El avance de la tecnología y el acceso cada vez más temprano de niños y adolescentes a celulares, redes sociales y videojuegos online plantean nuevos desafíos para las familias. En ese contexto, el grooming se consolidó como uno de los delitos que más preocupa a especialistas, quienes advierten que la mejor herramienta para prevenirlo continúa siendo la educación y el acompañamiento de los adultos.
Así lo sostuvo la abogada especialista en grooming y minoridad, Mónica Salvador, durante una entrevista en la que analizó cómo evolucionaron estos delitos y cuál debe ser el rol de madres, padres y responsables frente a un escenario digital en permanente cambio.
“Hoy estamos frente a una generación que tiene que ser padre y no conoce el riesgo”, afirmó.
Para la especialista, el problema no radica en la utilización de la tecnología, sino en el desconocimiento de los adultos sobre los entornos digitales que frecuentan los menores.
“El peligro no está en que tenga WhatsApp, en que juegue Discord o participe de juegos online. El peligro es que el adulto no se capacita a fondo”, remarcó.
Los chicos acceden cada vez antes a la tecnología

Durante la entrevista se analizaron datos de una encuesta de Grooming Latam, según la cual el 25% de los menores de 14 años en América Latina tiene su primer teléfono celular antes de cumplir nueve años.
Frente a esa realidad, Salvador insistió en que entregar un dispositivo no representa, por sí mismo, un riesgo si existe un acompañamiento adecuado.
“Antes conocíamos cuál era el riesgo y qué teníamos que enseñarles. Hoy el escenario cambió y muchos adultos todavía no saben cuáles son los peligros del mundo digital”, explicó.
La especialista señaló que el grooming dejó de concentrarse en una red social específica y que actualmente los agresores buscan a sus víctimas allí donde pasan más tiempo.
Redes sociales, videojuegos online, plataformas de streaming y aplicaciones de mensajería forman parte de los espacios donde pueden producirse los primeros contactos cuando no existe supervisión familiar.
Para ejemplificar esa situación, recurrió a una comparación cotidiana.
“Si tuvieras a tu hijo jugando en el cuarto y entrara un hombre de 63 años, después uno de 47, otro de 48, dos o tres chicos de su edad y varias personas desconocidas, algo pasaría. ¿Quién dejaría entrar al cuarto a toda esa gente?”, planteó.
Según explicó, esa situación es muy similar a la que ocurre en numerosos videojuegos online, donde niños y adultos interactúan sin que muchas veces las familias conozcan quién se encuentra del otro lado de la pantalla.
Los agresores cambian de plataforma con rapidez

Salvador explicó que, entre los menores de 14 años, las plataformas más utilizadas son WhatsApp, TikTok, YouTube, Instagram y Facebook, seguidas por Snapchat, Discord, X y Twitch.
Sin embargo, aclaró que el problema no depende de una aplicación determinada.
Los agresores suelen establecer el primer contacto en una plataforma pública y luego trasladan rápidamente la conversación hacia espacios privados para dificultar los controles.
Consultada sobre la eficacia de las herramientas de control parental, la especialista consideró que resultan útiles, aunque insuficientes si no están acompañadas por el diálogo familiar. “Sirven, pero no funcionan por sí solas”, afirmó.
En ese sentido, explicó que quienes cometen estos delitos conocen muy bien el funcionamiento de las plataformas digitales.
“La captación de los delitos sexuales no pasa solamente porque los chicos entren a sitios con contenido inapropiado. Muchas veces alguien los contacta dentro de una plataforma y enseguida los saca de ahí. Tienen mucha astucia”, advirtió.
El desafío de acompañar sin invadir

Durante la conversación también se abordó cómo cambia el vínculo entre padres e hijos a medida que los menores crecen y comienzan a reclamar mayor privacidad.
“Cuando tenga 12 o 14 años va a aparecer el argumento de la privacidad. Ahí es donde los adultos tienen que encontrar el equilibrio entre respetar esa autonomía y seguir ejerciendo el rol de cuidado”, sostuvo.
Asimismo, remarcó que la prevención adquiere todavía más importancia frente a las dificultades que presentan algunas aplicaciones para las investigaciones judiciales.
“Si no hablamos con los chicos como forma de prevención, es prácticamente imposible evitar que puedan padecer algún delito”, señaló.
El abuso virtual deja las mismas secuelas

Para ilustrar el impacto de estos delitos, Salvador recordó un caso ocurrido en la provincia de Buenos Aires, donde una menor sufrió durante años abusos sexuales virtuales por parte de un hombre que se encontraba detenido.
El episodio, explicó, demuestra que la ausencia de contacto físico no disminuye el daño provocado. “Está comprobado que el abuso virtual tiene la misma huella traumática que el abuso físico”, afirmó.
Además, indicó que la población más vulnerable se encuentra entre los 9 y los 14 años, una etapa en la que muchos chicos todavía no desarrollaron herramientas suficientes para reconocer situaciones de riesgo.
“Después empiezan a desarrollar más herramientas para reconocer determinadas situaciones, pero algunos no llegan a tiempo”, lamentó.
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Educar antes que prohibir
Lejos de proponer la prohibición del uso de Internet o un control permanente sobre los menores, la especialista sostuvo que la mejor estrategia consiste en construir confianza y naturalizar las conversaciones sobre seguridad digital.
“Así como antes nos decían ‘no te acerques al auto’ o ‘no aceptes cosas de un desconocido’, hoy tenemos que enseñarles cuáles son los riesgos que existen en Internet”, explicó.
Sobre el cierre de la entrevista, dejó un mensaje dirigido especialmente a las familias y llamó a involucrarse activamente en el mundo digital que hoy forma parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes.
“¿Tenemos que estar paranoicos o perseguir a nuestros hijos? No. Simplemente tenemos que educarnos, ser conscientes e ir un paso adelante. Si sabemos que un enchufe da corriente, enseñamos que no se toca. Bueno, con Internet tiene que pasar exactamente lo mismo”, concluyó.
Para Salvador, la prevención comienza mucho antes de instalar una aplicación de control parental: empieza con adultos informados, presentes y comprometidos en comprender el entorno digital en el que crecen las nuevas generaciones.
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