El dato de inflación de marzo, que marcó un 3,4% con una suba de 0,5 puntos respecto a febrero, volvió a encender el debate entre las expectativas oficiales de desaceleración y la dinámica real de los precios, en ese contexto, el economista y asesor financiero Nicolás Borra analizó el escenario actual en el programa La Última Rosca, emitido por Radio Up.
“Nosotros desde el punto de vista del mercado sabíamos que la inflación iba a estar cercana al 3% o superior a la misma”, afirmó Borra, al tiempo que explicó que el dato ya estaba anticipado por indicadores previos como la inflación de la Ciudad de Buenos Aires.
El especialista remarcó que factores internacionales también incidieron en la suba de precios: “Sabíamos también, porque lo vemos en la calle, que el impacto que iba a tener la suba de la nafta por los conflictos geopolíticos con Irán y el crudo iba a impactar en todos los bienes generales”.

A nivel local, señaló que el rubro educación tuvo una incidencia significativa: “El que más impactó en este índice fue la suba en educación, que corresponde al 12%”.
El mercado apuesta a la desaceleración
Pese al aumento del índice, Borra aseguró que los indicadores financieros reflejan confianza en el rumbo económico del Gobierno: “Si veo los números del mercado, estoy hablando de los bonos, de lo que están pagando dólar futuro, sí le cree el discurso al ministro”, sostuvo.
En ese sentido, destacó la caída de las tasas de interés como señal de expectativas de menor inflación: “Estamos hablando de tasas que están rondando entre el 22% al 24%. Eso quiere decir que el mercado por lo menos compra o apuesta con su dinero a que la inflación va a ser menor o parecida a ese número”.

Consumo, tarifas y presión sobre la economía real
Sin embargo, el economista advirtió que la situación en la economía cotidiana es más compleja: “Tenemos un acomodamiento de precios relativos muy importante, estoy hablando de servicios, por ejemplo, luz, gas, y eso no frena”, explicó.
Además, vinculó esta dinámica con la caída del consumo: “Eso también le pone un freno a la actividad económica de consumo y que a su vez ha agravado con la suba de la nafta, que deja sin margen a la gente para poder consumir”.
Un “problema de velocidades” en el modelo económico
Borra definió el momento actual con una metáfora clara: “El modelo tiene un problema principal que es un problema de velocidades. La macroeconomía va en un Ferrari, mientras que la microeconomía va en un Fitito”.
Según detalló, mientras algunos indicadores agregados muestran mejoras, sectores clave siguen rezagados: “Si yo me voy al desglose de minorista, me voy al desglose de construcción, entre muchas otras actividades, sigue dando negativo, muy por debajo de 2023”.
El economista también planteó interrogantes sobre la política monetaria: “Yo lo que veo es que el IPC desde que empezó esta estrategia solamente sube. Entonces, si la inflación es un fenómeno monetario, como manifiesta el gobierno, ¿no estaremos inyectando más pesos de lo que la economía necesita?”.

A su vez, dejó abierta otra posible explicación vinculada al comportamiento del sector comercial: “¿O simplemente el comercio minorista está utilizando como defensa una suma de precios ante el poco margen que tiene?”.
En cuanto al objetivo oficial de reducir la inflación rápidamente, Borra advirtió sobre sus implicancias: “Bajar la inflación no se hace gratis o con magia en la parte social, se hace tratando de bajar el consumo”.
Y agregó: “Forzarla en el tiempo puede provocar un gran costo social”, recordando que otros países de la región tardaron más de una década en lograr reducciones sostenidas.
Finalmente, el analista sostuvo que, si bien el frente financiero muestra estabilidad, el factor social será clave hacia adelante: “La política no está teniendo una injerencia tan relevante como antes, pero los organismos internacionales y los bancos sí ven el factor social como algo determinante para la reelección”. En esa línea, concluyó: “El mercado quiere ver cómo este gobierno va a llegar al 2027 en cuanto a lo social”.
La inflación continúa en una senda ascendente en el corto plazo, mientras el mercado financiero apuesta a una desaceleración futura. En el medio, el desafío sigue siendo equilibrar las variables macroeconómicas con el impacto real en el bolsillo de la población.



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