atenas, una consultora que analiza datos y tendencias sociales a nivel regional.
Casadei no duda en afirmar que la inseguridad vial debería ser tratada con la misma prioridad que la salud pública, porque la cantidad de muertes que provoca “es equivalente a la de muchas enfermedades que sí ocupan un lugar central en la agenda del Estado”.
Un problema de salud pública sin política sostenida
Cada día que pasa, el tránsito en las calles y rutas misioneras deja nuevas víctimas. Pero más allá de la conmoción que genera cada tragedia, no existe un plan integral de seguridad vial que articule prevención, control, educación y planificación urbana.
Lo que hay, según Casadei, son medidas aisladas, reactivas, muchas veces impulsadas por la emoción del momento.
“Estamos acostumbrados a que el tema vuelva a hablarse cuando sucede un hecho grave, pero luego desaparece hasta la próxima tragedia. Lo que hace falta es lo contrario: continuidad, planificación y decisión política. No se puede seguir actuando por espasmos”, explicó la especialista.
Para Casadei, la clave está en basar las decisiones en datos concretos, con políticas públicas de largo plazo que no dependan de un cambio de gobierno o de la coyuntura. “Los datos están. Lo que falta es la voluntad de actuar en consecuencia”, remarcó.

Misiones, récord en muertes viales: la realidad detrás de los números
Los números revelan una tendencia alarmante. En un solo año, Misiones pasó de 13,3 a 15,5 muertes cada 100.000 habitantes. Un salto que la coloca al tope del ranking nacional.
La mayoría de las víctimas son jóvenes motociclistas, en su mayoría hombres, que circulan en zonas urbanas o periurbanas. Las causas se repiten: exceso de velocidad, conducción temeraria, consumo de alcohol y la falta de uso del casco.
“Los resultados están a la vista —aseguró Casadei—. La actitud del conductor misionero refleja una falta de responsabilidad social. No se trata solo de imprudencia individual, sino de una cultura vial permisiva, donde el riesgo está naturalizado.”
En redes sociales, abundan videos de jóvenes haciendo “wheelies”, picadas o maniobras peligrosas, muchas veces sin casco. “Mientras esas conductas sigan siendo celebradas y no condenadas, será muy difícil cambiar. Tenemos que poner de moda la vida, no la imprudencia”, agregó.
El rol del Estado: de los radares a la ley de alcohol cero
La reciente decisión del Consejo de Seguridad Vial de colocar más radares en puntos donde ocurrieron siniestros fatales es vista por Casadei como un paso necesario, aunque insuficiente.
“En sociedades poco apegadas a la norma, los controles sirven. No porque pensemos en proteger la vida, sino por miedo a la multa. Por eso los radares y los controles móviles ayudan, pero no pueden ser la única política”, explicó.
La especialista subrayó que los controles deben ser permanentes y dinámicos, no fijos, para que los conductores internalicen el respeto por las normas como parte de su conducta habitual.
Una de las medidas más urgentes, según Casadei, es la aprobación de la ley de alcohol cero al volante en toda la provincia, una iniciativa que hoy “duerme en los cajones de la Legislatura”.
“El alcohol está presente en uno de cada dos siniestros con víctimas fatales. Es más claro imposible. Por eso el alcohol cero debería ser ley nacional. Y no basta con la norma: hay que acompañarla con controles y campañas de concientización sostenidas”, advirtió.

Educación vial: la deuda estructural
Detrás de cada siniestro hay una carencia que atraviesa generaciones: la falta de educación vial sistemática y continua.
Casadei sostiene que la formación en seguridad vial no debe limitarse a un trámite antes de sacar el registro, sino que debe formar parte del sistema educativo desde edades tempranas.
“Hay materiales disponibles desde jardín de infantes. La Agencia Nacional de Seguridad Vial tiene módulos listos para que cualquier docente pueda trabajarlos en clase. No hace falta inventar nada nuevo, solo decisión política”, explicó.
Pero la educación no se agota en las aulas. Los medios, las empresas y las organizaciones sociales también tienen un rol fundamental.
“Los medios deben hablar más del tema. No conozco muchas columnas de seguridad vial en los programas de radio o televisión, y sin embargo cada vez que se aborda el tema la gente se interesa. Hablar salva vidas”, remarcó.
Empresas, escuelas y sociedad: un compromiso compartido
La especialista también destacó el rol del sector privado. “Hay empresas de transporte, logística y distribución que ya incorporaron la seguridad vial como parte de su responsabilidad social. Capacitan a sus conductores, analizan rutas riesgosas y promueven descansos. Eso también salva vidas”, dijo.
Según Casadei, mejorar la seguridad vial exige un compromiso transversal: Estado, empresas, medios, escuelas y ciudadanía.
“Las sociedades son la suma de las acciones individuales. Cada persona puede aportar algo: desde respetar las normas hasta exigir políticas más firmes. No depende de uno, depende de todos.”
Mirar al mundo: cuando la planificación sí funciona
Mientras en Misiones las cifras escalan, otros países demuestran que reducir las muertes viales es posible. En Helsinki (Finlandia), por ejemplo, celebraron recientemente un año entero sin muertes por accidentes de tránsito.
El logro se basó en políticas simples pero constantes: rediseñar cruces peligrosos, ajustar límites de velocidad, priorizar peatones y ciclistas, y monitorear en tiempo real los puntos críticos.
“Nada de esto requiere grandes presupuestos —señaló Casadei—. Solo hace falta planificación, datos y continuidad. Esa es la mirada que nos falta: entender que la seguridad vial no es un tema accesorio, sino una política de Estado.”

Una tragedia que se repite y puede evitarse
Cada siniestro vial no es un número, sino una historia truncada. Proyectos que se apagan, familias destrozadas, comunidades golpeadas. Y lo más doloroso: casi todas esas muertes podrían haberse evitado.
“La siniestralidad vial no puede seguir siendo una tragedia anunciada. Es hora de transformarla en un compromiso compartido”, concluyó Casadei.
Porque detrás de cada número hay una vida, y detrás de cada vida, la posibilidad de construir una provincia que elija el respeto, la prudencia y la planificación por encima de la indiferencia.
Padre e hija fallecieron en brutal choque en la ruta 2 en El Soberbio https://t.co/jIqRUk0xb2 pic.twitter.com/TMJFAuq7Bo
— Radio Up 95.5 (@radioup955) October 28, 2025



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