Un nuevo estudio internacional puso el foco en dos hábitos cotidianos que pueden marcar una diferencia sustancial en la salud cerebral: mantenerse físicamente activo y dormir bien. La investigación, basada en el análisis de decenas de estudios previos, refuerza la idea de que pequeñas decisiones diarias pueden tener un impacto significativo en la prevención de enfermedades neurodegenerativas.
Un estudio revela cómo bajar el riesgo de demencia de forma natural
El trabajo, desarrollado por un equipo de la Universidad de York en Canadá, analizó datos de 69 investigaciones que siguieron durante años a adultos mayores de 35 años sin deterioro cognitivo inicial. El objetivo fue evaluar cómo ciertos comportamientos influyen en la aparición de demencia con el paso del tiempo.
Los resultados fueron contundentes: la actividad física regular se asocia con una reducción promedio del 25% en el riesgo de desarrollar demencia. Este efecto se mantuvo constante en diferentes poblaciones y contextos, lo que refuerza la importancia del movimiento como herramienta preventiva.

El sueño también se posicionó como un factor clave. Dormir entre siete y ocho horas por noche se relaciona con una menor probabilidad de padecer la enfermedad en la adultez. En contraste, dormir menos de siete horas o más de ocho aumenta el riesgo de manera significativa, lo que evidencia la necesidad de sostener rutinas de descanso equilibradas.
Otro punto relevante del estudio fue el impacto del sedentarismo. Permanecer sentado durante períodos prolongados, especialmente más de ocho horas diarias, se vincula con un incremento del riesgo de demencia. Aunque este aspecto aún requiere mayor profundidad en futuras investigaciones, los datos actuales ya lo señalan como un factor a tener en cuenta.

Los especialistas advierten que la demencia es una condición que se desarrolla a lo largo de décadas, por lo que la prevención debe comenzar mucho antes de la aparición de los primeros síntomas. En ese sentido, adoptar hábitos saludables desde la mediana edad no solo mejora la calidad de vida, sino que también puede reducir el impacto de enfermedades cognitivas en la vejez.
En un contexto global donde los casos de demencia continúan en aumento, este tipo de evidencia refuerza las estrategias de salud pública orientadas a la prevención. Incorporar actividad física de manera regular, reducir el tiempo sedentario y respetar las horas de sueño recomendadas aparecen como acciones simples, pero decisivas, para cuidar el cerebro a largo plazo.



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