En un tiempo donde casi todo se automatiza o se desecha, Damián Okuda, o “Damiancho” como lo llaman sus clientes y oyentes de Radio Up, sigue apostando al trabajo artesanal y al valor del oficio: la tintorería. Es el único tintorero en actividad en toda la provincia de Misiones y, en una entrevista en el programa La Última Rosca, habló con emoción de su trabajo, su historia y la herencia que lleva con orgullo.
Tintorería Tokio
“La tintorería representa mucho para mí, es un oficio que me enseñó lo que es el trabajo duro”, expresó Damián, dueño de la Tintorería Tokio, un emprendimiento familiar con raíces en Posadas, donde su padre, quien llegó desde Japón, comenzó trabajando para otro tintorero antes de abrir su propio local. Con el tiempo, Damián tomó la posta en Oberá, donde sigue adelante con la misma vocación, a mano, pieza por pieza.

Un oficio que sobrevive en silencio
“El oficio de tintorero está prácticamente desaparecido”, lamenta. Sin embargo, para Damián, la tintorería es un arte. “Se lava a mano, con cepillos de cerdas diferentes. Cada prenda requiere tiempo y dedicación. Un traje, un vestido o un tapado pueden llevarme de 45 minutos a una hora”, explicó. También detalla que entre lo que más le llevan están peluches, boinas, ropa de vestir y prendas delicadas, muchas veces con manchas difíciles como las de aceite, que requieren técnica y paciencia.
Aunque afirma que el ingreso “alcanza para pagar impuestos y los insumos, que no son tan caros”, también admite que es un trabajo sacrificado y que le gustaría poder automatizar algunos procesos. “Cuesta lavar, pero aprendí a querer este oficio. Es algo que se hereda, se respeta, y se honra con trabajo”, remarcó.

Raíces, radio y resiliencia
Damiancho es oyente fiel de Radio Up y uno de esos trabajadores invisibles que sostienen con constancia oficios esenciales pero poco valorados. En su testimonio resuena algo más que nostalgia: su historia es la de muchas familias migrantes que apostaron por Misiones con trabajo honesto, y que construyeron futuro a fuerza de dedicación.
En cada cepillo, cada lavado manual y cada cliente satisfecho, Damián honra una tradición familiar y cultural. Y aunque es el único que queda en este rubro, no se siente solo: su oficio, asegura, “todavía tiene algo que enseñar”.
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