La historia de Stella Maurig psicoeducadora en salud mental, consejera en adicciones y presidenta de la Asociación Civil La Madre Marcha expone las fallas estructurales que enfrentan miles de familias cuando un hijo atraviesa consumos problemáticos. Pero, ante todo, es la historia de una madre que perdió a su hijo menor, David, en 2019, y transformó el dolor en un camino de lucha colectiva.
De la pérdida al activismo: el caso que expone las fallas del sistema de adicción
David comenzó a consumir a los 14 años. Con el tiempo, enfrentó crisis recurrentes, episodios de violencia, problemas judiciales y una vida marcada por diagnósticos psiquiátricos severos: bipolaridad y Trastorno Límite de la Personalidad.

‘’Consumía cocaína, era explosivo y cometía delitos’’, recuerda Stella. Durante años, los juzgados contaban con herramientas de intervención como el histórico artículo 482 de protección de personas, que permitía actuar ante situaciones de riesgo. Pero, con la reglamentación de la Ley de Salud Mental en 2013, esa posibilidad se desvaneció. ‘’Para lograr una internación involuntaria hoy es un suplicio’’, denuncia.

El 16 de julio de 2019, David se suicidó en su departamento de Villa Crespo. Tenía 31 años. ‘’No nos dio tiempo’’, repite su madre, convencida de que otros instrumentos legales podrían haber evitado su muerte. Ese día marcó un antes y un después en su vida: ‘’Tenés dos caminos: tirarte en la cama o salir a pelear’’. Eligió lo segundo.

Así nació La Madre Marcha, un movimiento que reclama una Ley específica de Adicciones, formación adecuada para los operadores judiciales y sanitarios, y herramientas reales para las familias que necesitan intervenir cuando un hijo no puede pedir ayuda por sí mismo.
El colectivo impulsó una marcha federal frente al Congreso el pasado 24 de junio y continúa sumando adhesiones en todo el país.
Stella asegura que la legislación actual confunde adicción con enfermedad mental y que el requisito de consentimiento para internar a una persona “tomada por la droga” es una barrera que puede costar vidas. ‘’No todo adicto es loco y no todo loco es adicto. Es una burla pedir voluntad cuando alguien está en riesgo’’, advierte.

La falta de acompañamiento estatal, el estigma social y la soledad que atraviesan las familias también forman parte de su lucha. ‘’Me dijeron: ‘No pudo ayudar a su hijo y quiere ayudar al mío’. Pero yo tengo la conciencia tranquila: hice todo lo que pude’’, afirma.
Desde La Madre Marcha, Stella ofrece contención, psicoeducación y asesoramiento jurídico gratuito a madres que no encuentran respuestas. Su mensaje, pese al dolor, sigue siendo de esperanza: ‘’En la desesperación nada sale bien. Hay que pedir ayuda. A mí me pasó esto, pero no hay que bajar la guardia’’.
Para ella, la misión continúa: empujar los cambios que su hijo no tuvo a tiempo. ‘’Mi vida es encontrarlo. Y mientras tanto, luchar para que otras madres no pasen por lo que pasé yo’’.



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