Un reconocido comercio situado sobre la calle Colón a metros de Córdoba, en Posadas, inició una liquidación de precios y cerrará sus puertas el próximo 31 de agosto de 2026, después de más de tres décadas de actividad y en medio de una fuerte caída de las ventas. La decisión fue tomada por sus responsables ante el impacto de la crisis económica nacional, el aumento de los costos y las dificultades para sostener la estructura del negocio.
El cierre afecta tanto a los propietarios como a los trabajadores, que deberán buscar nuevas alternativas laborales. En diálogo con Radio Up, Abigail Horehled, comerciante y trabajadora del local, explicó que la situación se volvió insostenible y que la medida responde a un deterioro que se profundizó durante el último tiempo.
“Es complicada. Es complicado para los empleados, tanto como para mí y mi compañero”, sostuvo Horehled al referirse al cierre que se concretará el 31 de agosto.
La trabajadora contó que fue una de las personas que permaneció en el comercio mientras otros empleados fueron dejando sus puestos al advertir que la situación económica ya no permitía sostener la actividad.
“Somos los que fuimos quedando a medida que distintos empleados fueron también buscando su otro rumbo cuando ya vieron que la situación no iba más”, relató.

Según explicó, la decisión de cerrar no fue repentina. La propietaria venía evaluando la posibilidad desde el año pasado debido al deterioro de las condiciones económicas y a la caída de las ventas.
“Fue una decisión que ya venía arrastrando del año pasado debido a la situación económica”, señaló Horehled.
El negocio tenía una fuerte trayectoria comercial y representaba además un proyecto personal para su propietaria.
Horehled también vinculó la caída de la actividad con un cambio en los hábitos de consumo. En un contexto de pérdida del poder adquisitivo, explicó que las familias priorizan productos esenciales y dejan en segundo plano las compras vinculadas con la decoración y otros bienes.
“La gente está más abocándose a las compras que necesita, que es la supervivencia”, afirmó.
El comercio, dedicado a la venta de productos para el hogar y decoración, comercializaba artículos de fabricación nacional, entre ellos sillones de cuero, lámparas, copas de vidrio y copas de cristal.
Para Horehled, uno de los principales problemas es que el aumento de los costos se produjo mientras el consumo interno perdió fuerza. Entre los gastos que mencionó aparecen la electricidad, el alquiler, el agua y la mercadería, factores que impactaron directamente sobre la estructura de costos.
“La luz subió, subió el alquiler. Subieron las cosas como el agua, la mercadería”, manifestó.
La comerciante también cuestionó la falta de herramientas de financiamiento que, según recordó, anteriormente facilitaban el consumo y permitían a los negocios sostener parte de sus ventas.
En ese sentido, mencionó el impacto que tuvo la eliminación de programas de financiación que permitían a los consumidores acceder a determinados productos en cuotas y con tasas más accesibles.
Para la trabajadora, las dificultades no se limitan a un comercio puntual. Consideró que el sector comercial atraviesa una situación generalizada y que los cierres de establecimientos terminan repercutiendo en toda la economía.
“Son muchos negocios cerrados. Son mucha gente desempleada”, advirtió.
Otro de los puntos señalados durante la entrevista fue el impacto de la competencia de productos importados sobre los comercios que venden artículos fabricados en Argentina.
Horehled sostuvo que la apertura de las importaciones generó una competencia que, desde su perspectiva, resulta difícil de afrontar para los comerciantes locales debido a las diferencias de costos y a la carga impositiva.
“Al abrir eso, traerlo de una economía más barata de un país donde supuestamente no nos llevamos bien, que es China, hace que la competencia sea desleal”, afirmó.
La situación también genera incertidumbre entre quienes trabajan en el comercio. Con el cierre previsto para fines de agosto, los empleados deberán comenzar a buscar nuevas oportunidades laborales en un escenario marcado por la pérdida de puestos de trabajo.
“Al quedarte sin trabajo, al cerrar el 31 y quedarme sin trabajo como trabajadora se vive mes a mes. El trabajador vive mes a mes”, explicó Horehled.
La trabajadora remarcó que, para quienes dependen de un salario, la pérdida del empleo tiene un impacto inmediato porque no cuentan necesariamente con ahorros que permitan atravesar durante mucho tiempo una situación de desempleo.
Por eso, anticipó que deberá buscar un nuevo horizonte laboral para poder sostener sus ingresos y continuar adelante hasta que las condiciones económicas puedan mejorar.
“Tendría que buscar un nuevo horizonte para tratar de vivir, de sobrevivir hasta que cambien las políticas. Tiene que cambiar algo”, sostuvo.
Horehled también pidió que tanto las autoridades provinciales como nacionales presten atención a la situación del comercio, particularmente a la presión impositiva que enfrentan los pequeños y medianos establecimientos.
En su mirada, los impuestos y los costos laborales forman parte de una cadena económica que termina afectando al consumo. Si los trabajadores pierden sus empleos o reducen sus ingresos, también disminuye el movimiento en otros sectores.
“El trabajador es el que te compra en el kiosco, el trabajador es el que va a comer un helado con los chicos, hace que las heladerías funcionen”, ejemplificó.
La comerciante planteó así una relación directa entre empleo, consumo y actividad comercial. Para ella, cuando un trabajador pierde sus ingresos, la caída del consumo termina repercutiendo en otros negocios y genera un efecto acumulativo.
“Si no tienen trabajo, van cayendo, es como una pirámide”, resumió.
El cierre también tiene un fuerte componente personal para Horehled, quien contó que tuvo distintas etapas laborales en el comercio. Primero trabajó allí durante dos años, luego tuvo que alejarse durante la pandemia y finalmente regresó para acompañar a Graef durante los últimos cuatro años.
“Fueron los que le acompañé hasta el último momento a la señora Marta”, señaló.
Con el cierre del 31 de agosto, la trabajadora deberá afrontar una nueva etapa. Reconoció que significa dar un paso al costado de un lugar al que dedicó varios años y comenzar nuevamente la búsqueda de una fuente de ingresos.
“Significa dar un paso al costado, empezar de nuevo”, expresó.
A pocos días del cierre, el local mantiene una liquidación de precios como parte del proceso final de comercialización. La medida busca facilitar la salida del stock disponible antes de que el negocio deje definitivamente de funcionar.
Para Horehled, el caso refleja una problemática que excede a una empresa particular y que requiere decisiones para evitar que más comercios atraviesen el mismo camino.
“Hay algo que está mal”, sostuvo al reclamar que se analicen alternativas para que los comerciantes puedan sostener sus emprendimientos.
Finalmente, pidió que las autoridades evalúen medidas concretas para fortalecer al comercio y cuestionó que muchas veces las discusiones públicas quedan centradas en anuncios o proyectos futuros mientras los negocios enfrentan dificultades en el presente.
“Tomemos las decisiones correctas para que realmente sea el camino correcto”, concluyó Horehled.
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