Este domingo 12 de mayo, el cielo nocturno regalará uno de los espectáculos astronómicos más delicados y significativos del año: la Luna de flores, que además será la última microluna del 2025. Aunque su tamaño será ligeramente menor al habitual, su simbolismo y contexto astronómico la convierten en un evento imperdible para quienes siguen los ritmos del firmamento.
¿Qué es una microluna?
A diferencia de la popular superluna, cuando nuestro satélite natural se muestra más grande y brillante debido a su cercanía a la Tierra (perigeo), una microluna ocurre en el extremo opuesto de su órbita, cuando se encuentra en el apogeo, es decir, en el punto más alejado de nuestro planeta. En esta ocasión, la Luna estará a unos 405.000 kilómetros de distancia.
Desde nuestra perspectiva en la Tierra, una microluna llena puede parecer entre un 5,9% y un 6,9% más pequeña que una luna llena promedio, y hasta un 14,1% más chica que una superluna. Esta diferencia, aunque sutil, no pasa desapercibida para los observadores atentos y fotógrafos especializados.
Además, las mareas provocadas por la microluna son un poco menos intensas que las habituales: el nivel del mar se ve afectado en unos 5 centímetros menos que durante las mareas vivas apogeicas.

Cuándo y cómo observarla
El plenilunio alcanzará su punto máximo a las 16:56 GMT del domingo 12 de mayo (13:56 en Argentina, 10:56 en México y 11:56 en Colombia), pero podrá apreciarse durante varias noches. La Luna aparecerá completamente iluminada desde la noche del sábado 11 hasta la noche del lunes 13 de mayo, ofreciendo una ventana de observación de aproximadamente tres días.
A pesar de su nombre floral, la Luna no presenta un color distinto durante este fenómeno. Sin embargo, si se observa cuando está cerca del horizonte, podrá lucir tonalidades anaranjadas o amarillas debido a la dispersión de la luz solar en la atmósfera terrestre.
Un nombre con raíces ancestrales
La Luna de flores debe su nombre a las tribus algonquinas del hemisferio norte, que asociaban este plenilunio con el estallido de color y vida característico de la primavera. También ha sido llamada “Luna de leche” en antiguas tradiciones inglesas, vinculada a las prácticas agrícolas de la Edad Media.
Más allá del simbolismo, la denominación de las lunas llenas responde a un modo ancestral de marcar el paso del tiempo y los ciclos de la naturaleza, que todavía hoy nos conecta con una visión más pausada y observadora del entorno.
Otros eventos astronómicos de mayo
El mes de mayo no solo será recordado por la microluna. La noche del 3 al 4 de mayo, la Luna en cuarto creciente, con un 44% de su superficie iluminada, formó una hermosa conjunción visual con Marte y el cúmulo estelar del Pesebre, en la constelación de Cáncer. Este tipo de alineaciones planetarias son ideales tanto para la fotografía astronómica como para la contemplación a simple vista.

Además, el 27 de mayo, la Luna nueva permitirá un cielo más oscuro y despejado, perfecto para la observación de objetos de cielo profundo, como la Nebulosa de Carina o la Galaxia del Molinillo Austral, dependiendo del hemisferio desde donde se observe. En esas fechas también se podrán distinguir planetas como Mercurio, Saturno y Urano, especialmente desde zonas rurales o con baja contaminación lumínica.
Con una microluna especial, conjunciones planetarias y cielos oscuros ideales para explorar las profundidades del universo, mayo se presenta como uno de los meses más ricos y variados para los aficionados a la astronomía y la naturaleza.
Aunque la Luna del 12 de mayo será “más pequeña” de lo habitual, su importancia simbólica y científica la convierte en un recordatorio del equilibrio perfecto del cosmos. Una oportunidad más para alzar la vista, maravillarse y reconectar con la vastedad del cielo.



//



