Durante las últimas semanas, en Arriba la Radio, por Radio Up, el filósofo y educador Eduardo Cazenave analizó el rol de los distintos actores que forman parte del sistema educativo. Después de hablar de docentes, directivos y alumnos, llegó el turno de uno de los protagonistas fundamentales: los padres.
Cazenave puso el foco en la relación entre las familias y las instituciones educativas, el lugar que deben ocupar los padres, la pérdida de autoridad de los docentes, los grupos de WhatsApp y, especialmente, la necesidad de recuperar la confianza entre la escuela y las familias.

Padres y escuela: una sociedad que necesita recuperar la confianza
Para Cazenave, la relación entre padres y escuela debería construirse como una verdadera sociedad en torno a la educación de los chicos. “Papás y colegio es un matrimonio de enseñanza fundamental”, sostuvo durante la columna, aunque aclaró que ese vínculo necesita límites claros. En ese sentido, remarcó que el aula es territorio del docente y que los padres no deberían intervenir directamente en ese espacio. “Claramente, dentro del aula no. Está la maestra, cierra la puerta y el lugar del papá no es dentro del aula”, explicó.
El educador planteó además que uno de los principales problemas aparece cuando los adultos discuten sus diferencias delante de los chicos. “Si la discusión se da frente al niño, pierde alguno de los dos en autoridad”, afirmó.
Según Cazenave, las diferencias entre la familia y la institución deben resolverse entre adultos y sin colocar al alumno en el medio. Para graficarlo, comparó la situación con lo que ocurre dentro de una familia cuando los padres se contradicen frente a sus hijos. “Mamá me retó y papá dice: ‘¿Para qué la retaste?’ Son esas discusiones. El chico dice: ‘Ok, ¿a quién le hago caso? ¿Dónde está la autoridad?’”, ejemplificó.
Por eso, consideró que el primer paso debería ser recuperar una relación basada en la confianza. “Yo te elegí como colegio y confío de antemano que esta decisión que tomaste debe tener algún criterio que yo no estoy entendiendo, que hoy no comparto”, sostuvo.

La escuela también tiene que preguntarse qué lugar les da a los padres
Aunque Cazenave marcó responsabilidades de las familias, también fue autocrítico con las instituciones educativas. Para el filósofo, la responsabilidad de construir ese vínculo debe estar principalmente en las escuelas, porque son las profesionales de la educación. “Creo que las dos cosas, pero creo que la responsabilidad de liderar este lugar es de las escuelas. Los que son profesionales de la educación son los colegios”, explicó.
En ese sentido, planteó que cada institución debería preguntarse qué lugar quiere darle a las familias. “Los colegios somos los que tenemos que resolver qué lugar queremos darle a los padres”, afirmó.
Su propuesta tiene un nombre concreto: la escuela amable. “Yo creo en algo que se llama la escuela amable. La escuela abierta, la escuela que invita, la escuela que dialoga, la escuela que escucha, la escuela que responde a través de mil canales”, describió.
Para Cazenave, las instituciones educativas fueron adoptando una postura cada vez más defensiva frente a las familias. “Los colegios, sin darnos cuenta, nos fuimos poniendo todos a la defensiva. Y fuimos rajando a los padres”, sostuvo.

Padres que cambiaron y una escuela que debe adaptarse
El educador también reconoció que los padres de hoy tienen una relación diferente con sus hijos. Están más cerca, más informados y, en muchos casos, más involucrados. Pero esa cercanía, según Cazenave, puede convertirse también en un problema cuando elimina la posibilidad de que los chicos asuman responsabilidades. “Los padres de hoy están más cerca de los chicos. En muchas cosas sí. En otras cosas están tan cerca que los aplastan”, explicó.
Para describir esa situación creó incluso un término propio: “empastarse”. “Yo digo la diferencia entre empatía y empastía.”, contó.
La diferencia, según explicó, está en acompañar una emoción sin eliminar el límite o la responsabilidad. “La diferencia entre validar la emoción, pero después ponerle un límite, entre comprar la emoción de manera tal que el chico esquivó la responsabilidad que le tocaba”, señaló.
Y trasladó ese ejemplo directamente al ámbito escolar. “Esta tarea no la entiendo porque la maestra me lo explicó mal. ‘Ay, pobrecito, cuchi cuchi. Esta maestra, vamos, explicó mal, le explicó como el culo’”, ejemplificó. Para Cazenave, ese tipo de reacción puede terminar debilitando la autoridad del docente y enseñándole al chico que ante cualquier dificultad la responsabilidad siempre está del otro lado.

El grupo de WhatsApp de padres: ¿problema o herramienta?
Uno de los puntos más interesantes de la columna fue el análisis de los grupos de WhatsApp de padres, espacios que muchas veces se convierten en escenario de discusiones, reclamos y conflictos.
Cazenave, lejos de rechazarlos, se mostró a favor de su existencia. “Yo creo que sirve. Después se prende el uso que le dan”, afirmó. Para el educador, estos grupos pueden ser útiles para cuestiones cotidianas: organizar cumpleaños, compartir información, avisar una ausencia o comunicarse entre las familias. “Está bueno ese vínculo de comunicación, ese camino”, sostuvo.
Incluso destacó que pueden servir para detectar situaciones que necesitan atención de la escuela. “Doy fe que a veces es: ‘Che, miren, hoy mi hija vino triste porque me dijeron tal cosa’”, contó.
El problema aparece cuando el grupo se transforma en un acelerador de conflictos. “Muchas veces cuando son cuestiones de conducta, los padres queremos la inmediatez de la solución de la conducta”, explicó. Y allí puso un límite claro a las expectativas de las familias: “Yo como colegio digo: ‘No tengo el botón para cambiar conductas de nadie’”.
Para Cazenave, situaciones como el bullying requieren tiempo, intervención y un abordaje integral. “Es sistémico, no hay un botón que cambie”, remarcó.

WhatsApp y la inmediatez: cuando la emoción llega antes que la reflexión
Uno de los grandes cambios que produjo la tecnología, según Cazenave, fue la velocidad con la que los conflictos llegan desde la escuela hasta los padres. Antes, explicó, había un tiempo entre lo ocurrido en el colegio y el momento en que el chico podía contarlo en su casa. Ese tiempo permitía que bajara la intensidad emocional.
Hoy, el celular modificó completamente esa dinámica. “Hoy es la inmediatez”, resumió.
Y lo ejemplificó con una escena que puede resultar familiar para muchas familias: “El chico sale del colegio, agarró su teléfono, ya ahí le escribió, mandó un mensaje a la mamá. La mamá ya agarró y le mandó a otras 700, se enroscaron todo. No pasó media hora que esa mamá ya está en la puerta y golpeando la puerta y la directora ni sabe qué pasó todavía”.
Para Cazenave, esa velocidad puede impedir que los adultos filtren sus emociones antes de reaccionar. “Toda esa inmediatez... y el WhatsApp nos ha generado una dependencia y un no filtrar nuestras emociones”, sostuvo.

Los padres también tienen que recuperar protagonismo
Otro de los puntos que planteó Cazenave fue la participación desigual de madres y padres en la vida escolar. “Yo quiero estar también, yo quiero saber qué sucede con el hockey de mi hija”, afirmó, para luego poner el foco en una cuestión más profunda. “Los papás nos hemos corrido”, señaló.
Según explicó, históricamente gran parte del seguimiento cotidiano de la educación quedó en manos de las madres. “Las que van son las mamás, las delegadas son las mamás”, describió.
Para Cazenave, los padres deben volver a involucrarse activamente en la educación de sus hijos y no delegar esa responsabilidad exclusivamente en las madres o en la escuela. En tono de reflexión, incluso vinculó esta cuestión con una figura histórica de la educación argentina: “Si el padre que pronto lo vamos a celebrar, y yo estoy releyendo su vida, era Sarmiento, era nuestro padre de la educación, ¿y qué nos pasó?”.
No solamente llamar cuando hay problemas: también hay que felicitar
Cazenave también apuntó a una costumbre instalada en muchas escuelas: contactar a los padres principalmente cuando ocurre algo negativo.
La pregunta que planteó fue sencilla pero contundente: ¿qué siente un padre cuando ve que lo llama la escuela? “Si hoy, ahora, suena el teléfono y es el colegio, ¿qué piensa cualquiera si te está llamando ahora el colegio de tus hijos? ‘¿Qué pasó?’”. La respuesta es reveladora. “Quiere decir que los colegios solo llamamos cuando pasó algo”, sostuvo.
Por eso, propuso que las instituciones también tengan una política de comunicación positiva. “Todos los años deberíamos tener mínimo una entrevista con alguno de los padres para decirle: ‘Che, no sabés qué bien que anda tu hijo’ y charlar una charla amena”, planteó.
Y allí aparece otro elemento que considera fundamental: el agradecimiento. “Vamos a felicitar. Vamos a agradecer”, pidió.
Para Cazenave, los docentes también necesitan recibir reconocimiento por su trabajo. “Los docentes sabemos que un gracias vale por muchos que no te lo dicen y te levanta y te da eso que te motiva a volver a ir”, afirmó.

Los padres que nunca aparecen: la escuela no puede dejar de buscarlos
Cazenave también diferenció entre los padres que participan activamente, aquellos que lo hacen ocasionalmente y quienes directamente no aparecen en la vida escolar. “Creen que en la escuela es como un depósito de chicos: ‘Así yo resuelvo mi vida. Lo vengo a buscar dentro de 12 años’”, ironizó.
Sin embargo, incluso frente a esos padres, el educador sostuvo que la escuela no puede simplemente abandonar el vínculo. “Tenés que seguir como colegio abriendo ventanas, puertas y canales”, explicó.
Y contó una experiencia personal para mostrar hasta dónde puede llegar esa búsqueda. “Si yo necesito hablar en algún momento con un padre, le voy a buscar la vuelta”, afirmó.
En una ocasión, relató, un padre le decía que no podía reunirse con él. Cazenave comenzó entonces a ofrecerle distintos horarios hasta encontrar uno posible. “Sábado a la mañana, ¿podés? O sea, domingo a la mañana. Si yo necesito, necesito tu hijo”, contó.
Para él, esa insistencia también comunica algo. “Yo le estoy mostrando como director que a mí sí me interesa su hijo”, explicó.

Recuperar la autoridad, pero desde un lugar amable
En el cierre de la columna, Cazenave volvió sobre uno de los conceptos centrales de su análisis: la autoridad.
Para él, la escuela necesita recuperar autoridad frente a las familias y los docentes frente a los alumnos, pero no desde una posición autoritaria. “Lo que necesitamos como padres primero, porque ese es nuestro lugar, es volver a darle el voto de confianza a una autoridad amable, pero autoridad al fin”, sostuvo.
Y también dejó una responsabilidad concreta para las familias: “Si el colegio dijo, por algo lo dijo”.
Al mismo tiempo, insistió en que las instituciones deben hacer su parte y trabajar para construir un vínculo más cercano. “Los colegios tienen que ver cómo podemos, en vez de prohibido, empezar a poner lenguaje que sea positivo”, afirmó.
La conclusión de Cazenave fue una invitación a revisar el vínculo desde ambos lados: padres que vuelvan a involucrarse, escuelas que vuelvan a abrir sus puertas y docentes cuya autoridad sea respetada.
Porque, en definitiva, para el educador, el centro de toda esta discusión no debería ser ni la familia ni la institución, sino el chico. “El centro es mi alumno. A mí lo que me importa es tu hijo”, resumió.
Y cerró con una autocrítica que también alcanza a las escuelas: si la llamada de una institución educativa genera automáticamente miedo en una familia, algo en la comunicación necesita cambiar. “Si el teléfono suena y lo que nos genera a todos es ‘¿qué pasó?’ y susto, es que decir que la comunicación que estamos teniendo en los colegios no es buena. No es buena”.



//



