Las nuevas expresiones que aparecen entre chicos y adolescentes suelen desconcertar a los adultos. Palabras como “farmear aura”, “Six Seven”, referencias a Roblox o determinadas tendencias que nacen y se multiplican en las redes sociales forman parte de un universo cultural que cambia con enorme velocidad.
En ese contexto, el filósofo y educador Eduardo Cazenave reflexionó en una columna de Radio Up sobre el fenómeno de “farmear aura” y puso el foco en una cuestión que va más allá de la moda: la responsabilidad de los adultos de conocer qué miran, qué consumen y qué lenguajes utilizan los chicos.
Para Cazenave, el primer paso no debería ser rechazar aquello que los adultos desconocen, sino intentar comprenderlo. “Como educador, creo que tenemos la obligación de saber de qué se trata”, sostuvo.
El filósofo explicó que expresiones como “farmear aura” forman parte de procesos vinculados con las modas y las tendencias que atraviesan a determinadas generaciones. En ese sentido, consideró que mientras una práctica no resulte nociva, es importante que los adultos puedan acercarse a ella sin prejuicios.
“Tenemos la obligación de hablar el lenguaje de nuestros hijos”
Uno de los conceptos centrales de la reflexión de Cazenave fue la necesidad de que padres, madres y docentes conozcan el universo cultural en el que se desenvuelven los chicos.
El educador mencionó ejemplos como “Six Seven”, Roblox y otras expresiones o consumos digitales que pueden resultar incomprensibles para los adultos, pero que tienen un significado concreto para las nuevas generaciones.
“Tenés obligación de hablar el lenguaje de tus hijos”, planteó.
La comparación utilizada durante la entrevista fue contundente: si un adulto le habla a un chico en un idioma que no comprende, difícilmente pueda establecer una comunicación efectiva con él.
Para Cazenave, muchas veces el problema no es que los chicos “no den bola” a los adultos, sino que existe una brecha de lenguaje y códigos que dificulta el vínculo.
Por eso, conocer qué redes utilizan, qué videojuegos juegan, qué contenidos consumen y qué tendencias siguen no significa necesariamente aprobar todo lo que hacen. Significa, en primer lugar, tener herramientas para conversar con ellos.
¿Farmear aura es una forma de expresión?
Durante la entrevista también surgió la posibilidad de interpretar estas nuevas prácticas como formas de expresión entre los chicos.
La pregunta apunta a un fenómeno frecuente: niños y adolescentes que quizás tienen dificultades para expresar verbalmente lo que sienten encuentran en las redes, los juegos, los gestos y las tendencias digitales una manera de construir identidad y relacionarse con sus pares.
Cazenave evitó establecer una conclusión general y remarcó que cada caso debe analizarse de manera particular.
La clave, según su mirada, está en observar qué lugar ocupa esa actividad en la vida de cada chico.
Si una tendencia contribuye a generar confianza, pertenencia o autoestima en un niño que antes no encontraba esos espacios, puede tener un aspecto positivo. El problema aparece cuando esa práctica se convierte en el centro de su vida o cuando la valoración personal comienza a depender exclusivamente de la reacción de los demás.

El riesgo de que la autoestima dependa de los “likes”
Para el filósofo, allí aparece uno de los principales desafíos planteados por las redes sociales: la dependencia de la mirada ajena.
“Farmear aura”, explicó, puede quedar vinculado con una lógica en la que la persona busca constantemente ser validada por los demás.
Esa dinámica no es completamente nueva. Sin embargo, las redes sociales pueden amplificarla mediante likes, comentarios, visualizaciones y otras formas de aprobación inmediata.
La pregunta entonces deja de ser solamente qué significa “farmear aura” y pasa a ser otra mucho más profunda: ¿de dónde construyen los chicos su autoestima?
Cazenave planteó que una primera referencia fundamental se encuentra en el vínculo con los padres.
“La primera autoestima está en el reflejo de los ojos de tu papá y tu mamá”, señaló.
Desde esa perspectiva, la mirada adulta adquiere una importancia central. No se trata solamente de decirles a los hijos que son valiosos, sino de que puedan experimentar esa valoración en el vínculo cotidiano.
La cuestión, entonces, es observar si un chico logra reconocerse y valorarse por lo que es o si necesita permanentemente que otros le confirmen que tiene valor.
Frente a las pantallas, más presencia de “carne y hueso”
Cazenave también puso el foco en la relación entre las redes sociales y la presencia física de los adultos.
Frente a un ecosistema digital caracterizado por estímulos permanentes y contenidos que se suceden rápidamente, sostuvo que la respuesta no necesariamente pasa por “pelearse” con las redes.
La alternativa, según planteó, es fortalecer la presencia real.
“Hay que abrazarse más, hay que estar más presente”, sostuvo durante la entrevista.
Para el educador, los chicos necesitan una presencia “corpórea, tridimensional”, algo que una pantalla no puede reemplazar.
La mirada directa, un abrazo, una mano sobre el hombro, una conversación, el acompañamiento de un docente o simplemente compartir tiempo constituyen experiencias que exceden aquello que puede ofrecer una interacción digital.
En esa presencia aparecen también los adultos referentes: padres, madres, docentes, tíos, tías y otras personas significativas capaces de construir un vínculo que no dependa de las lógicas de las plataformas.
El desafío educativo frente a las nuevas tendencias
La reflexión de Cazenave plantea un desafío concreto para las familias y también para las escuelas.
Las nuevas generaciones están construyendo parte de sus identidades en espacios digitales que los adultos no siempre conocen. Intentar comprender ese universo requiere abandonar, al menos inicialmente, la mirada de rechazo y asumir una actitud de escucha.
Eso no significa que todo deba ser permitido. Significa que para poner límites también es necesario comprender aquello que se pretende limitar.
Un padre que desconoce qué hace su hijo en Internet difícilmente pueda advertir cuándo una práctica aparentemente inocente comienza a convertirse en un problema.
Del mismo modo, un docente que desconoce los códigos culturales de sus alumnos puede encontrarse hablando desde un lugar que ellos sienten completamente ajeno.

Más allá de “qué onda tenés”
La preocupación expresada por Cazenave no está centrada específicamente en “farmear aura”. La tendencia funciona, en su análisis, como una puerta de entrada hacia una discusión mucho más amplia sobre la construcción de identidad en tiempos de redes sociales.
El riesgo aparece cuando la pregunta por quién soy comienza a ser reemplazada por otra: ¿cómo me ven los demás?
Las redes pueden ofrecer pertenencia, entretenimiento, creatividad y espacios de expresión. Pero también pueden instalar una dinámica permanente de comparación y validación externa.
Por eso, el desafío para los adultos no consiste únicamente en aprender las nuevas palabras que utilizan los chicos. Consiste en recuperar espacios donde puedan conversar, mirarse, escucharse y reconocerse sin la mediación permanente de una pantalla.
En definitiva, quizás entender qué significa “farmear aura” sea apenas el primer paso. El verdadero desafío educativo consiste en saber qué hay detrás de esa necesidad de ser visto, reconocido y valorado.
Y allí, como planteó Eduardo Cazenave en Radio Up, la respuesta difícilmente esté solamente en las redes: también está en los vínculos, en la presencia y en la mirada de aquellos adultos que acompañan a los chicos mientras construyen quiénes son.
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— Radio Up (@radioupar) August 24, 2026



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