Cada tercer lunes de enero vuelve a instalarse la misma idea en redes sociales, medios y conversaciones cotidianas: no es un lunes cualquiera. Este 19 de enero de 2026 aparece marcado como el “Blue Monday”, el supuesto día más triste del año, una etiqueta que se repite desde hace dos décadas y que, pese a su popularidad, sigue envuelta en dudas científicas y controversias.
La expresión nació en 2005, cuando el psicólogo británico Cliff Arnall difundió una fórmula matemática que pretendía explicar por qué esta fecha concentraría un mayor bajón anímico. Según ese planteo, a esta altura de enero se combinan el cansancio posterior a las fiestas, las deudas, las metas que empiezan a diluirse y una motivación que ya no es la del inicio de año. Con el paso del tiempo, el concepto ganó fuerza mediática, aunque la comunidad académica nunca lo reconoció como válido.
El origen de una fórmula polémica
El 19 de enero volvió a quedar señalado como el tercer lunes del año y, por lo tanto, como el presunto punto más bajo del calendario emocional. Arnall intentó respaldar esta idea con una ecuación que incluía variables como el clima invernal europeo, el tiempo transcurrido desde Navidad y Año Nuevo, el desgaste de los objetivos planteados y la presión de las obligaciones que regresan con fuerza.
La fórmula, que combinaba factores como deudas, sueldo, motivación y necesidad de emprender, fue presentada como una traducción “científica” del malestar típico de enero. Sin embargo, desde su publicación fue duramente cuestionada. Especialistas señalaron que mezclaba variables incompatibles y que no cumplía con criterios mínimos de rigor académico.
Con los años, el propio Arnall reconoció que el cálculo no tenía base científica y que había sido creado en un contexto publicitario. De hecho, en 2016 participó de una campaña turística para promocionar a las islas Canarias como antídoto frente a la tristeza del Blue Monday, lo que reforzó la idea de que el concepto nació más como estrategia de marketing que como hallazgo psicológico.

Por qué el Blue Monday no se vive igual en todo el mundo
El fenómeno se popularizó sobre todo en Europa y Estados Unidos, donde enero coincide con pleno invierno, días cortos y temperaturas bajas. En Argentina, en cambio, el contexto es opuesto: pleno verano, vacaciones y altas temperaturas. Aun así, la presión posterior a las fiestas, el regreso a la rutina y la frustración por los objetivos incumplidos generan un terreno fértil para que la idea del “día más triste” también encuentre eco.
Más allá de su falta de respaldo científico, el Blue Monday funciona como un recordatorio simbólico de un momento del año en el que muchas personas sienten desmotivación, cansancio y cierta nostalgia por el clima festivo que ya quedó atrás.
Planes para atravesar el Blue Monday con mejor ánimo
Lejos de resignarse a la etiqueta, cada enero se multiplican las propuestas para transformar este lunes en una oportunidad para reconectar con el bienestar. Una caminata o un paseo en bicicleta aparece como una opción simple y efectiva, ya que el movimiento libera endorfinas, despeja la mente y permite reconectarse con el aire libre, incluso redescubriendo rincones habituales de la ciudad desde otra perspectiva.
El encuentro con amigos o familiares también ocupa un lugar central. Una charla distendida, una merienda que se extiende o una visita inesperada suelen tener un efecto reparador, porque compartir tiempo con otros ayuda a relativizar preocupaciones y recuperar el ánimo.
Cuidar el cuerpo se vuelve otro aliado clave. Un rato de ejercicio, una sesión de relajación o cualquier actividad pensada para mimarse rompe con la lógica de la rutina y devuelve una sensación de control y bienestar que suele faltar en este tramo del año.
Salir a cenar o improvisar una noche distinta completa el abanico de opciones. Lo que empieza como una reunión informal puede transformarse en una cena espontánea o incluso en una salida para bailar, extendiendo el disfrute y cortando con la monotonía del inicio de semana.
Finalmente, el arte ofrece un refugio eficaz. Visitar una exposición, leer un buen libro o ver una película permite cambiar el foco, sumergirse en otros mundos y tomar distancia de las preocupaciones que suelen amplificarse en este tipo de jornadas.

Un lunes común con fama especial
Aunque el Blue Monday no tenga sustento científico, su permanencia demuestra hasta qué punto las emociones colectivas también se construyen desde los relatos. Para algunos será un lunes más; para otros, una excusa para frenar, repensar el ritmo y buscar pequeños gestos de bienestar. Lo cierto es que, detrás del rótulo del “día más triste del año”, se esconde una oportunidad para reconectar con aquello que, incluso en enero, sigue dando motivos para sentirse mejor.
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