El gendarme Nahuel Gallo regresó al país tras una extensa y traumática detención de más de un año en territorio venezolano. En una conferencia de prensa brindada este miércoles en el Edificio Centinela, sede de la Gendarmería Nacional, el efectivo compartió sus primeras sensaciones tras recuperar la libertad el pasado domingo y arribar al suelo argentino este lunes.
Acompañado por autoridades nacionales, Gallo admitió poseer “escasa información” sobre los motivos reales de su detención. Durante su alocución, el uniformado destacó que se encuentra en buen estado de salud, aunque actualmente atraviesa un proceso de estudios médicos y psicológicos para intentar reinsertarse en la sociedad tras el aislamiento.
Respecto a su estadía en el centro penitenciario Rodeo 1, el gendarme fue contundente al describir el ambiente de reclusión. Según sus palabras, el lugar no es un sitio de tránsito común, sino un espacio donde impera la tortura psicológica constante, afectando la integridad mental de quienes allí se encuentran alojados.
Nahuel Gallo subrayó que la intervención diplomática fue un factor determinante para su salida. Según relató, funcionarios del Estado venezolano le comunicaron que el Estado argentino había solicitado formalmente por él en reiteradas ocasiones, marcando una diferencia respecto a otros detenidos de diversas nacionalidades.
En el penal convivían personas de aproximadamente 35 nacionalidades distintas. No obstante, Gallo remarcó que él fue el único por quien se mostró un interés tan marcado y persistente desde su país de origen, lo que finalmente facilitó su liberación y posterior repatriación.
El relato del gendarme incluyó la dura realidad de otros 24 extranjeros que todavía permanecen alojados en Rodeo 1. Estos individuos se encuentran en una situación de total incertidumbre, esperando una liberación que, según explicó el efectivo, sucede de forma imprevista y sin previo aviso sobre el destino final.
Para sobrevivir a los 448 días de encierro, Nahuel Gallo apeló a su fortaleza mental. Confesó que el pensamiento constante en su hijo fue el motor principal para no quebrarse ante las acusaciones de delitos que, según sus propias palabras, “no venían al caso” y carecían de fundamento.
El gendarme también hizo un llamado a la comunidad internacional para que no desvíen la mirada de lo que ocurre en Venezuela. Definió la situación del país caribeño como una “transición” y pidió encarecidamente que no se olvide a los presos políticos que aún aguardan por su libertad en condiciones precarias.
Durante el cautiverio, la solidaridad de los ciudadanos locales fue clave. Gallo mencionó haber conocido a muchos venezolanos que, a pesar de las carencias, lo ayudaron incluso con prendas básicas como una media, dado que los extranjeros no contaban con el beneficio de visitas ni llamadas telefónicas.
Con una carga emocional visible, el efectivo solicitó a los medios de comunicación internacionales “no bajar los brazos”. Afirmó que, a pesar de estar físicamente en Argentina, su mente sigue “encerrada” hasta que los demás extranjeros logren salir, y evitó dar detalles sobre las atrocidades vividas por no sentirse aún preparado para verbalizarlas.
En el cierre de su intervención, expresó su agradecimiento general a las instituciones y organismos internacionales. Aunque evitó dar nombres propios específicos de funcionarios, extendió su gratitud a toda la Nación Argentina por el apoyo recibido durante el tiempo que permaneció incomunicado.
En la mesa de la conferencia estuvieron presentes la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva; el canciller Pablo Quirno y el jefe de la Gendarmería, Comandante General Claudio Brilloni. Desde el Gobierno, confirmaron que el alta definitiva del gendarme se producirá en breve, una vez concluidos los protocolos de salud.
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