La historia de Gabriela Büttner es la de una docente que transformó la adversidad en inspiración. Profesora de inglés en el Instituto de Enseñanza Agropecuaria N°8 de Montecarlo, Gabriela se convirtió en una de las seis finalistas del certamen nacional Docentes que Inspiran, un reconocimiento que premia el compromiso y la innovación educativa.
“La verdad, para mí es algo increíble. No me creo estar entre las seis mejores. Creo que soy una representante de todos esos docentes que día a día hacen patria, van a la escuela y dejan todo por la educación”, expresó en diálogo con Radio Up.

Desde niña, Gabriela soñó con enseñar. “Yo de chiquita ya quería enseñar. Ese era mi sueño. El tema es que quería enseñar alemán”, recordó. Creció en una familia humilde de raíces alemanas, pero las dificultades económicas le impidieron estudiar esa carrera en Córdoba. “Terminé inclinándome por el inglés y comencé a trabajar ya cuando estaba en tercer año, porque entre becas y la plata que no me alcanzaba, tuve que empezar a trabajar para poder costearme los estudios”, contó.
Su pasión por la docencia se consolidó en 2006, cuando comenzó a dar clases, y en 2010 ingresó al sistema educativo formal. Desde entonces, su compromiso con el aula rural ha sido total. “En la zona en la que trabajo, la presencia del guaraní es fuerte. Hay chicos que llegan sin base en inglés y eso representa un desafío enorme. Por eso busqué adaptar materiales a la realidad agraria y cultural de los estudiantes”, explicó.
Un libro hecho a mano y con el corazón

De esa necesidad surgió su proyecto más ambicioso: un libro interdisciplinario para enseñar inglés en escuelas agrotécnicas, que ella misma escribió, diseñó y financió. “Escribí un libro interdisciplinario para enseñar inglés en escuelas agrotécnicas. Ahora estoy agregando códigos QR y creé una plataforma en Google Sites para motivar más a los chicos”, relató.
El material, que ya trascendió Misiones, comenzó a utilizarse en otras provincias. “Ya lo están usando en diferentes lugares, incluso está por llegar a Río Negro”, dijo orgullosa. Aunque el libro tiene un costo simbólico de impresión, su objetivo es que llegue a más escuelas públicas. “Me gustaría llegar con ese material a todas las escuelas, principalmente a las de Misiones”, remarcó.
Enseñar desde lo emocional

Más allá de la gramática, su enseñanza se basa en lo humano. “Si tengo que elegir una palabra que defina mi enseñanza, sería integral”, afirmó. “No puedo entrar a un aula y pretender enseñar el verbo ‘to be’ a un chico que tiene un problema en su casa. Primero necesito generar un vínculo, saber cómo está el ambiente, y recién ahí empezar a trabajar”.
Esa mirada empática también es parte del mensaje que busca transmitir a sus colegas: “Estamos trabajando con personas, no con máquinas. No podemos entrar a un aula desconectados. No bajen los brazos, porque vale la pena: estamos ayudando a crear una mejor Argentina”.
En un contexto rural con recursos limitados, Gabriela incorporó tecnología y autogestión a su tarea. “Todo lo que aprendí fue a prueba y error. Mi libro lo edité en Canva, sin saber cómo funcionaba. Fui tocando y aprendiendo”, contó entre risas.
Además, impulsa proyectos sustentables, como un vivero en su escuela, y promueve el uso del inglés como herramienta transversal. “Un idioma permite atravesar todas las materias. Creo que se deben hacer cambios en la formación docente para brindar más herramientas, sobre todo en tecnología y atención a la diversidad”, propuso.
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Orgullo misionero

Gabriela no llegó a la final por una nominación externa: ella misma se postuló. “El año pasado me había enfocado solo en lo académico y quedé semifinalista. Este año incluí todo lo que hago, porque mi enfoque es integral, y llegué a la final. No podía creerlo”, contó emocionada.
El reconocimiento, dijo, fue una inyección de energía. “Nuestra profesión es complicada y poco reconocida. Este premio te motiva, te dice que lo estás haciendo bien y te da ganas de seguir adelante”.
El próximo miércoles, en una gala en Puerto Madero, se conocerá al ganador o ganadora nacional. Más allá del resultado, Gabriela ya siente que ganó: “Haber llegado a esta instancia ya es todo un premio. Aunque no me quejo si gano, porque el primer premio son 14 millones y tengo muchos proyectos para seguir creciendo”, dijo entre risas.
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