Después de un año dominado por el ajuste y la contracción del consumo, los primeros meses de 2025 traen un respiro. El termómetro de las góndolas marca que las primeras marcas, hasta hace poco desplazadas por opciones más económicas, comienzan a recuperar terreno. Pero la tendencia no es pareja: mientras los hogares de ingresos medios y altos vuelven a llenar el changuito, los sectores populares siguen con el cinturón ajustado.
Según datos recientes de consumo masivo, 3 de cada 4 categorías que crecieron en volumen también ganaron nuevos compradores. A esto se suman señales alentadoras: el 40% de esas categorías amplió el tamaño de la canasta y el 36% registró mayor frecuencia de compra. La razón principal: cierta estabilización de los precios luego de un 2024 inestable, con picos de inflación y caídas generalizadas del poder adquisitivo.
En contraste, las bebidas alcohólicas siguen siendo el rubro más rezagado, con una caída sostenida en volumen y penetración en todos los niveles sociales.

La desigualdad se traslada al changuito
La incipiente reactivación muestra una fragmentación evidente: mientras el 79% de las categorías crecieron entre los niveles medio y alto, solo un 5% lo hizo en los hogares de menores ingresos. La brecha no sólo es económica, sino también en hábitos de compra. Mientras los sectores más acomodados regresan a marcas premium, los más vulnerables continúan optando por segundas y terceras marcas, cuando pueden.
Estrategias de supervivencia
Frente a un contexto aún frágil, los consumidores ajustan sus estrategias:
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65% busca promociones y descuentos
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45% resigna marcas y productos habituales
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27% prioriza el ahorro
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21% paga deudas o se concentra en alimentos básicos
¿Quién vuelve a comprar marcas?
El dato más llamativo es que un tercio de los hogares se siente en peor situación financiera que hace un año. Sin embargo, la expectativa de mejora se mantiene viva: un 42% cree que su economía doméstica estará mejor en los próximos doce meses.
La recuperación empezó, pero todavía no llega a todos los argentinos. En este mapa de contrastes, las primeras marcas comienzan a emerger como símbolo de una clase media que busca volver a su normalidad, mientras millones siguen esperando su turno en la fila de la reactivación.
La reactivación parcial del consumo que se observa en 2025 puede leerse a través de la Teoría del Ingreso Permanente, de Milton Friedman. Según esta teoría, los consumidores no toman decisiones de compra únicamente en función de su ingreso actual, sino en base a sus expectativas de ingresos futuros, ¿te suena conocido?. En este sentido, la estabilización de precios –aunque no haya mejorado todavía el ingreso real de los sectores más postergados– comienza a modificar el clima psicológico: algunos hogares vuelven a consumir pensando que lo peor ya pasó.
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Aún con las señales positivas, el mensaje de fondo es incómodo: necesitamos más que estabilidad de precios para reconstruir el consumo interno. Las familias siguen con deudas, ajustando el almuerzo y esperando que “mejore”. El consumo no es magia, es termómetro: si la clase media compra más, es porque respira. Si la clase baja no repunta, es porque la crisis sigue viva -teoría económica básica- . El resto son relatos de góndola...



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