Dormir bien dejó de ser un lujo y se convirtió en una necesidad crítica para la salud. En Argentina, cada vez más personas sufren las consecuencias de un descanso insuficiente, un hábito que impacta directamente en el cuerpo, la mente y las emociones.
El sueño es mucho más que cerrar los ojos: durante la noche, el organismo repara tejidos, regula hormonas, consolida la memoria y fortalece el sistema inmunitario, mientras contribuye al equilibrio emocional y cardiovascular. La falta de sueño o un descanso de mala calidad altera todos estos procesos fundamentales.
Según datos del Ministerio de Salud de la Nación y sociedades científicas, solo el 21% de la población duerme menos de ocho horas por noche, mientras que entre el 38% y 39% presenta insomnio o interrupciones frecuentes durante la noche. Los estudios recientes, sobre todo tras la pandemia, muestran un aumento de los trastornos del sueño, afectando especialmente a adolescentes y adultos.
La especialista Valeria El Haj, directora médica nacional de Ospedyc, explica que “el sueño profundo favorece la recuperación física y el sueño REM regula la memoria y las emociones. Dormir poco o interrumpido interfiere con estos procesos”.

Consecuencias de dormir mal
La falta de sueño afecta prácticamente todos los sistemas del cuerpo:
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Cognitivo: disminuye la atención, enlentece el pensamiento, aumenta los errores y debilita la memoria.
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Salud mental: incrementa la irritabilidad y eleva el riesgo de ansiedad y depresión.
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Cardiovascular: se vincula con hipertensión, arritmias, enfermedad coronaria y mayor riesgo de accidente cerebrovascular.
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Inmunológico: eleva la inflamación y debilita las defensas frente a infecciones.
“El mal descanso no solo afecta cómo nos sentimos durante el día, sino que también tiene consecuencias a largo plazo sobre la salud”, enfatiza El Haj.

Claves para un sueño reparador
Los especialistas recomiendan hábitos simples pero efectivos:
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Mantener horarios regulares de sueño, incluso los fines de semana.
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Dormir en ambientes oscuros, silenciosos y con temperatura adecuada.
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Evitar pantallas al menos una hora antes de acostarse.
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Reducir cafeína, alcohol y tabaco antes de dormir.
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Practicar actividad física regular, evitando ejercicios intensos por la noche y optar por cenas livianas.
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Consultar a un profesional ante insomnio persistente, ronquidos fuertes, pausas respiratorias o somnolencia excesiva durante el día.
Dormir bien no es un lujo, sino un pilar esencial para la salud integral. Comenzar a priorizar el descanso hoy puede marcar la diferencia en el bienestar físico, emocional y mental de mañana.



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