La morosidad empresarial dejó de ser un dato técnico para convertirse en una señal concreta del momento económico que atraviesa la Argentina. En un escenario marcado por la desaceleración de la actividad, el alto costo del financiamiento y la presión sobre la cadena de pagos, cada vez más empresas encuentran dificultades para cumplir con sus compromisos financieros.
Los números lo reflejan con claridad: en enero de 2026, el 12,5% de las compañías que accedieron a un crédito se encontraba en situación irregular. Dicho de otro modo, una de cada ocho empresas registra atrasos en el pago de sus deudas, un indicador que viene en ascenso y que empieza a preocupar tanto a bancos como a analistas.
Un deterioro sostenido que se aceleró en el último año
El fenómeno no es nuevo, pero sí muestra una velocidad de crecimiento significativa. En términos estrictamente financieros, la mora en préstamos comerciales alcanzó el 2,7% en enero, con una leve suba mensual. Sin embargo, la verdadera dimensión del problema aparece al mirar hacia atrás: a fines de 2024, ese mismo indicador era de apenas 0,8%.
En apenas doce meses, la irregularidad en los pagos se multiplicó más de tres veces, acompañando el deterioro que ya se había observado previamente en los hogares, donde la morosidad también escaló con fuerza durante 2025.
Detrás de estos números hay un dato concreto: más de 35.000 empresas acumulan atrasos superiores a los 90 días, umbral a partir del cual el sistema financiero considera que existe mora.
Un sistema desigual: el crédito se concentra y la mora también
Pero el análisis no puede quedarse en los promedios. La estructura del crédito en Argentina revela una fuerte concentración en pocas manos, lo que condiciona la lectura de los datos agregados.
Un grupo muy reducido —apenas el 1% de las empresas— concentra tres cuartas partes del financiamiento total, mientras que el resto del entramado productivo se reparte el porcentaje restante. Esta asimetría explica por qué los indicadores generales pueden resultar engañosos: la salud financiera de las grandes compañías no refleja la realidad de la mayoría.

Las pymes, en el centro del problema
Es justamente en ese universo más amplio donde la situación se vuelve más delicada. Las pequeñas y medianas empresas muestran niveles de morosidad considerablemente más altos, con tasas que rondan el 4%, muy por encima de las grandes firmas.
La explicación combina varios factores. Por un lado, las pymes enfrentan tasas de interés más elevadas y menos alternativas de financiamiento. Por otro, dependen en mayor medida del crédito para sostener su operatoria diaria, lo que las vuelve más vulnerables ante cualquier caída en las ventas o aumento de costos.
En los segmentos de menor escala, la situación es aún más marcada. En los créditos más chicos, la irregularidad alcanza niveles cercanos al 10%, y en algunos casos prácticamente se duplicó en un año, reflejando el deterioro progresivo del tejido productivo.
Una tendencia clara: cuanto más chica la empresa, mayor la mora
Los datos dibujan un patrón que se repite: la morosidad crece a medida que disminuye el tamaño de la empresa.
Las grandes compañías, con mayor espalda financiera y acceso a mejores condiciones de crédito, mantienen niveles bajos y relativamente estables. Incluso en los segmentos de préstamos más elevados, la mora se ubica en torno al 2%, sostenida por la posibilidad de refinanciar deudas o acceder a tasas más competitivas.
En el otro extremo, las empresas más pequeñas enfrentan un escenario mucho más restrictivo, donde cualquier desajuste impacta de forma directa en su capacidad de pago.
El fenómeno atraviesa a toda la economía, incluso a los sectores en crecimiento
Uno de los aspectos más llamativos es que el aumento de la morosidad no distingue entre sectores en expansión o en retroceso.
En actividades golpeadas, como hoteles y restaurantes, el deterioro era esperable: la mora trepó hasta el 17% en un contexto de caída de la actividad. Sin embargo, el fenómeno también se observa en sectores que crecieron durante el último año.
El sector pesquero, por ejemplo, registró una expansión productiva cercana al 10%, pero aun así vio aumentar su morosidad del 7% al 12,7%. Algo similar ocurrió en el agro, donde pese a una mejora en la producción, los atrasos en los pagos también se incrementaron.
Esto sugiere que el problema excede la dinámica sectorial y se vincula más con el costo del crédito, la liquidez y las condiciones macroeconómicas generales.
Un mapa desigual: provincias con fuerte aumento de la mora
A nivel territorial, la morosidad también muestra diferencias marcadas. Algunas provincias registraron incrementos muy por encima del promedio nacional, como Santa Cruz, que encabeza el ranking con una suba de 6 puntos porcentuales, seguida por La Rioja y Chubut.
En otras jurisdicciones, como Formosa, el problema adquiere mayor gravedad: más del 20% de las empresas presenta atrasos en sus pagos. También se destacan niveles elevados en San Juan, San Luis y nuevamente La Rioja.
En contraste, la Provincia de Buenos Aires se mantiene por debajo del promedio nacional, aunque igualmente exhibe un aumento sostenido en el último año.

El desafío hacia adelante: estabilizar el crédito y frenar la mora
El crecimiento de la morosidad empresarial plantea un desafío central para la economía argentina. No se trata solo de un problema financiero, sino de un factor que puede condicionar la recuperación económica.
Cuando la mora aumenta, los bancos tienden a restringir el crédito o encarecerlo, lo que reduce aún más las posibilidades de inversión y crecimiento. En un sistema donde la oferta de financiamiento ya es limitada, esto implica que los proyectos productivos deben ser cada vez más rentables para poder concretarse.
Por eso, el foco de los analistas está puesto en un objetivo inmediato: frenar la expansión de la mora y, en una segunda etapa, iniciar un proceso de normalización que permita recuperar niveles más cercanos a los estándares regionales.
En ese equilibrio entre crédito, actividad y solvencia se juega buena parte del futuro económico del país.
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— Radio Up 95.5 (@radioup955) March 20, 2026



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