Brasil atraviesa una de las crisis más graves en materia de violencia de género de su historia reciente. Con una media de cuatro feminicidios diarios, el país sudamericano se enfrenta a una escalada de asesinatos de mujeres que expone profundas fallas estructurales, sociales e institucionales. Hasta septiembre de 2025, más de 1.075 mujeres fueron asesinadas por razones de género, según datos del Ministerio de Justicia y Seguridad Pública.
Los casos se multiplican en distintas regiones y conmocionan a la opinión pública. En São Paulo, Taina Souza Santos, de 31 años y madre de dos hijos, lucha por su vida tras ser brutalmente atropellada y arrastrada por un automóvil, en un ataque que la Policía Civil investiga como tentativa de feminicidio.

En Recife, Isabele Gomes de Macedo y sus cuatro hijos murieron carbonizados luego de que su pareja incendiara la vivienda tras una discusión. En Florianópolis, Catarina Kasten fue violada y estrangulada cuando se dirigía a una clase de natación. En solo diez días, una seguidilla de hechos violentos volvió a encender las alarmas en todo el país.
Las cifras oficiales reflejan la magnitud del problema. En 2024 se registraron 1.492 feminicidios, casi el triple de los casos contabilizados tras la tipificación del delito en 2015. Las proyecciones para este año anticipan un nuevo récord, mientras que ciudades como São Paulo ya superaron su marca histórica, con 53 casos registrados hasta octubre.

El último Anuario Brasileño de Seguridad Pública revela que el 68 % de las víctimas fueron mujeres negras, lo que evidencia el peso del racismo estructural en esta violencia. Además, seis de cada diez asesinatos fueron cometidos por la pareja actual de la víctima y dos de cada diez por exparejas. En la mayoría de los casos, el crimen ocurre dentro del hogar, convertido en el lugar más peligroso para miles de mujeres.
Aunque la mayor parte de las víctimas tiene entre 18 y 44 años, la violencia no excluye a las más jóvenes: niñas y adolescentes representan cerca del 5 % de los casos. En el 97 % de los feminicidios con autor identificado, el agresor es un hombre, generalmente alguien del entorno íntimo de la víctima.
Especialistas advierten que estos crímenes suelen ser el desenlace de un ciclo de violencia que comienza con agresiones psicológicas, insultos y golpes, muchas veces invisibilizados. Un estudio reciente de la Universidad de Brasilia señala que la dependencia económica es uno de los principales factores que impide a las mujeres romper con sus agresores. La falta de ingresos propios, acceso limitado a guarderías, vivienda segura y empleo agravan la vulnerabilidad y perpetúan la exposición al riesgo.
A este escenario se suma el crecimiento de movimientos digitales que promueven el odio hacia las mujeres, inspirados en discursos misóginos como el universo “Red Pill”. Organizaciones que asisten a víctimas, como Justiceiras, alertan sobre el impacto de estos grupos en la normalización de la violencia. Casos recientes de influencers denunciados por agresiones refuerzan la preocupación por el alcance de estos mensajes en redes sociales.

Brasil cuenta desde 2006 con la Ley Maria da Penha y desde 2015 con la figura penal del feminicidio, que prevé penas de hasta 40 años de prisión. Sin embargo, persisten la impunidad, el subregistro de denuncias, la falta de comisarías especializadas y la debilidad de las políticas preventivas. El propio Anuario define al feminicidio como una forma de “violencia estatal”, al señalar que la negligencia y la omisión de las autoridades siguen costando vidas.
Entre 2023 y 2024, al menos 121 mujeres con Medidas Protectoras de Urgencia activas fueron asesinadas en los estados que informaron datos. Para muchas, la protección llegó, pero demasiado tarde.
Mientras las estadísticas continúan en ascenso, organizaciones sociales y especialistas reclaman un abordaje integral que combine prevención, educación, fortalecimiento institucional y políticas públicas que garanticen autonomía económica y protección efectiva para las mujeres. En un país donde cada día cuatro mujeres pierden la vida por razones de género, el desafío sigue siendo urgente e impostergable.



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