La violencia en las redes sociales y la exposición de niños y adolescentes a los discursos de odio no pueden analizarse únicamente como un problema de las nuevas generaciones. Así lo planteó la psicóloga Isabel Zilvetti, durante su columna en Arriba la Radio, el programa de Radio Up, donde reflexionó sobre la responsabilidad de los adultos frente a las agresiones virtuales y la necesidad de revisar las propias conductas antes de señalar a los más jóvenes.
A partir de un caso ocurrido en Catamarca, en el que una adolescente fue expuesta y agredida por sus compañeros después de un viaje a Bariloche, la profesional puso el foco no solamente en el comportamiento del grupo de jóvenes involucrado, sino también en las reacciones que tuvo el mundo adulto. "A mí particularmente con ese caso lo que más me llamó la atención fue la repercusión que tuvo en los adultos", señaló.

Zilvetti cuestionó especialmente la falta de empatía que se manifestó tanto en las agresiones originales como en las respuestas posteriores. En ese sentido, mencionó que, días después de conocerse el caso, la casa de la adolescente señalada como agresora fue apedreada y recibió numerosos comentarios que justificaban lo sucedido bajo el argumento de la denominada justicia social. "La famosa justicia social que es un concepto que escucho mucho, pero eso no es justicia. Dicen: 'Es la justicia social'. ¿Qué parte de eso es justicia? Porque suena más a ojo por ojo, diente por diente", expresó.
Para la psicóloga, el problema aparece cuando las personas condenan una manifestación de violencia, pero responden reproduciendo mecanismos similares. La posibilidad de expresar indignación frente a una injusticia no debería convertirse en una autorización para agredir. "Demarco la injusticia, demarco mis sentimientos de rabia, pero rabia e injusticia no tienen que ser igual a violencia, porque si no yo me pongo al mismo nivel de quien yo critico", explicó.
En esa línea, dejó una reflexión sobre la necesidad de reconocer los propios errores y revisar las formas en que los adultos se relacionan con los demás: "El fuego no se apaga con más fuego".

Los adultos también participan de los discursos de odio
Uno de los puntos centrales de la columna fue la responsabilidad que tienen los mayores en la construcción de los discursos que circulan en las plataformas digitales. Según Zilvetti, no alcanza con responsabilizar a los adolescentes por las agresiones virtuales si los propios adultos reproducen comportamientos violentos, discriminatorios y descalificadores.
La profesional consideró necesario que los mayores se interpelen sobre sus propias respuestas frente a los conflictos y las situaciones de injusticia. "¿Qué respuesta estamos dando nosotros los adultos a las violencias? Y esa sí es una posibilidad para nosotros interpelarnos. ¿Cómo son mis discursos frente a la violencia? ¿Cómo respondo?", planteó.
También advirtió que muchas veces las personas critican en los demás comportamientos que no logran reconocer en sí mismas. Para ejemplificarlo, contó una experiencia personal en la que una conversación presencial con amigas le permitió advertir que estaba reproduciendo una expresión machista sin haberlo notado. "Un día me pasó, estábamos con unas amigas charlando y yo deslizo una oración que decía: 'Se embarazó'. Y ella automáticamente me miró y me dice: '¿Cómo que se embarazó?'. Y a mí me salió natural. [...] Es una decisión de pareja", relató.
A partir de esa situación, explicó que el diálogo cara a cara permite detenerse, escuchar otras perspectivas y revisar expresiones que muchas veces se utilizan de manera automática, como en este caso fue un comentario machista. "¿Cómo lo logré? En un cara a cara, con un tiempo, con un diálogo, un análisis. No me había dado cuenta", sostuvo.
Para Zilvetti, este tipo de intercambios demuestra la importancia de no naturalizar determinadas expresiones y de entender que la violencia no se limita a las agresiones físicas. "La violencia va desde una burla, una pequeña, 'bueno, pero es solo un chiste'", advirtió.

Las redes sociales no son un espejo de las relaciones humanas
Durante la entrevista, la psicóloga explicó que las plataformas digitales tienen características que pueden potenciar las conductas agresivas. Entre ellas mencionó la inmediatez, la búsqueda constante de gratificación y la falta de tiempo para procesar las consecuencias de lo que se publica. "No podemos analizar las redes sociales como si fueran un espejo de este entorno donde nosotros nos estamos vinculando cara a cara. Y es cierto, no son espejos", señaló.
En ese contexto, explicó que las interacciones digitales pueden generar respuestas impulsivas y favorecer la reproducción de mensajes violentos sin que exista una reflexión previa sobre su impacto. "No da tiempo a que los jóvenes puedan discernir qué es lo que están hablando, qué es lo que están diciendo. Esta reproducción en discursos de odio", manifestó.
Además, cuestionó la idea de responsabilizar exclusivamente a la tecnología por los problemas que se producen en esos espacios. Para la profesional, es importante identificar a las empresas y los intereses económicos que se encuentran detrás de las plataformas. "Más que redes sociales son modelos de mercado que se expresan a través de este producto que sería este ecosistema a través del cual ustedes pueden interactuar", explicó.
En ese sentido, remarcó que los algoritmos buscan captar y mantener la atención de los usuarios, mientras que los contenidos violentos y disruptivos pueden convertirse en un atractivo para generar interacciones. "Las interacciones sociales no es lo que me interesa, a mí lo que me interesa es la atención. Mantenerte todo el tiempo", sostuvo al describir la lógica de esos modelos comerciales.
Por eso, consideró que el debate sobre el cuidado de las infancias y adolescencias no debe limitarse a controlar el tiempo que pasan frente a una pantalla. "El cuidado no es solamente con la tecnología, el cuidado no es para ese lado, el cuidado es con un mercado que hoy no cuida las adolescencias y las infancias", afirmó.

El acompañamiento de los padres no puede limitarse a controlar el celular
Otro de los aspectos que desarrolló Zilvetti fue el papel de las familias cuando un niño o adolescente atraviesa una situación de ciberbullying. En ese sentido, consideró que supervisar el uso de los dispositivos es importante, pero no suficiente si no existe una relación de confianza que permita hablar sobre lo que sucede. "Supervisemos, acompañemos y dialoguemos", recomendó.
La psicóloga también cuestionó la idea de que los adolescentes, por haber crecido rodeados de dispositivos tecnológicos, tienen las herramientas necesarias para desenvolverse solos en los entornos digitales. "Se piensa que los adolescentes por verlos tan inteligentes, tan ágiles bajo ese concepto de nativos digitales, que es mentira, es un mito, no es verdad, no son nativos digitales", sostuvo.
Para Zilvetti, los adultos deben involucrarse en el proceso de aprendizaje y estar atentos a situaciones de riesgo como el grooming, la extorsión y el ciberacoso. También explicó que es necesario conversar sobre los peligros de compartir imágenes íntimas y sobre las distintas formas de manipulación que pueden aparecer en internet.
En relación con el acompañamiento familiar, propuso abandonar el lugar del adulto que solamente señala errores y comenzar a compartir también las propias experiencias. "Porque si no nosotros quedamos como ese padre de la iglesia que viene a dar la misa, se levanta y se va", expresó.
En cambio, consideró que los padres deben mostrarse como personas que también se equivocan, pueden reconocer sus errores y están dispuestas a escuchar. "Humanicémonos más. ¿Vos cuánto contás de tu día a día? Porque yo estoy segura que un adulto ha vivido situaciones de violencia también y la ha ejercido incluso, pero con el lindo replanteo de decir: 'Nada que ver lo que hice'", reflexionó.

Los chicos necesitan adultos que intervengan frente a la violencia
La profesional también remarcó que un niño no puede quedar solo frente a situaciones de violencia sostenida. Si bien consideró importante enseñar herramientas de autonomía, sostuvo que cuando las agresiones superan la capacidad de respuesta del menor, la intervención adulta es indispensable. "Un niño tiene que ser defendido también por un adulto. Yo le enseño un ejercicio de autonomía, pero cuando la violencia es muy alta, tiene que intervenir un adulto porque nosotros debemos acompañar a los más jóvenes", afirmó.
En ese sentido, advirtió que las instituciones educativas también tienen responsabilidades y que, cuando no logran contener las situaciones de acoso, las familias deben replantearse cómo actuar. "Los actos de resistencia a la violencia son institucionales, desde la familia, hasta la escuela", señaló.
Además, recordó que ante situaciones de ciberacoso se puede recurrir a la línea 137, destinada a recibir consultas y denuncias vinculadas con distintas formas de violencia.
Como recomendación, indicó que, ante la presencia de contenido que pueda constituir una agresión digital, es importante conservar las pruebas antes de realizar la denuncia. "No borrar, no bloquear el contenido ni bloquear el perfil, descargar los contenidos y hacer la denuncia", explicó.
Finalmente, Zilvetti insistió en que el desafío no consiste únicamente en enseñarles a los adolescentes cómo comportarse en internet, sino también en revisar las prácticas de los adultos y construir espacios de diálogo que permitan desarrollar empatía y pensamiento crítico. "Nosotros como adultos nos tenemos que interpelar", concluyó.



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