La violencia entre estudiantes ya no se limita al espacio físico de las escuelas. Las burlas, amenazas, agresiones y situaciones de exclusión pueden continuar a través de las redes sociales, incluso cuando los alumnos regresan a sus hogares.
Según los cuestionarios complementarios de las pruebas Aprender, el 63% de los estudiantes declaró haber sufrido alguna situación de violencia. Además, más de la mitad de los alumnos de sexto grado manifestó haberse sentido excluida alguna vez dentro del aula.
Los datos fueron analizados por Sol Alzú, analista de datos y política educativa de Argentinos por la Educación, quien advirtió sobre el alcance que adquirió el hostigamiento entre pares a partir de las plataformas digitales.

Para que una situación sea considerada bullying deben existir agresiones físicas, verbales o psicológicas reiteradas en el tiempo y una relación desigual de poder entre los involucrados. Esta diferencia puede estar relacionada con la edad, la fuerza o la popularidad dentro del grupo.
El problema también representa un desafío para las instituciones educativas. Según los datos mencionados por la especialista, uno de cada tres directivos de escuelas estatales interviene en situaciones de violencia, mientras que en los establecimientos privados la proporción es de uno de cada cuatro.

Frente a este escenario, la prevención requiere el compromiso de docentes, directivos, estudiantes y familias. La generación de espacios de diálogo, talleres y acuerdos de convivencia son algunas de las herramientas para detectar situaciones de hostigamiento y evitar que los conflictos se profundicen.
El desafío es que la escuela sea un espacio seguro también fuera del aula, en un contexto donde las nuevas tecnologías hacen que el acoso pueda continuar incluso después del timbre de salida.



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