En el auditorio Tierra sin Mal de Posadas, el artista y compositor Raúl Alberto Antonio León Gieco fue agasajado y recibió el reconocimiento como doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), una distinción a su aporte cultural y social a la comunidad.
Con la sonrisa pintada en el rostro, Gieco también repasó su trayectoria artística -desde su primer contacto con la música, apenas con 2 años, hasta su último disco, inspirado en la obra de Claudia Fontes y dedicado a Pablo Míguez, un niño desaparecido durante la última dictadura cívico-militar. A los oyentes, les regaló algunas de sus canciones más emblemáticas, entre ellas una versión acústica de "La Memoria", canción que marca el cancionero nacional y que vio la luz en la caótica Argentina del 2001.
Entre anécdotas de su infancia en Cañada Rosquín, reflexiones sobre la memoria y el compromiso, y fragmentos de sus canciones, el músico repasó el camino que lo llevó a convertirse en uno de los referentes más entrañables de la canción social argentina.

“Vengo de un pueblo chiquito y quiero recordar a mi profesora de música, porque me enseñó muchas cosas”, comenzó diciendo Gieco frente a un auditorio conmovido. “Ella me marcó. Me dijo ‘a este chico lo tomaré en cuenta’. Y así fue: cantaba en los actos, bailaba chacarera y soñaba con tener mi guitarra”, relató. Con el dinero que ganó repartiendo carne y ayudando a una mujer discapacitada, el joven León se compró su primer instrumento. “El tipo me dijo: ‘Llamá a tu papá’. Le respondí: ‘No, mi papá no tiene un mango. Yo tengo plata, se lo voy a pagar’”, recordó entre risas.
León Gieco repasó su trayectoria con 350 composiciones y 40 álbumes de estudio
Su discurso avanzó como una canción de largo aliento. “Mis recuerdos siempre fueron musicales”, evocó. “Mi papá me regaló un acordeoncito verde, y mis abuelos cantaban canzonetas italianas mientras comían bagna cauda. Todo eso fue mi primera educación sonora.”
El artista también recordó sus inicios en Buenos Aires y el nacimiento de su voz política. “En 1970 compuse Hombres de Hierro, dedicada al Cordobazo, al Mendozazo y al Rosariazo”, dijo. Años después llegaría Solo le pido a Dios, escrita en plena dictadura militar: “Me citaron por esa canción. El coronel Montes me dijo: ‘Usted no puede cantar una canción de paz en época de guerra’. Era una especie de bestia absoluta”.

Gieco repasó, con humildad y orgullo, el vínculo entre su obra y las luchas por los derechos humanos, algo que lo caracterizó a lo largo de su carrera y que lo llevó a ser reconocido por centros de estudios y academias -ahora también, de la UNaM-. “Empecé a militar con Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. En 1986 compuse Semillas del corazón, dedicada a los chicos desaparecidos restituidos, y la canté con Estela de Carlotto”, recordó. También evocó el festival de Amnesty International donde compartió escenario con Charly García.
Ya hacia el cierre, el músico habló de su último disco, El Hombrecito del Mar, y del homenaje a las víctimas del terrorismo de Estado. “La tapa es una obra que flota en el Río de la Plata, dedicada a un chico de 13 años que tiraron con su mamá. Todo ese disco está dedicado a ellos”, explicó, antes de leer una de sus letras más recientes: “Hemos visto borrar de un plumazo un pueblo, casas, niños, madres, jóvenes, padres y abuelos... y te hemos visto a vos sentado en un balcón, como Nerón, mirando cómo todo se quema”.
“Yo no me recibí de historiador, pero sí he contado la historia y voy a seguir haciéndolo a través de las canciones”, dijo con emoción al recibir el reconocimiento. El auditorio respondió con un aplauso largo y de pie, como quien agradece no solo a un músico, sino a un contador de la historia argentina con guitarra al hombro.
La UNaM otorgará el título de Doctor Honoris Causa a León Gieco el 13 de noviembre https://t.co/0agIKtEBd8 pic.twitter.com/xzljrCbvWi
— Radio Up 95.5 (@radioup955) November 7, 2025



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