El profesor e investigador Marcelo Rabossi (Universidad Torcuato Di Tella), integrante de Argentinos por la Educación, analizó en Arriba la Radio por Radio Up la continuidad y el egreso en el sistema de educación superior. Celebró la mejora en la terminalidad secundaria en el quintil más pobre, pero alertó por el bajo porcentaje de graduados universitarios, la enorme deserción de primer año y la “lesión” en aprendizajes básicos que llega desde la escuela media.
En la charla, Rabossi pidió políticas tempranas de crianza, nutrición, estimulación y una reforma profunda en formación docente.
El investigador precisó que el informe “abarca los tres niveles —primaria, secundaria y universitario—, pero concentra el análisis en la secundaria”. Explicó que la primaria mantiene cobertura y terminalidad altas (“arriba del 90%”), mientras que “el desgranamiento empieza fuerte en la secundaria y se proyecta luego sobre la universidad”.

“Entre 2014 y 2024 se ve un aumento significativo en la terminalidad secundaria del primer quintil. El 20% más pobre pasó de 41% a 60%. En el 20% más rico, la finalización trepó del 87% al 92%. La brecha persiste, pero se achicó.”
El investigador remarcó que el informe “mide finalización, no aprendizajes”, y allí aparece el nudo crítico que golpea a la educación superior.

El cuello de botella del sistema: pocos graduados y un primer año “filtro”
Al enfocarse en el tramo universitario, Rabossi fue contundente: “Es bajísimo el porcentaje de población que termina la universidad: ronda el 10% y no supera el 13–14% según metodologías”. Vinculó esa cifra a la baja calidad con que egresan muchos estudiantes del secundario, reflejada en las Pruebas Aprender 2024:
“El 90% de los alumnos de último año no alcanzó el nivel satisfactorio en Matemática y el 40% no llegó en Lectura. En el quintil más pobre, 95 de cada 100 tienen dificultades para resolver problemas matemáticos simples.”
Ese déficit de base golpea en el ingreso a la universidad: “Cuatro de cada diez jóvenes no completan el primer año. El primer año es el gran filtro: si lo pasás, la tasa de graduación posterior ronda el 50–60% según carrera e institución.”
Como ejemplo, citó a la UBA y su Ciclo Básico Común (CBC): “Adecua a la vida universitaria, pero aun así el 40% no completa ese primer tramo”.

Lo que se probó (y no alcanzó): gratuidad, expansión y carreras cortas
Rabossi enumeró tres caminos ya transitados para fortalecer la permanencia:
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Gratuidad en universidades nacionales (“ocho de cada diez estudiantes cursan allí”).
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Apertura de universidades en zonas vulnerables (conurbano bonaerense y otros territorios), acercando la oferta a primera generación universitaria.
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Carreras más cortas (pregrados/diplomaturas de dos años) y cursos de nivelación.
“Aumentó la cantidad de graduados de menores recursos, pero no lo suficiente. Si no resolvemos antes los problemas de base, la universidad llega tarde», advirtió Rabossi.

Una secundaria inclusiva… con reglas más laxas
El investigador describió un cambio cultural en la escuela media: “La secundaria se volvió más inclusiva y relajó condiciones de promoción y asistencia. Hay menos repitencia y más pase automático. Sin saberes sólidos, el salto a la universidad —masiva, anónima y exigente— se vuelve un muro.”
También apuntó a un déficit pedagógico en el nivel superior: “Ser docente universitario no exige formación pedagógica. Se evalúan saberes disciplinares, pero no cómo enseñar. En cursos numerosos, el estudiante queda poco contenido.”
Dónde empezar a cambiar: de la cuna al aula y del aula a la cátedra
Para Rabossi, la política clave es temprana: “De 0 a 5 años se juega el 85–90% del desarrollo cerebral. Nutrición, estimulación y hábitos en esa etapa tienen impacto de por vida. Revertir después es posible, pero muy costoso.”
Sumó dos ejes urgentes:
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Formación docente: “No podés enseñar lo que no conocés. La carrera docente es poco demandada y a menudo la eligen estudiantes con promedios más bajos. Hay que profesionalizar y elevar estándares.”
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Reforma de la secundaria: “Incluir es fundamental, pero no alcanza sin exigencia y aprendizajes medibles. No es solo pasar de grado; es saber.”

Textuales destacados de Marcelo Rabossi
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“La brecha se achicó: el quintil más pobre pasó de 41% a 60% de terminalidad secundaria; el más rico, de 87% a 92%.”
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“Solo 10% de la población termina la universidad; nunca supera 13–14%.”
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“En Aprender 2024, 90% no llega a satisfactorio en Matemática y 40% no lo hace en Lectura.”
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“El primer año es el gran filtro: 4 de cada 10 no lo terminan.”
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“La gratuidad, la expansión y las carreras cortas ayudan, pero no resuelven sin atacar la base.”
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“Necesitamos estimulación temprana, nutrición, padres involucrados y formación docente de calidad.”
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“Podrán venir dólares de donde sea, pero sin competencias la Argentina queda condenada a la mediocridad.”
Rabossi cerró con una advertencia macro: “Podremos controlar el dólar o conseguir apoyo externo, pero si la población no tiene conocimientos y competencias, da lo mismo: sin capital humano no hay desarrollo. O invertimos en primera infancia, secundaria exigente y docentes bien formados, o seguimos repitiendo resultados.”



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