¿Qué convierte realmente a un estudiante en un buen alumno? Para Eduardo Cazenave, la respuesta está lejos de reducirse a un promedio o a un cuadro de honor.
En su habitual columna en Arriba la Radio, el filósofo invitó a repensar los criterios con los que históricamente se evalúa a los estudiantes y aseguró que las notas son apenas una parte del proceso educativo.
"No hay una respuesta única", planteó al comienzo de la charla, al remarcar que incluso el concepto de buen alumno cambió con el tiempo, aunque consideró que el sistema todavía mantiene una mirada demasiado centrada en el rendimiento académico.
¿Qué valores debería premiar la escuela?
Cazenave sostuvo que reconocer el mérito es importante, pero advirtió que el verdadero debate pasa por definir qué es aquello que merece ser destacado.
Según explicó, muchas instituciones comienzan a incorporar reconocimientos al esfuerzo, la solidaridad o la identificación con los valores del colegio, además del tradicional premio al mejor promedio.
"Está bueno destacar. Lo que hay que preguntarnos es qué destacamos", afirmó.
Los alumnos inquietos, los grandes olvidados
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue su defensa de los estudiantes que cuestionan, preguntan y desafían las respuestas establecidas.
El educador recordó que muchos científicos, emprendedores e innovadores reconocen haber tenido dificultades durante su paso por la escuela justamente porque el sistema suele premiar al alumno que repite respuestas y no al que hace preguntas.

"Nosotros enseñamos para la respuesta correcta y el alumno busca cuál es la respuesta que el profesor quiere", reflexionó.
Como docente de filosofía, aseguró que prefiere trabajar con estudiantes curiosos.
"A mí dame los inquietos, dame los cuestionadores. Lo interesante no es lo que pienso yo, sino qué pensás vos. Lo único que tenés que hacer es fundamentarlo."
La frustración también educa
Otro de los conceptos que desarrolló fue el papel de la frustración en el aprendizaje.
Para Cazenave, evitar que los chicos atraviesen fracasos termina debilitando su capacidad para afrontar la vida adulta.
"La frustración es parte fundamental del aprendizaje", afirmó, y comparó ese proceso con aprender a andar en bicicleta o con la trayectoria de deportistas y empresarios exitosos que debieron fracasar varias veces antes de alcanzar sus objetivos.
En ese sentido, remarcó que el desafío de docentes y familias no es impedir la frustración, sino acompañar a los estudiantes para que puedan transformarla en aprendizaje y crecimiento.
"El verdadero docente ayuda a cada uno a ser su mejor versión"
En el cierre de la entrevista, el filósofo sintetizó su mirada sobre la educación.
Para él, no existe un único modelo de buen alumno, porque cada persona tiene capacidades, intereses y ritmos distintos.
"El verdadero docente ayuda a cada uno a ser la mejor versión de sí mismo", expresó.
Y concluyó que el objetivo de la educación no debe ser comparar a los estudiantes entre sí, sino acompañarlos para desarrollar al máximo sus propias posibilidades.ç



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