Manuel Antonio Manubens Calvet, el posadeño que protagonizó una de las disputas hereditarias más extensas y singulares de la Argentina, falleció a los 72 años tras una larga enfermedad, dejando una historia marcada por la perseverancia, la búsqueda de identidad y una batalla judicial que se extendió durante casi cuatro décadas.
“Luché todos estos años para que se reconociera mi identidad y lo hice por mi dignidad”, había expresado en vida, reflejando el motor de una pelea judicial que se extendió durante casi cuatro décadas.
Una historia improbable

Nacido en Corrientes y criado en Posadas, Manuel llevó durante años una vida sencilla. Trabajó como locutor y empleado en la Tesorería del Gobierno de Misiones, lejos de imaginar que su destino estaría ligado a la millonaria herencia de Juan Feliciano Manubens Calvet.
El empresario había fallecido en 1981 dejando una fortuna que, tras años de litigios, fue valuada en unos 230 millones de dólares. Recién en 2020, la Justicia cordobesa formalizó su reparto.
Contra todo pronóstico, Manuel logró ser reconocido como uno de los herederos, accediendo a una suma cercana a los 5 millones de dólares.
Origen humilde y una lucha sin pruebas concluyentes

La historia de Manubens Calvet estuvo marcada por la incertidumbre. Hijo de una cocinera que trabajaba en una estancia correntina, creció en un contexto de extrema humildad y sin información sobre su padre.
“Mi mamá no hablaba castellano, solo guaraní, y nunca me dijo quién era mi padre”, relataba. La mujer murió sin revelar ese dato.
Su convicción lo llevó a sostener durante décadas que era hijo del empresario cordobés, incluso cuando las pruebas de ADN no lograban confirmarlo de manera concluyente. Según trascendió, los estudios arrojaban un 66% de probabilidad de parentesco.
Perseverancia y reconocimiento judicial
La batalla judicial comenzó en los años 80, cuando Manuel tomó conocimiento de la existencia de la herencia. Desde entonces, emprendió un largo camino que incluyó viajes, presentaciones judiciales y hasta protestas públicas, como cuando llegó a encadenarse en Villa Dolores para exigir ser escuchado.
En ese recorrido, también enfrentó reveses: fue condenado en primera instancia por falsedad ideológica, aunque posteriormente resultó absuelto por la Cámara de Casación.
Finalmente, su persistencia dio resultado. La Justicia le permitió utilizar el apellido Manubens Calvet y lo reconoció como heredero, en una resolución que cerró uno de los litigios más extensos del país.
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Una vida marcada por la dignidad
A pesar de las dudas que rodearon su historia, Manuel nunca abandonó su reclamo. “El único hijo de Manubens Calvet soy yo”, sostenía con firmeza, incluso frente a la falta de certezas absolutas.
Quienes lo conocieron lo describen como un hombre sereno, de perfil bajo y profundamente convencido de su verdad, que logró transformar un origen humilde en una historia única dentro del ámbito judicial argentino.
Su fallecimiento cierra un capítulo singular, el de un hombre que, más allá del dinero, construyó su legado a partir de la perseverancia y la búsqueda de identidad.
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