El aumento de infecciones respiratorias durante la temporada invernal vuelve a poner en foco el dolor de garganta como uno de los síntomas más comunes. El problema puede originarse por virus, bacterias o incluso factores ambientales, y su correcta identificación es clave para evitar tratamientos innecesarios o riesgosos.
La médica otorrinolaringóloga Ana Cofré (M.N. 117.124 / M.P.R.N. 8.815), directora del Centro Patagónico de Otorrinolaringología, explicó que las causas más habituales son la faringitis viral y la amigdalitis, esta última con mayor incidencia en niños y adolescentes, aunque también presente en adultos.
En este contexto, la especialista remarcó que no siempre existe una infección: el aire seco de ambientes calefaccionados, el tabaco, el sobreuso de la voz o el reflujo gastroesofágico pueden generar irritación sin presencia de virus o bacterias.
Cómo distinguir el origen del dolor de garganta
El cuadro clínico varía según la causa. En infecciones virales, los síntomas suelen incluir congestión nasal, tos, malestar general y febrícula, acompañando el dolor de garganta.
En cambio, cuando el origen es bacteriano —frecuentemente por Streptococcus pyogenes— los signos tienden a ser más intensos: fiebre alta repentina, dolor al tragar, ganglios inflamados y presencia de placas en las amígdalas.
La Dra. Cofré advirtió además sobre una complicación menos frecuente pero más grave: el absceso periamigdalino, que puede presentarse con dolor unilateral intenso, irradiación hacia el oído y aumento asimétrico de las amígdalas. En estos casos, la atención médica urgente es indispensable.

El error más común: el uso innecesario de antibióticos
Uno de los principales problemas en el tratamiento del dolor de garganta es la automedicación con antibióticos. La mayoría de los casos son virales, por lo que estos fármacos resultan ineficaces.
El uso incorrecto contribuye al desarrollo de resistencia antimicrobiana, considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una de las mayores amenazas para la salud global. Estudios internacionales estiman que esta problemática causa más de 1,2 millones de muertes al año.
Cuando el tratamiento antibiótico sí es necesario, suele indicarse amoxicilina o penicilina durante 7 a 10 días, siempre bajo prescripción médica. Interrumpir el esquema antes de tiempo puede favorecer recaídas y resistencia bacteriana.

Tratamientos según el origen del cuadro
En infecciones virales o irritaciones leves, el abordaje es sintomático: analgésicos, antiinflamatorios, hidratación y reposo vocal. La evolución habitual se extiende entre cinco y siete días.
Entre los recursos complementarios, se destacan medidas simples como gárgaras con agua y sal, miel, infusiones tibias o frías según la tolerancia, y jengibre, todos con efectos paliativos sobre la irritación.
La especialista también señaló que la bufanda no previene el contagio, pero sí ayuda a atemperar el aire inhalado, reduciendo la irritación de las vías respiratorias.
Cuándo es necesario consultar al médico
Existen signos de alarma que requieren evaluación profesional inmediata:
- Fiebre alta persistente por más de tres días
- Dolor intenso que no mejora con analgésicos
- Dificultad para tragar o respirar
- Inflamación asimétrica de las amígdalas
- Síntomas que se prolongan más de una semana sin evolución
En estos casos, un diagnóstico temprano resulta clave para evitar complicaciones en zonas profundas del cuello o infecciones del oído medio.



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