En la solemnidad de la Inmaculada Concepción, el Papa Francisco señaló que «el asombro ante las obras de Dios y la fidelidad en las cosas simples” permitieron a María mantener su corazón libre de pecado. Fue la primera aparición en la Plaza San Pedro del Papa tras su afección respiratoria.
“En primer lugar, la sorpresa y el asombro al sentirse llamada “llena de gracia”. El Papa valoró esta como “una actitud importante: saber asombrarse ante los dones del Señor, no darlos nunca por supuestos, apreciar su valor, alegrarse de la confianza y la ternura que traen consigo. Y también es importante testimoniar este asombro delante de los demás, hablando con humildad de los dones de Dios, del bien recibido, y no solo de los problemas cotidianos”, destacó el pontífice en la reflexión matutina.
El Papa Francisco habló de la segunda actitud: la fidelidad en las cosas simples. Señaló que en el texto del Evangelio que narra la Anunciación no hay nada sobre María y que se la presenta como una niña sencilla, aparentemente igual a tantas otras que vivían en su pueblo, Nazaret. Una joven, prosiguió el Papa, que “precisamente por su sencillez mantuvo puro aquel Corazón Inmaculado con el que, por gracia de Dios, había sido concebida”.
Esto también es importante, ya que “para acoger los grandes dones de Dios, es necesario saber atesorar los que son más cotidianos y menos visibles”, afirmó el Papa. “Es con su fidelidad diaria en la bondad que Nuestra Señora dejó crecer en ella el don de Dios”.
Al finalizar su catequesis, el Papa Francisco invitó a todos los fieles a preguntarse si creen en la importancia de su fidelidad a Dios, si encuentran tiempo para leer el Evangelio, orar y participar en la Eucaristía y realizar algunos actos tangibles de servicio desinteresado. “Éstas”, concluyó el Papa, “son las pequeñas opciones necesarias para acoger la presencia del Señor”.
(Fuente: AICA)