El clima social en la Argentina atraviesa un momento de creciente tensión y deterioro emocional, de acuerdo con los últimos datos del Índice de Irascibilidad Social (IDI) elaborado por la consultora Casa3. El indicador, que busca medir el estado de ánimo colectivo de la sociedad, volvió a caer en febrero y acumuló su tercer descenso consecutivo, situándose en –14 puntos en una escala que va de –100 a +100, lo que confirma una tendencia negativa en la percepción ciudadana sobre la situación económica y el futuro del país.
El estudio, difundido de manera exclusiva por la revista digital Seúl, advierte que el deterioro del humor social no responde a un hecho puntual o coyuntural, sino a un proceso más profundo de acumulación de malestar. Según el informe, la sociedad argentina parece estar transitando del período de expectativa inicial hacia una fase de ansiedad y desgaste, en un contexto donde las mejoras macroeconómicas exhibidas por el gobierno aún no logran traducirse en beneficios concretos para la vida cotidiana.
En este escenario, el Gobierno encabezado por Javier Milei enfrenta el momento de mayor tensión social desde el inicio de su gestión, pese a haber logrado avances legislativos significativos como la sanción de reformas estructurales en el Congreso.
El Índice de Irascibilidad Social y el deterioro del clima emocional
El IDI es un indicador diseñado para medir el nivel de crispación, irritación y malestar social, a partir del análisis de encuestas de opinión que capturan percepciones ciudadanas sobre distintos aspectos de la realidad política, económica y social.
Su escala oscila entre –100 y +100, donde los valores positivos reflejan optimismo o conformidad social, mientras que los valores negativos indican predominio del malhumor colectivo. En febrero, el índice cayó hasta –14 puntos, lo que representa:
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Una caída de seis puntos respecto de enero.
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La ruptura del piso anterior de –13 puntos, registrado en septiembre de 2024 y nuevamente en 2025.
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El tercer mes consecutivo de deterioro del ánimo social.
La tendencia confirma que el malestar se profundiza y que el clima emocional de la sociedad argentina se aleja progresivamente de la expectativa moderada que predominaba a finales del año pasado.
Según la consultora Casa3, el índice se ubica actualmente 11 puntos por debajo de los niveles registrados hacia el cierre del año anterior, lo que sugiere un cambio de etapa en la percepción pública sobre el rumbo económico y político.
Economía doméstica y pérdida del poder adquisitivo
El principal motor del malestar social continúa siendo la situación económica de los hogares, especialmente el deterioro del poder adquisitivo y la persistencia de dificultades para llegar a fin de mes.
Aunque el Gobierno sostiene que logró estabilizar variables macroeconómicas clave —como la reducción de la inflación o el ordenamiento fiscal—, el estudio muestra que la percepción ciudadana sigue dominada por la experiencia cotidiana de la economía real, donde los ingresos no logran recuperar el terreno perdido frente al aumento de precios acumulado durante los últimos años.
El informe señala que el malestar económico se expresa en mayor preocupación por el costo de vida, dificultades para sostener el consumo y sensación de pérdida de bienestar respecto del pasado reciente
En este contexto, el relato de estabilización macroeconómica no alcanza a revertir la percepción negativa que predomina en amplios sectores de la sociedad.

La irrupción del desempleo como nuevo factor de preocupación
Uno de los datos más significativos de la medición de febrero es la irrupción del desempleo como tema central en las preocupaciones sociales.
De acuerdo con el estudio, el desempleo alcanzó el nivel más alto de menciones espontáneas en toda la serie histórica del índice, lo que sugiere que la preocupación laboral comienza a instalarse con mayor fuerza en la agenda ciudadana.
Este fenómeno introduce una dimensión cualitativa diferente al malestar social. Mientras en mediciones anteriores predominaba la preocupación por la inflación y el costo de vida, ahora se suma con mayor intensidad el temor a la pérdida del empleo o a la falta de oportunidades laborales.
La aparición de esta variable suele ser interpretada por los analistas como un indicador adelantado de mayor tensión social, ya que el trabajo constituye uno de los pilares centrales de estabilidad económica y emocional en cualquier sociedad.
Expectativas pesimistas sobre el futuro
Otro de los aspectos más preocupantes del informe es el deterioro de las expectativas económicas y sociales.
El estudio señala que se registra un descenso significativo en la esperanza respecto al futuro del país, así como en las perspectivas personales y familiares de mejora económica.
En términos simbólicos, vuelve a instalarse entre los ciudadanos una sensación conocida en la historia argentina: la percepción de que “lo peor aún podría estar por venir”.
Este cambio en la expectativa colectiva resulta particularmente relevante porque las expectativas suelen actuar como un factor psicológico clave para sostener la paciencia social durante períodos de ajuste económico.
Cuando esa expectativa se erosiona, la tolerancia al esfuerzo tiende a disminuir.
Del tiempo de espera al tiempo de ansiedad
Para los analistas de Casa3, el dato central que emerge de la medición es el pasaje de una etapa de espera hacia una etapa de ansiedad social.
Durante el primer tramo del gobierno libertario, amplios sectores de la sociedad parecían dispuestos a tolerar un período de ajuste económico bajo la expectativa de una futura recuperación.
Sin embargo, el deterioro del poder adquisitivo, la persistencia de dificultades económicas y la aparición de preocupaciones laborales empiezan a erosionar esa paciencia inicial.
El índice de –14 puntos refleja precisamente ese momento de transición psicológica colectiva.
Los límites del relato macroeconómico
El informe también plantea una brecha creciente entre los logros macroeconómicos que el Gobierno considera consolidados y la percepción cotidiana de la ciudadanía.
Para muchos argentinos, las mejoras en indicadores macro —como el orden fiscal o la desaceleración inflacionaria— aún no se traducen en beneficios concretos en la economía doméstica.
Esta distancia entre el discurso económico oficial y la experiencia diaria de los ciudadanos constituye uno de los factores que explican el aumento del malhumor social.

El núcleo duro que aún respalda al Gobierno
A pesar del deterioro del clima social, el gobierno de Javier Milei conserva un núcleo duro de apoyo político, que sigue mostrando niveles de conformidad superiores a la irascibilidad.
Según el análisis del informe, ese respaldo se concentra principalmente en:
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jóvenes
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hombres
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sectores socioeconómicos altos
En estos segmentos sociales, el apoyo al Gobierno continúa siendo relativamente sólido, lo que funciona como un amortiguador frente al desgaste general del clima social.
El factor “temor al pasado”
El estudio también introduce un elemento político relevante para entender la persistencia del respaldo oficialista: el temor al retorno del kirchnerismo.
Según el análisis de Casa3, una parte significativa del apoyo que mantiene el Gobierno no se sustenta exclusivamente en entusiasmo por la situación actual, sino en la percepción de que un cambio político podría significar un regreso al modelo anterior.
Este factor actúa como elemento de cohesión para aproximadamente un tercio de la base electoral oficialista, que prefiere sostener el rumbo actual antes que arriesgar una reversión del proceso político iniciado en 2023.
Las advertencias para la Casa Rosada
El informe concluye con dos advertencias centrales para el Gobierno nacional.
La primera se relaciona con la necesidad de mostrar mejoras tangibles en la vida cotidiana de los ciudadanos. Sin una recuperación perceptible del poder adquisitivo o del empleo, el malestar social podría profundizarse.
La segunda advertencia apunta al estilo político confrontativo del presidente. Según el análisis, ese estilo podría comenzar a generar rechazo entre los simpatizantes moderados que no forman parte del núcleo duro oficialista.
En particular, los sectores que acompañaron el cambio político con la expectativa de mejoras económicas podrían comenzar a mostrar signos de frustración si no perciben una recompensa por el esfuerzo realizado durante el período de ajuste.

Un clima social en transición
En síntesis, los datos del Índice de Irascibilidad Social revelan que Argentina atraviesa un momento de transición emocional colectiva.
La sociedad parece abandonar la etapa inicial de expectativa que acompañó al cambio de gobierno y comenzar a ingresar en un período de mayor ansiedad, incertidumbre y demanda de resultados concretos.
En ese contexto, el desafío para la administración de Javier Milei será lograr que los avances macroeconómicos se traduzcan en mejoras perceptibles para la vida cotidiana, antes de que el malhumor social se convierta en un factor determinante de desgaste político.
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