Los resultados de las Pruebas PISA volvieron a poner bajo la lupa el desempeño educativo argentino, especialmente por las dificultades en comprensión lectora y el retroceso registrado en distintos indicadores. En diálogo con Radio UP, el filósofo y educador Eduardo Cazenave sostuvo que más allá de las posiciones que puedan generarse alrededor de las evaluaciones, el primer paso es medir para conocer qué ocurre y poder modificarlo.
“Lo que no medís no lo mejoras”, afirmó Cazenave al referirse a la importancia de las evaluaciones educativas. En ese sentido, explicó que las Pruebas PISA no evalúan a la totalidad de los estudiantes del país, sino que trabajan con una muestra estadística representativa.
Para el educador, la lectura de los resultados debe hacerse como una película y no solamente como una fotografía. “Lo importante en la medición no es la foto sino la película”, señaló, y consideró que las evaluaciones periódicas permiten observar la evolución del sistema educativo a lo largo del tiempo.
Al analizar el desempeño argentino, Cazenave fue contundente: “Muy mal”. Si bien reconoció que hubo un descenso generalizado en distintos países, advirtió que Argentina continúa con dificultades importantes y que no se encuentra entre los mejores resultados de Latinoamérica.
Uno de los aspectos que más preocupación le genera es la caída de la comprensión lectora. Según planteó, el problema no debe analizarse únicamente desde los resultados, sino a partir de las condiciones que atraviesan al sistema educativo y de las decisiones que se toman dentro y fuera de las escuelas.
Exigencia y aprendizaje
Cazenave sostuvo que uno de los principales problemas de la educación argentina es que durante los últimos años se priorizó la permanencia de los estudiantes en las escuelas por encima del aprendizaje.
“Generamos un sistema inclusivo donde el chico está en el colegio, pero el aprendizaje no ha sido el centro de la mirada sociopolítica de los últimos años”, afirmó.
En ese sentido, cuestionó un esquema en el que los estudiantes pueden avanzar de año pese a no haber alcanzado determinados aprendizajes y consideró necesario recuperar mayores niveles de exigencia.
Para Cazenave, esto no significa aplicar una educación sin límites, sino construir una “exigencia humanista”, basada en la confianza en las capacidades del estudiante.
“El buen docente, el buen padre, el buen educador, es un amor que exige, es un amor que espera”, sostuvo. Y agregó que muchas veces es necesario que un adulto confíe en las capacidades de un joven incluso cuando él mismo no confía en ellas.
La familia y el rol docente
Al referirse a los factores que pueden explicar los resultados, Cazenave relativizó la idea de que el nivel socioeconómico sea el único condicionante. Según explicó, las evaluaciones también muestran la importancia del acompañamiento familiar.
“Ha aparecido justamente el factor resiliente de chicos de bajo nivel socioeconómico, pero una familia comprometida con la educación de sus hijos”, señaló.
Para el educador, ese compromiso implica acompañar, exigir y estar presente en el proceso educativo, independientemente de las posibilidades económicas de cada familia.
También cuestionó la pérdida de valoración y autoridad social de los docentes. Consideró que en los sistemas educativos que obtienen mejores resultados el docente es respetado y reconocido por la comunidad.
“Donde le fue bien, el docente tiene un sueldo razonable, no necesariamente el mejor, pero es valorado por la sociedad, es respetado”, sostuvo.
En esa línea, planteó que las familias y las instituciones deberían acompañar las decisiones pedagógicas de los docentes, siempre dentro de los límites correspondientes, para recuperar una autoridad que considera necesaria para el funcionamiento del aula.
Evaluar también a los docentes
Otro de los puntos centrales de su análisis fue la formación y evaluación de los docentes. Cazenave sostuvo que las Pruebas PISA y las evaluaciones APRENDER terminan reflejando, en buena medida, los resultados del trabajo docente.
“Se evalúa al alumno porque el alumno es el resultado de la enseñanza del docente”, explicó.
Por eso, propuso que los docentes puedan atravesar procesos periódicos de capacitación y evaluación de sus conocimientos. A su criterio, debería elevarse la vara tanto en los centros de formación docente como en las instancias de capacitación posteriores.
También cuestionó que dentro del sistema educativo argentino el crecimiento salarial esté vinculado principalmente con la antigüedad.
“El sistema educativo que nosotros tenemos en Argentina no es meritocrático”, afirmó, y señaló que debería existir una relación más directa entre formación, desempeño y reconocimiento profesional.
En el caso de Misiones, además, planteó la necesidad de revisar los mecanismos vinculados a la permanencia de docentes en actividad cuando su desempeño no es adecuado.
“Los héroes de este sistema educativo”
Cazenave también destacó el trabajo de los docentes que, pese a las dificultades del sistema, consiguen generar aprendizajes y sostener la motivación de sus estudiantes.
“Aplauso a esos docentes que a pesar de todo eso logran resultados y aprendizajes y la siguen remando, porque son los héroes de este sistema educativo”, expresó.
Finalmente, sostuvo que la transformación educativa debe abordarse de manera integral, pero ubicó al docente como uno de los principales ejes del cambio.
“El eje es el docente: medir resultados y darle la autonomía, la capacidad de poder tomar decisiones y avalarle esas decisiones para acompañar una enseñanza que tiene que tener más exigencia, más meritocracia, y entonces tenemos mejores resultados”, concluyó.
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