Por tercera vez en nueve años, la industria argentina registró en febrero uno de sus peores desempeños de capacidad instalada. Según el INDEC, apenas utilizó el 57,5% de su infraestructura productiva, repitiendo la cifra de enero y dejando inactiva a más del 40% de sus maquinarias.
La radiografía industrial, sin embargo, no es homogénea. “Los sectores que mejor funcionan están ligados a las materias primas. Tienen menos competencia externa”, analiza el Centro CEPA. Entre ellos sobresalen la refinación del petróleo (73,9%), papel y cartón (68,8%), industrias metálicas básicas (67,3%), sustancias y productos químicos (63,4%) y alimentos y bebidas (62,4%).
En particular, la industria alimenticia recibió un impulso de la molienda de oleaginosas (+11,7% según la Secretaría de Agricultura), sumado a una mayor elaboración de bebidas.
Pero el panorama general sigue siendo crítico: en comparación con el promedio histórico de los últimos años, el uso de la capacidad instalada cayó 2,4 puntos porcentuales, y aún se encuentra 11,6% por debajo del nivel entre enero de 2021 y noviembre de 2023.
Metalúrgicas en alerta
La paradoja se ve con claridad en el sector metalúrgico. Si bien hubo una mejora interanual de 7 puntos, impulsada por la demanda de tractores, cosechadoras y electrodomésticos, el uso de capacidad instalada apenas alcanzó el 44%. Es decir, más de la mitad de las plantas permanecen silenciosas.
La Unión Industrial Argentina (UIA) advirtió que el sector metalmecánico emplea a más de 300 mil trabajadores y expresó su preocupación: “Es fundamental que se resuelvan los problemas estructurales de competitividad antes de avanzar en una apertura comercial indiscriminada”.
El gremio teme que las recientes medidas del Gobierno —como la autorización para importar maquinaria usada sin aranceles y sin el Certificado CIBU— generen un impacto destructivo en la industria nacional.

Textiles: los más golpeados
La situación es incluso más grave en los textiles. Según la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la capacidad instalada del sector se ubicó en un alarmante 46,4%. Además, se perdió uno de cada tres empleos industriales eliminados en el último año.
Desde la entidad denuncian una "competencia desigual": “Priorizar la rebaja de aranceles sin aliviar los costos internos pone en riesgo el tejido productivo”.

Actividad económica sin industria
Lo más llamativo es el contraste con la evolución general de la economía. Según datos oficiales, febrero fue el décimo mes consecutivo de mejora económica, superando incluso en 1,9% el nivel previo al inicio de la última recesión.
Los sectores que lideran la recuperación son intermediación financiera (+30,2%) y comercio (+7,4%), que no implican uso de maquinaria ni mano de obra industrial. En cambio, las actividades que sí requieren fábricas y obreros —como la industria manufacturera (+5%) y la construcción (+4%)— crecieron con mucha menor fuerza.
La discusión de fondo sigue siendo la misma: ¿cómo se logra competitividad sin destruir la industria nacional? Mientras se liberan importaciones y se reducen aranceles, las fábricas operan a media máquina o menos, con empleo en riesgo y sin incentivos para reactivar la producción.
Y mientras la macroeconomía muestra algunos signos positivos, la Argentina industrial sigue en pausa. El motor productivo está encendido… pero con el freno de mano puesto.



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