Dormir menos de siete horas por noche no solo genera cansancio: también puede recortar años de vida. Así lo reveló un estudio dirigido por Andrew McHill, profesor asociado de la Oregon Health & Science University (OHSU), que examinó información de más de 3.000 condados de Estados Unidos.
El análisis, basado en encuestas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y datos de esperanza de vida por condado, mostró una correlación constante: menos de 7 horas de sueño = menor longevidad, independientemente de la dieta, el ejercicio o la situación social.

“No esperaba que estuviera tan fuertemente correlacionado con la esperanza de vida”, admitió McHill al presentar los resultados.
La falta de sueño quedó ubicada como el segundo factor conductual que más incide en una vida más corta, solo detrás del cigarrillo y por encima de la inactividad física y la diabetes.
Aunque el estudio no indaga en causas específicas, los investigadores señalan que el sueño regula procesos esenciales:
Salud cardiovascular
Sistema inmunológico
Metabolismo
Función cerebral
Su alteración aumenta el riesgo de enfermedades crónicas y mortalidad prematura. Otras investigaciones coinciden: el sueño insuficiente afecta la memoria, el estado de ánimo, la presión arterial y el control de la glucosa.
El cardiólogo argentino Daniel López Rosetti alertó en Infobae que “dormir no es un lujo, sino una necesidad biológica imprescindible para el bienestar físico, psicológico y emocional”.

El mínimo recomendado: siete horas por noche
El estudio adoptó las recomendaciones de los CDC, la American Academy of Sleep Medicine y la Sleep Research Society, que establecen:
Mínimo recomendado: 7 horas por noche
Meta ideal: entre 7 y 9 horas
McHill remarcó que alcanzar ese umbral debería ser una prioridad de salud pública, especialmente en un país donde el sueño insuficiente es cada vez más común.
Consecuencias visibles: obesidad, hipertensión y deterioro cognitivo
La Asociación Estadounidense del Corazón (AHA) advirtió que acostarse después de la medianoche o dormir en horarios irregulares aumenta:
obesidad,
hipertensión,
colesterol elevado,
glucosa alta,
riesgo cardiovascular.
Además, investigaciones recientes de la Universidad de Saint Joseph demostraron que la privación del sueño altera el metabolismo neuronal de forma similar a lo observado en enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
El sueño como pilar de la salud integral
Desde 2022, la AHA incorporó la calidad del sueño dentro de sus Life’s Essential 8, un conjunto de pilares que determinan la salud cardiovascular junto con la alimentación, la actividad física y el control de factores metabólicos.
La entidad define siete componentes clave del buen descanso:
Continuidad del sueño
Regularidad de horarios
Satisfacción subjetiva
Arquitectura del sueño
Ausencia de trastornos
Capacidad de mantenerse alerta durante el día
Duración adecuada
Dormir bien no solo mejora la energía y el ánimo: actúa como un escudo protector para el corazón, el cerebro y la longevidad, destacaron los especialistas.



//



