El cierre de 2025 dejó una fotografía económica atravesada por señales contradictorias y diagnósticos dispares sobre el verdadero estado de la actividad económica e industrial en la Argentina. En un contexto marcado por la debilidad del consumo interno, un mercado laboral sin recuperación sostenida y una estructura productiva sostenida por apenas algunos sectores dinámicos, los principales indicadores privados mostraron resultados que, lejos de converger, reflejan la falta de un rumbo claro.
Los informes difundidos en las últimas horas por la Agencia Noticias Argentinas dan cuenta de esta dualidad. Mientras algunas mediciones señalan leves avances hacia el final del año, otras advierten retrocesos que confirman la fragilidad de la recuperación y la persistencia de desequilibrios estructurales que condicionan el crecimiento.
El Índice Líder de Actividad muestra un avance moderado
Según el Índice Líder de Actividad (ILA), elaborado por la consultora Analytica, la actividad económica registró en diciembre un crecimiento mensual del 0,2%, lo que permitió cerrar el último trimestre del año con una suba marginal del 0,1%. En el acumulado anual, el indicador reflejó un avance del 4,3% durante 2025.
Desde la consultora señalaron que el desempeño estuvo explicado, en gran medida, por factores puntuales, lo que limita su capacidad para anticipar una recuperación homogénea del conjunto de la economía. En ese sentido, el informe advirtió que el crecimiento no se encuentra generalizado y depende de un número reducido de actividades.

Sectores que impulsaron la mejora según Analytica
Entre los factores expansivos, el ILA destacó nuevamente el fuerte crecimiento de las ventas mayoristas de vehículos a concesionarios, que mostraron un aumento del 21,1%, un dato que refleja una recomposición parcial de stocks más que una mejora sostenida del consumo final.
También se observó una recuperación moderada de la construcción, reflejada en la suba del Índice Construya (+8,0%), junto con un leve aumento del consumo de cemento (+0,3%), indicadores que sugieren una reactivación selectiva del sector.
A su vez, la demanda de electricidad de los grandes usuarios registró un incremento significativo del 7,2%, consistente con una mejora puntual en el nivel de actividad de sectores intensivos en energía. En el plano fiscal, la recaudación del IVA mostró una suba moderada del 0,7%, aunque sin evidenciar una reactivación robusta del consumo masivo.
El índice de Ferreres advierte señales de estancamiento
En contraste con esta lectura, el Índice General de Actividad (IGA-OJF), elaborado por el estudio de Orlando Ferreres, presentó un diagnóstico más cauteloso. De acuerdo con esta medición, la actividad económica mostró en diciembre una contracción interanual del 0,2%, aunque el acumulado de 2025 cerró con una suba del 4,7%.
Sin embargo, la medición desestacionalizada arrojó una caída del 0,6% respecto de noviembre, un dato que refuerza la percepción de un freno en la dinámica económica hacia el final del año y pone en duda la solidez del rebote observado en algunos meses.

Agro y energía sostienen los números
El informe de Ferreres destacó un fuerte desempeño del sector agropecuario, que registró en diciembre una suba del 8,7%, impulsado por mejores rindes y condiciones climáticas más favorables. En la misma línea, el rubro de minas y canteras, especialmente vinculado al petróleo, mostró un crecimiento del 8,1%, consolidándose como uno de los principales motores de la actividad.
En sentido contrario, la industria manufacturera volvió a mostrar signos de debilidad, con una caída del 1,4%, confirmando su rol como uno de los sectores más rezagados y afectados por la baja del consumo, el encarecimiento del financiamiento y la pérdida de competitividad.
Industria, consumo y crédito: los principales focos de debilidad
Más allá de las diferencias metodológicas entre ambos indicadores, las divergencias surgen de la conformación de cada índice y de las ponderaciones asignadas a las distintas ramas de actividad. No obstante, los resultados coinciden en un punto central: el crecimiento no logra consolidarse de manera equilibrada.
El ILA advirtió que persisten debilidades estructurales en la industria y en los indicadores financieros. La producción de autos volvió a caer con fuerza, con un retroceso del 9,1%, acompañada por una baja en los patentamientos (-1,8%), lo que evidencia un mercado interno aún deprimido.
A ello se sumó una contracción del crédito, con una caída del 0,5% en los préstamos, junto con un descenso del 1,1% en la confianza del consumidor, medida por la Universidad Torcuato Di Tella. Estos datos reflejan un escenario de cautela por parte de hogares y empresas.
Empleo formal e importaciones, sin señales de recuperación
Otro de los puntos críticos señalados por los informes es la evolución del empleo formal. La recaudación de la seguridad social registró una nueva caída del 1,1%, lo que sugiere que las mejoras puntuales de la actividad aún no se traducen en una recuperación sostenida del mercado laboral.
En paralelo, las importaciones de bienes continuaron en descenso, con una baja del 2,4%, un indicador que confirma la persistencia de una demanda agregada contenida y la ausencia de un ciclo expansivo más amplio.
Los relevamientos sobre la actividad de las pymes refuerzan esta lectura, mostrando una tendencia que se mantiene en terreno negativo, condicionada por la caída del consumo, la escasez de financiamiento accesible y el deterioro del poder adquisitivo de los ingresos.

Perspectivas para 2026: más estabilidad, pero con desafíos pendientes
De cara al año que acaba de comenzar, el estudio de Orlando Ferreres trazó un panorama algo más optimista, aunque con advertencias. “Pensando ya en el año que acaba de comenzar, el panorama parece más despejado, con mayor orden político, y con la macroeconomía en una situación más estable”, señaló el informe.
En ese marco, consideró que esta mayor estabilidad debería traducirse en una mejor oferta de crédito productivo y en una recuperación de los niveles de inversión, claves para sostener el crecimiento.
No obstante, el trabajo también subrayó las debilidades persistentes. “Entre las debilidades, debemos mencionar un mercado laboral estancado y precarizado, e ingresos de las familias deprimidos, factores que influyen negativamente en la demanda interna”, concluyó el informe, dejando en claro que el desafío será transformar la estabilidad macroeconómica en una recuperación real del consumo y el empleo.
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