El consumo masivo en Argentina no logra recuperarse a pesar de la estabilidad macroeconómica y la desaceleración inflacionaria, y una de las principales razones se encuentra en la fuerte concentración del ingreso, ya que la mayoría de los hogares percibe ingresos muy por debajo de la media nacional. Según una estimación preliminar de la Consultora W, difundida por Fundación Encuentro, el ingreso promedio de los hogares argentinos alcanzó los 2,8 millones de pesos netos mensuales durante el primer trimestre de 2026.
Sin embargo, ese promedio no refleja la realidad de la mayoría de las familias, porque apenas el 22% de los hogares supera esa cifra, mientras que el 78% restante percibe, en promedio, menos que la media nacional. Esta concentración de hogares por debajo del promedio resulta clave para entender por qué el consumo masivo no termina de reactivarse, aun cuando los salarios reales comenzaron a mostrar signos de recomposición.
Los sectores que integran ese 78% de la población destinan una mayor proporción de sus ingresos al consumo, pero su poder adquisitivo todavía resulta insuficiente para recuperar los niveles de gasto previos a la crisis. En cambio, el consumo de los sectores altos y medios altos, que representan el 22% de los hogares, depende menos de la evolución salarial y ya muestra indicios de normalización, lo que eleva el promedio nacional hacia arriba y oculta la realidad de la mayoría.
La distancia entre los distintos estratos socioeconómicos resulta amplia y marca diferencias notables en la capacidad de consumo de cada grupo. La Clase Alta (ABC1), que representa apenas el 5% de los hogares, registra un ingreso promedio de 12,5 millones de pesos mensuales, con un piso estimado en 7,5 millones, mientras que la Clase Media Alta (C2), correspondiente al 17% de las familias, tiene un promedio de 5,5 millones y un ingreso mínimo de 4 millones, siendo los únicos dos segmentos que superan el promedio general de 2,8 millones.
Por debajo de esa línea se ubica la Clase Media Baja (C3), que concentra al 26% de las familias y tiene ingresos promedio de 2,5 millones mensuales, unos 300.000 pesos menos que la media nacional, con un piso de 2,2 millones. La distancia se profundiza aún más entre los sectores de menores recursos, donde la Clase Baja Superior no pobre (D1) constituye el grupo más numeroso, con el 31% de los hogares, y percibe en promedio 1,95 millones mensuales, alrededor de un 30% por debajo del promedio nacional, con un piso de 1,4 millones.
En el extremo inferior, el 21% de los hogares pertenece a la Clase Baja en situación de pobreza (D2/E), con ingresos promedio de apenas 900.000 pesos mensuales. De esta manera, más de la mitad de los hogares del país —el 52% correspondiente a los dos estratos inferiores— dispone de menos de 2 millones de pesos mensuales en promedio, una cifra que evidencia la fragilidad económica de una porción mayoritaria de la población.
La persistencia de esta estructura de ingresos explica por qué el consumo masivo no logra despegar, porque los sectores que tienen mayor propensión a consumir carecen del poder adquisitivo necesario para hacerlo, mientras que los sectores de altos ingresos, que ya recuperaron su capacidad de gasto, representan una porción minoritaria de la población.
Los datos reflejan una realidad estructural que trasciende la coyuntura económica y que demanda políticas orientadas a mejorar la distribución del ingreso y fortalecer el poder de compra de los sectores medios y bajos, que son los que verdaderamente dinamizan el consumo interno. Mientras esa brecha no se reduzca, la reactivación del consumo masivo seguirá siendo un desafío pendiente para la economía argentina.
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La fotografía que deja el informe de la Consultora W es la de un país donde el ingreso promedio oculta una profunda desigualdad, y donde la mayoría de los hogares no logra alcanzar el nivel de gasto necesario para reactivar el consumo, un fenómeno que no responde a la coyuntura macroeconómica sino a una estructura de ingresos que concentra los recursos en una minoría y deja a la mayor parte de la población con un poder adquisitivo insuficiente para sostener la demanda interna.



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