En la recta previa al inicio del ciclo lectivo, la vuelta a clases suele traer ansiedad, cambios bruscos de horarios y tensiones familiares que muchas veces se trasladan a los chicos. En ese contexto, la magíster en Psicopedagogía y docente universitaria Myrian Báez brindó una serie de recomendaciones para transitar el retorno escolar con orden emocional, anticipación y rutinas, evitando que el regreso a la escuela se convierta en un “choque” después de las vacaciones.
En declaraciones a Radio Up, Báez consideró que el momento es clave para que las familias actúen como un sostén, no solo desde la logística sino desde lo afectivo.
“Me parece superoportuno destacar el momento. Estamos en una etapa previa al inicio de clases y es fundamental organizar como esta gerencia de familia, pero siempre pienso en esta idea de familias que alojan”, expresó.
Y amplió el concepto con una mirada emocional: “Cuando hablo de familias que alojan, hablo desde un alojamiento del amor, desde el corazón, desde la empatía, obviamente, y desde todos los cuidados posibles”.

Evitar el “corte abrupto” y el estrés emocional
Báez remarcó que el regreso a clases no debería sentirse como un corte brusco, sino como un proceso. Advirtió que cuando el cambio es abrupto, puede aparecer estrés, frustración o desregulación emocional en niños y adolescentes.
“Para que este retorno a clase sea lo más seguro, cuidado, protegido y que no tenga el impacto de ser un corte abrupto de vacaciones”, explicó. Y agregó: “Que esto en forma lógica traiga aparejado situaciones de estrés, de choque a nivel emocional… esto es lo que trataremos de evitar si es que nos organizamos”.
En ese sentido, insistió en la importancia de anticipar: no es lo mismo avisar de golpe que el lunes vuelven las clases a tener un margen amplio para preparar el cuerpo y la mente.

El “secreto” de los 20 días: hábitos, neurociencia y anticipación
Una de las frases más contundentes de la entrevistada fue sobre el tiempo necesario para crear hábitos. Desde la neurociencia, sostuvo que el sistema nervioso necesita una ventana mínima para adaptarse.
“Es muy distinto decir: faltan más de 20 días, es excelente. ¿Por qué? Porque desde la neurociencia también el cerebro necesita más de 20 días, 20, 21 días para crear hábitos”, explicó. Y completó: “La organización, la anticipación, crear rutinas… y para eso hay que gestionar los cambios”.
Báez puso como ejemplo el modo vacaciones: horarios flexibles, sueño desordenado, menos estructura. Para ella, ese cambio de ritmo requiere transición.
“En vacaciones estamos como en un modo relajado: hay horario flexible, se duerme a cualquier hora, nos levantamos a cualquier hora”, describió.

“Reconciliar el corazón”: el rol del adulto y el clima emocional en casa
La especialista remarcó que el regreso a clases no se juega solamente en cuadernos y útiles, sino también en el estado emocional que los adultos transmiten. “Siempre digo que es importante reconciliar el corazón con estas obligaciones a futuro”, sostuvo.
Y llamó a que madres y padres puedan hablar desde su experiencia, compartiendo recuerdos escolares, para transformar el retorno en algo esperable y motivador. “Qué lindo sería poder compartir cómo fue mi primer grado, cómo fue mi segundo… compartir con ellos nuestras experiencias”, propuso.
Para Báez, la escuela es un motor de aprendizaje, pero también de socialización, y eso debe ser estimulado. “Creo que si hay algo que siempre nos motivó a ir a la escuela es el aprender, el conocer, el crecer y el compartir. Esto es fundamental porque lo social sostiene mucho lo que es la rutina escolar”, afirmó.

Un error común: que el niño perciba la frustración del adulto
Báez advirtió que muchas veces el estrés de los adultos termina “cayendo” sobre los chicos. Por eso pidió evitar expresiones negativas o de carga frente al inicio de clases.
“No estresarlo, porque si el adulto está estresado, fatigado y toma esto como una carga: ‘uy, ya falta otra vez, estamos empezando el año, hay que volver, hay que gastar’…”, describió.
Y agregó un concepto potente: “Esa mochila que tal vez la compramos a X precio tiene un precio mucho más grande, desde lo negativo y también desde lo positivo, depende de cómo nos paremos frente a ella. ¿Cómo cargar esa mochila? Va a depender mucho de la dinámica familiar”.
“No es gasto, es inversión”: cómo cambiar la mirada familiar
En otro tramo, la psicopedagoga pidió reemplazar una palabra que se repite en esta época: “gasto”. Para ella, la educación debe pensarse como inversión. “Cambiar la palabra gasto por inversión”, dijo. Y enfatizó: “Entender que la educación siempre fue y siempre va a ser una inversión. Es lo mejor que podemos dar a nuestros hijos”.
La especialista consideró que modificar esa perspectiva ayuda a bajar ansiedad, evitar discusiones y construir expectativas positivas.
Adaptación: inicial, primaria y el “cordón” hacia la escuela
Respecto a las diferencias entre niveles, Báez indicó que el inicio en nivel inicial tiene particularidades emocionales fuertes, tanto para niños como para los adultos. “La mochilita con todos los preparativos debe también ser cuidada”, señaló.
Entre los aspectos a trabajar en casa, mencionó acciones concretas vinculadas a la autonomía: ir al baño solos, pedir ayuda, socializar, levantar la mano para hablar, o pedir permiso.
También habló del valor de nombrar el entorno escolar para generar confianza: “Si conocemos el nombre de la seño que le va a tocar… ya decir ‘mira, este año vas a trabajar con tal mae’”, recomendó. Y sumó una frase que reflejó la carga emocional de esta etapa: “A veces la que llora es la madre y el que expresa el llanto es el hijo”.
Su consejo fue construir confianza: en el niño, en el docente y en la escuela. “Trabajar este corte de cordón hacia el sistema educativo con amor y con confianza”, expresó.

Bullying y años difíciles: “la familia tiene que ser ese lugar seguro”
Consultada por casos donde el año anterior fue difícil o existieron situaciones de bullying, Báez sostuvo que el abordaje no es lineal, sino múltiple, y que la contención familiar es el primer bastón.
“Son temáticas muy profundas y que no tienen un abordaje lineal, sino multicausal… es fundamental que también se aborden desde todas las aristas”, explicó. Sin embargo, dejó una idea central: la familia como refugio. “Para mí lo más importante… es primero el trabajo de acogimiento familiar hacia el hijo. Reconfortar su corazón, su alma”, sostuvo.
Y agregó: “Pienso en esta gran necesidad… de volvernos comunidad. Que la familia sea ese lugar seguro donde siempre voy a contar lo que me pasa, donde siempre voy a poder ir a tomar fuerzas para salir al mundo”.
Además, remarcó que los acompañamientos profesionales ayudan, pero no reemplazan el rol emocional cotidiano de los padres. “El psicólogo, el psicopedagogo, el maestro… el más importante siempre va a ser el papá y la mamá”, afirmó.
Dentro de las recomendaciones prácticas, Báez también apuntó a un hábito cada vez más frecuente: pantallas hasta último momento. “Apagar un poco el teléfono. Cada vez más. Necesitamos 3 horas antes de dormir estar sin pantallas. Esto es importantísimo”, advirtió.

El consejo final: “la mochila también lleva herramientas que nacen en la familia”
Para el cierre, Myrian Báez dejó un mensaje directo para madres y padres: bajar la ansiedad, ordenar rutinas y acompañar durante todo el proceso, sin soltarlos. “Calma, organización, entender que estamos a tiempo”, expresó.
Y remarcó el concepto familiar como base del rendimiento y la estabilidad emocional: “Nunca se olviden de esto: en la mochila del hijo va el hijo con los útiles y va con las herramientas que muchas veces nacen y se sostienen en la familia”.
Finalmente, resumió el rol familiar como guía constante: “La familia tiene que seguir mirando los cuadernos, tiene que seguir aplaudiendo los logros y seguir acompañando las heridas también a los hijos”.



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