En Misiones, el invierno no llega con una lógica uniforme ni con temperaturas sostenidas que permitan anticiparse con facilidad. Por el contrario, la provincia se mueve en una dinámica cambiante donde una mañana puede arrancar con 7 u 8 grados, cargada de humedad, y transformarse en pocas horas en una tarde templada que roza los 25 o 28. En ese escenario, el cuidado de las mascotas no admite fórmulas rígidas, sino que exige atención constante y capacidad de adaptación.
Esa fue una de las ideas centrales que dejó Pablo Castillo, presidente del Consejo de Veterinarios de Misiones, en una entrevista con Radio Up, donde puso en discusión muchos de los hábitos más extendidos entre los dueños de perros y gatos, especialmente en lo que respecta al uso de abrigo y la interpretación de las señales que dan los animales frente al frío.
El frío y la humedad: cuándo empiezan a afectar
Castillo explicó que en la región, más que el frío seco, lo que realmente incide es la combinación con la humedad. A partir de los 7 u 8 grados, algunos animales pueden empezar a sentir el impacto, aunque no de manera uniforme. En ese punto, el foco deja de estar en la temperatura como dato aislado y pasa a centrarse en las características de cada mascota.
No es lo mismo un perro joven y sano que uno con alguna patología, ni uno que vive dentro del hogar que otro acostumbrado a pasar la mayor parte del tiempo afuera. Es en esa diferencia donde se define si realmente necesita protección adicional o no.

Abrigar a las mascotas: entre la necesidad y el exceso
La pregunta sobre si hay que ponerle ropa a los animales aparece cada invierno, y la respuesta, lejos de ser categórica, vuelve a girar sobre la misma idea: depende. Hay perros que, por su contextura o estado de salud, pueden requerir abrigo, pero también hay razas que están naturalmente preparadas para el frío.
Los collies, ovejeros, siberianos, pomeranian o San Bernardo, por ejemplo, tienen un pelaje y una adaptación biológica que les permite tolerar sin problemas las bajas temperaturas. En esos casos, incluso, el abrigo puede resultar innecesario.
Sin embargo, el mayor riesgo no está en no abrigar, sino en hacerlo sin criterio. En Misiones, donde el clima puede cambiar en cuestión de horas, dejarle la misma ropa durante todo el día a un animal puede generarle más perjuicio que beneficio.
El sobreabrigo y un problema silencioso
A diferencia de los humanos, los animales no regulan el calor de la misma manera. No tienen glándulas sudoríparas distribuidas en el cuerpo, por lo que su forma de disipar el calor es más limitada. Esto implica que pueden estar incómodos o con exceso de temperatura sin manifestarlo de forma evidente.
En ese sentido, el sobreabrigo se convierte en un problema silencioso. El perro no va a decir que tiene calor, pero puede estar atravesando una situación de estrés térmico, especialmente en días donde la temperatura sube rápidamente.
La ropa y sus efectos: más allá del material
Otro de los puntos que abordó Castillo tiene que ver con los materiales. A diferencia de lo que sucede con las personas, el tipo de tela no es lo más relevante. El problema aparece por otros factores menos visibles, como la acumulación de ácaros en las prendas o el mal ajuste.
Cuando la ropa está demasiado apretada, especialmente en zonas como las axilas, puede generar roce, irritación y lesiones. A eso se suma la posibilidad de alergias que se manifiestan con picazón, rascado constante y, en algunos casos, heridas.
Por eso, más que elegir una tela específica, lo importante es observar. El comportamiento del animal es siempre el primer indicador de que algo no está funcionando.
Perros y gatos: dos formas distintas de enfrentar el frío
En la conversación también apareció una comparación inevitable. Existe la idea de que los gatos no sufren tanto el frío como los perros, y aunque tiene algo de cierto, la explicación no es tan lineal.
Los gatos tienen una gran capacidad para buscar refugio, además de un comportamiento de acicalamiento constante que les permite mantener su temperatura. Sin embargo, también tienen muy poca tolerancia a cualquier elemento externo, como la ropa, lo que hace que el abrigo no sea una opción viable para ellos.
Aun así, el contexto vuelve a ser determinante. Un gato que siempre vivió dentro de una casa no reaccionará igual que uno acostumbrado al exterior.

Alimentación y energía: cambios que casi no se perciben
Con la llegada del frío, el organismo necesita más energía para sostener su temperatura. Esto ocurre tanto en humanos como en animales, aunque en Misiones ese cambio suele ser leve.
Castillo señaló que puede haber una ligera variación en el apetito, pero no lo suficientemente marcada como para generar modificaciones importantes en la alimentación cotidiana.
Las enfermedades del invierno: síntomas que no hay que ignorar
Donde sí se observa un impacto más claro es en la salud. Durante los meses fríos aumentan las enfermedades respiratorias, y los síntomas son muy similares a los que experimentan las personas.
La aparición de tos, secreción nasal, lagrimeo o decaimiento debe ser motivo de atención, sobre todo si se suma la falta de apetito. En algunos casos, incluso, los perros pueden desarrollar cuadros digestivos asociados al enfriamiento, con diarreas que pueden llegar a ser severas.
La fiebre, por su parte, suele manifestarse de manera indirecta, a través del comportamiento y de señales físicas como el calor en las orejas o en el abdomen.

Cómo medir la temperatura y qué observar
Si bien existen herramientas tecnológicas, la forma más precisa de medir la temperatura en mascotas sigue siendo la vía rectal. Esto se debe a que el pelaje y el grosor de la piel dificultan cualquier otra medición.
Más allá del termómetro, hay indicadores que permiten sospechar un cuadro febril. El decaimiento, la falta de interés por la comida y una sensación de calor más intensa de lo habitual son señales que deben tenerse en cuenta.
Durante el invierno, es posible notar que las mascotas están menos activas o duermen más. Lejos de ser una señal de alarma, esto responde a una cuestión biológica vinculada a la menor cantidad de horas de luz.
Aunque en Misiones este cambio no es tan pronunciado como en regiones con inviernos más extremos, puede ser perceptible para quienes conviven diariamente con sus animales.
El desafío del exterior: refugio y cuidado
La situación de los animales que permanecen fuera del hogar o en la calle abre otro escenario. Si bien los perros tienen cierta capacidad de adaptación —pueden generar refugios improvisados o buscar reparo—, esto no reemplaza el cuidado que deben garantizar las personas.
Un espacio con techo, protegido de la lluvia y la humedad, junto con alimento y agua, es lo mínimo indispensable para atravesar los días fríos sin comprometer la salud.
Cuidar es observar
La entrevista dejó una idea que atraviesa todos los temas: el cuidado de las mascotas no pasa por aplicar reglas generales, sino por observar, interpretar y actuar en consecuencia.
En una provincia donde el clima obliga a cambiar de abrigo más de una vez al día, el desafío es similar para quienes conviven con animales. No se trata solo de protegerlos del frío, sino de evitar los excesos y entender que cada mascota tiene su propio ritmo, su propia historia y su propia forma de adaptarse.
Efecto otoño: por qué el cuerpo siente más cansancio cuando se acortan los díashttps://t.co/dR0YK8eTun pic.twitter.com/LPxsHVkFR1
— Radio Up 95.5 (@radioup955) May 16, 2026



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