Pasaron nueve días desde la tragedia de Campo Viera, ese domingo de elecciones en que la provincia se despertó con la noticia del vuelco del colectivo que trasladaba estudiantes de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM). El accidente, provocado por un conductor que circulaba alcoholizado y a 190 km/h, dejó nueve víctimas fatales y decenas de sobrevivientes que hoy transitan un proceso de duelo y recuperación emocional.
Aunque el tiempo avance, la herida sigue abierta. En una entrevista con Radio Up, el licenciado Nicolás Aranda, director provincial de Salud Mental del Ministerio de Salud Pública, explicó cómo se organizó la contención psicológica y el acompañamiento a los afectados, en un trabajo articulado con las zonas sanitarias, los hospitales y la comunidad universitaria.

Contención integral y trabajo articulado
“Es una situación totalmente extraordinaria, disruptiva, que rompe con todo”, expresó Aranda. Ante el impacto, el Ministerio decidió coordinar acciones conjuntas con la UNaM, la zona sanitaria centro Uruguay y el Hospital SAMIC de Oberá, que ya contaban con consultorios psicosociales.
El equipo provincial viajó a la zona para reforzar la atención y ofrecer espacios de escucha activa, respetando los tiempos y las formas de cada persona. “Cada uno atraviesa el dolor de manera diferente. Por eso trabajamos caso por caso, sin imponer plazos ni estructuras”, señaló el funcionario.
Además, se implementaron dinámicas grupales con los compañeros y allegados más cercanos de las víctimas, para permitir que pudieran poner en palabras lo vivido. En paralelo, los equipos locales comenzaron con visitas domiciliarias a los familiares de quienes perdieron la vida y a los sobrevivientes que, en algunos casos, ya regresaron a estudiar, mientras otros mantienen miedo de viajar en colectivo.

Eldorado y Oberá: comunidades movilizadas
Uno de los lugares más impactados fue Eldorado, donde varios de los jóvenes fallecidos eran oriundos. Allí, el servicio de salud mental local se puso en marcha de inmediato para garantizar turnos psicológicos a los familiares más cercanos.
“En algunos casos, por un solo chico fallecido se programaron cinco acompañamientos familiares”, ejemplificó Aranda. En El Dorado, las escuelas también se vieron fuertemente movilizadas: “Dos de los chicos que murieron eran egresados de la EPET N°6, una institución que entera pidió contención”, relató.
Por eso, se planifican talleres por curso para abordar el duelo colectivo y ofrecer herramientas preventivas, promoviendo una salud mental comunitaria que contemple a todos los actores involucrados.
El valor de los homenajes y la respuesta comunitaria
Lejos de encerrarse en el dolor, la comunidad universitaria reaccionó con unión y memoria. Estudiantes, docentes y amigos levantaron altares, homenajes y espacios simbólicos para recordar a las víctimas.
Para Aranda, estos gestos tienen un valor terapéutico: “Cuando la comunidad se junta y encuentra formas de expresar lo que siente, eso es positivo. La población tiene sus propias herramientas para tramitar lo ocurrido, y nosotros las acompañamos y ponemos en valor.”

Incluso surgieron propuestas de reconocimientos académicos póstumos, como títulos honorarios o actos institucionales. “Esas ideas nacen del dolor, pero también del deseo de sanar juntos”, explicó el director.
Duelo, tiempos y acompañamiento sostenido
El proceso de acompañamiento no tiene plazos fijos. “No queremos ponerle un límite al tratamiento, porque cada persona elabora el trauma a su ritmo. Hay quienes recién en tres meses sentirán el impacto total de lo vivido”, advirtió Aranda.
Por eso, el Ministerio proyecta sostener la contención durante los próximos meses, especialmente durante las fiestas de fin de año, fechas que suelen ser difíciles para quienes atravesaron pérdidas recientes. En enero se realizará una reevaluación general para definir cómo continuar cada caso.
El funcionario recordó que en otros hechos traumáticos, como Cromañón, se observó que las reacciones aparecen en distintos momentos. Por eso, subrayó la importancia de mantener los canales de comunicación abiertos: consultas presenciales, llamadas telefónicas y atención inmediata ante cualquier signo de crisis.
Otro aspecto destacado por Aranda fue la necesidad de respetar las particularidades culturales de las familias, especialmente de las zonas rurales. “Hay comunidades que no tienen incorporada la costumbre de acudir a un espacio psicoterapéutico, entonces debemos ser creativos y respetuosos para acompañar desde su lógica y su forma de vivir el duelo”, remarcó.
La estrategia, explicó, se adapta según el contexto: algunos casos se abordan con grupos familiares, otros con acompañamiento individual o visitas domiciliarias, priorizando siempre la escucha empática y el vínculo de confianza.

Mirar hacia adelante: sostener la presencia
El operativo de contención, que involucró a equipos de Oberá, El Dorado, la UNaM y la zona sanitaria centro Uruguay, continúa activo y en evaluación permanente. La meta, dijo Aranda, es no dejar a nadie solo en el proceso. “La contención no termina en los primeros días. El desafío es sostener la escucha, adaptar la ayuda a cada familia y acompañar cuando ‘le caiga la ficha’ a quienes hoy parecen estar bien.”
Cada entrevista, cada homenaje, cada taller o visita domiciliaria forma parte de una red de acompañamiento que busca que el dolor no quede en silencio, sino que pueda transformarse en memoria, comunidad y cuidado mutuo.
Un colectivo perdió el control y chocó contra 2 autos en San Javier https://t.co/lMeLgIdsV2 pic.twitter.com/DeFqHCoENG
— Radio Up 95.5 (@radioup955) November 3, 2025



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